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En anatomía
comparada, el cráneo no debe entenderse únicamente como la caja ósea
que rodea al encéfalo. En un sentido amplio, sensu extenso, corresponde
al conjunto de estructuras esqueléticas de la cabeza que sostienen y
protegen el encéfalo, los órganos sensoriales, las regiones oral
y faríngea y, en los vertebrados mandibulados, los sistemas asociados con las mandíbulas.
Kardong (2019) plantea que el cráneo de los vertebrados es fundamentalmente una
estructura compuesta, resultado de la integración evolutiva de tres
sistemas con historias diferentes: el condrocráneo, el esplacnocráneo
y el dermatocráneo. Esta concepción continúa siendo respaldada por
estudios contemporáneos, que describen el esqueleto craneofacial como un
mosaico de cartílago y hueso, originado principalmente a partir de cresta
neural y mesodermo, asociado estrechamente con las placodas que
originan buena parte de los sistemas sensoriales cefálicos (Johanson, 2023). PubMed
Esta definición
permite distinguir el cráneo completo de la caja encefálica o braincase.
Esta última comprende específicamente las estructuras que rodean directamente
al encéfalo, pero sus paredes pueden incorporar componentes procedentes de más
de uno de los tres sistemas craneales. También aparece frecuentemente el
término neurocráneo, aunque su significado cambia entre autores: puede
designar prácticamente al condrocráneo, incluir además las cápsulas
olfatoria, óptica y ótica, o referirse al conjunto que encierra encéfalo y
órganos sensoriales. Por esta razón, en anatomía comparada resulta conveniente
especificar qué se entiende por neurocráneo y utilizar condrocráneo,
esplacnocráneo y dermatocráneo cuando se pretende discutir homologías y
evolución con mayor precisión (Kardong, 2019; Hall & Hanken, 2023). PubMed Central (PMC)
Figura 1. [El
cráneo vertebrado] es una estructura compleja formada por varios
módulos. El neurocráneo protege el encéfalo y órganos sensoriales; el viscerocráneo
deriva de los arcos faríngeos y participa en mandíbulas, hioides y
respiración; el dermatocráneo aporta numerosos huesos superficiales. Su
diversidad surge de la interacción entre cresta neural, mesodermo, endodermo,
cartílago y distintos procesos de osificación evolutiva.
Figura 2. [El
rastreo de los aportes del condrocráneo, esplacnocráneo y dermatocráneo]. El cráneo
vertebrado integra condrocráneo, esplacnocráneo y dermatocráneo,
pero sus aportes pueden ocultarse por fusiones, reducciones y
desplazamientos evolutivos. En peces óseos, esta organización es más fácil
de reconocer: el condrocráneo sostiene encéfalo y sentidos, el esplacnocráneo
forma mandíbulas y arcos branquiales, y el dermatocráneo constituye gran
parte de la cubierta externa del cráneo adulto.
Figura 3. [El
neurocráneo humano] es una región funcional que protege el encéfalo
y se forma principalmente por aportes del condrocráneo y dermatocráneo.
El primero origina gran parte de la base craneal mediante osificación
endocondral; el segundo, buena parte de la bóveda mediante osificación
intramembranosa. El esplacnocráneo deriva de arcos faríngeos
y contribuye sobre todo al oído medio, hioides y laringe humanos.
¿El cráneo siempre es una bóveda sólida?
La respuesta es no.
La imagen de una bóveda ósea compacta deriva en gran medida de nuestra
familiaridad con el cráneo de los mamíferos, pero resulta poco
representativa de toda la diversidad vertebrada. Incluso en los mamíferos el
cráneo no es una esfera cerrada: posee forámenes, conductos, órbitas,
cavidades nasales, suturas y aberturas destinadas al paso de nervios, vasos
sanguíneos, médula espinal y otras estructuras. En numerosos vertebrados,
además, los componentes craneales permanecen unidos mediante articulaciones que
permiten diferentes grados de movilidad intracraneal.
