Su mayor aporte fue explicar la desintegración radiactiva, proceso en el cual un núcleo inestable cambia espontáneamente y libera partículas o energía. También contribuyó al concepto de vida media, fundamental para medir la rapidez con que una sustancia radiactiva se transforma. Más tarde, al observar que algunos átomos ocupaban el mismo lugar en la tabla periódica pero tenían distinta masa atómica, aceptó la palabra “isótopo”, propuesta por Margaret Todd. Con esta idea, la química pudo diferenciar entre identidad química y masa nuclear: dos átomos podían comportarse igual en reacciones, pero tener núcleos diferentes.
En 1921 recibió el Premio Nobel de Química por sus estudios sobre las sustancias radiactivas y los isótopos. Sin embargo, Soddy no fue solo un químico de laboratorio; también reflexionó sobre economía, energía y sociedad. Criticó sistemas económicos que ignoraban los límites físicos del mundo material, anticipando debates modernos sobre recursos naturales, sostenibilidad y termodinámica social. Murió en 1956, dejando una obra decisiva para la química nuclear. Su legado muestra que comprender los elementos exige estudiar tanto sus propiedades visibles como los cambios profundos que ocurren en el núcleo atómico.