Los tiburones y
rayas proporcionan un contraste especialmente evidente. Su caja encefálica
está formada principalmente por un condrocráneo cartilaginoso que puede
envolver ampliamente el encéfalo, mientras que carecen del extenso
revestimiento de hueso dérmico característico de muchos osteíctios y
tetrápodos. En numerosos peces óseos, por otro lado, el cráneo está constituido
por una compleja asociación de huesos que mantienen cierto grado de movilidad
durante la alimentación, permitiendo modificar el volumen de la cavidad
bucofaríngea y generar corrientes de succión. En serpientes y muchos lagartos
también existe cinesis craneal, es decir, movimiento entre componentes
del cráneo que en los mamíferos permanecen mucho más firmemente integrados.
Tampoco las grandes
aberturas del cráneo deben interpretarse necesariamente como deficiencias
estructurales. En muchos amniotas aparecieron fenestras temporales,
aberturas delimitadas por barras óseas y estrechamente relacionadas con la
organización de la musculatura mandibular. La cantidad, posición y arquitectura
de estas aberturas han cambiado profundamente durante la evolución de los
tetrápodos y responden a compromisos entre masa craneal, inserción muscular,
distribución de tensiones y comportamiento alimentario (Werneburg &
Preuschoft, 2024). American Association for Anatomy Por tanto, el
cráneo vertebrado debe concebirse mejor como una estructura modular,
capaz de oscilar evolutivamente entre configuraciones rígidas, perforadas,
articuladas y altamente cinéticas.
Figura 4. [La
evolución del cráneo vertebrado] implica la reorganización de dermatocráneo,
condrocráneo y esplacnocráneo. En peces estos componentes permanecen
relativamente distinguibles; en reptiles y mamíferos sufren fusiones,
reducciones y cambios funcionales. En humanos, el dermatocráneo
domina la bóveda, el condrocráneo contribuye a la base y el esplacnocráneo
aporta estructuras del oído medio, hioides y laringe.
El condrocráneo
El condrocráneo
constituye el componente craneal relacionado más directamente con el encéfalo
y los órganos sensoriales. Durante el desarrollo embrionario aparece
inicialmente como una serie de condensaciones mesenquimales que forman cartílago
debajo y alrededor del encéfalo. Kardong (2019) destaca que, en la mayoría de
los vertebrados, funciona inicialmente como una especie de andamiaje
embrionario sobre el cual se organiza parte de la caja encefálica. En los
condrictios este sistema permanece fundamentalmente cartilaginoso durante la
vida adulta, mientras que en muchos otros vertebrados determinadas regiones
experimentan osificación endocondral.
Entre sus
componentes embrionarios aparecen anteriormente las trabéculas craneales
y posteriormente los cartílagos paracordales, estrechamente asociados
con la notocorda. A estos elementos se agregan las regiones occipitales y
diferentes cápsulas sensoriales relacionadas con el olfato, la visión y
el oído interno. Al crecer y fusionarse, estas estructuras originan una
plataforma que sostiene el encéfalo y forma regiones etmoidales,
esfenoidales y occipitales, aunque su destino definitivo varía enormemente
entre linajes (Kardong, 2019).
La embriología
moderna ha obligado, sin embargo, a abandonar una interpretación excesivamente
simple del origen del condrocráneo. No todo procede de una única población
embrionaria. La región anterior presenta importantes contribuciones de células
de la cresta neural, mientras que regiones posteriores reciben una
participación significativa del mesodermo cefálico. Las fronteras entre
ambos territorios tampoco son universalmente idénticas entre todos los
vertebrados, y estructuras morfológicamente comparables pueden presentar
diferencias en su procedencia celular (Hall & Hanken, 2023). PubMed Central (PMC)
Los estudios de
ciclóstomos han añadido todavía mayor complejidad. Onai et al. (2023) señalan
que la interpretación de las trabéculas de lampreas y mixinos respecto
de las trabéculas de los gnatóstomos continúa siendo discutida. En los
vertebrados mandibulados, las trabéculas precordales poseen una importante
contribución de cresta neural, mientras que los cartílagos paracordales
están estrechamente asociados con territorios mesodérmicos. Por ello, no
conviene proyectar directamente el patrón embrionario de un mamífero, ave o pez
teleósteo sobre todos los vertebrados (Onai et al., 2023). Wiley Online Library
Figura 5. [El
condrocráneo embrionario] se forma a partir de cartílago que
sostiene el encéfalo y los órganos sensoriales. Las cápsulas sensoriales
son estructuras esqueléticas que rodean regiones olfatorias, visuales y
auditivas, mientras que las cavidades son los espacios ocupados por esos
órganos. Con el desarrollo, trabéculas, paracordales y cápsulas se fusionan y
pueden osificarse, originando regiones etmoidales, esfenoidales y
occipitales definitivas.
El esplacnocráneo
El esplacnocráneo,
también denominado tradicionalmente viscerocráneo, tiene una historia
evolutiva profundamente relacionada con la faringe. Sus antecedentes se
encuentran en los sistemas de soporte asociados con las estructuras faríngeas
de los primeros cordados. En vertebrados acuáticos, sus elementos forman el
armazón que sostiene las branquias y proporciona puntos de inserción
para la musculatura respiratoria. En este sentido, el esplacnocráneo no nació
evolutivamente como una estructura destinada a formar una cara o una mandíbula,
sino como parte de un sistema relacionado con la alimentación faríngea y la
respiración (Kardong, 2019; Onai et al., 2023). Wiley Online Library
El patrón básico
está constituido por una serie de arcos faríngeos. En configuraciones
relativamente generalizadas, cada arco puede incluir elementos dorsales y
ventrales articulados entre sí. En los gnatóstomos, el arco más anterior
relacionado con la región mandibular origina componentes fundamentales del
aparato de las mandíbulas. El siguiente, denominado arco hioideo,
participa inicialmente en el soporte de la mandíbula y posteriormente
experimenta transformaciones distintas según el linaje. Los arcos posteriores
conservan relaciones más evidentes con el soporte de branquias en peces,
mientras que en tetrápodos algunos de sus derivados terminan relacionados con
el aparato hioideo, faringe y laringe.
Un ejemplo
extraordinario de remodelación evolutiva ocurre en los mamíferos.
Elementos que en vertebrados ancestrales participaban en la articulación
mandibular terminaron incorporándose al oído medio. El cuadrado y el
articular de antepasados sinápsidos se relacionan evolutivamente con el yunque
y el martillo, respectivamente, mientras que componentes asociados con el
arco hioideo participaron en la historia evolutiva del estribo. Esta
transformación ilustra uno de los principios centrales de Kardong: la evolución
suele trabajar mediante modificación y reasignación funcional de estructuras
preexistentes, más que mediante la aparición repentina de estructuras
completamente nuevas (Kardong, 2019; Hall & Hanken, 2023). PubMed Central (PMC)
También aquí es
necesaria una actualización frente a explicaciones demasiado lineales. Decir
que “un arco branquial se convirtió simplemente en la mandíbula” resulta
útil como aproximación inicial, pero es insuficiente. La evo-devo moderna
muestra que la aparición de las mandíbulas estuvo asociada con cambios en las
interacciones entre cresta neural, mesodermo cefálico, epitelios faríngeos y
regiones premandibulares. Por ello, la transición entre vertebrados sin
mandíbulas y mandibulados implicó una reorganización espacial del desarrollo
craneofacial, no solo la transformación mecánica de una barra branquial
preexistente (Kuratani, 2021). ScienceDirect
Figura 6. En los tiburones, [el
esplacnocráneo] conserva claramente la secuencia arco
mandibular–arco hioideo–arcos branquiales, facilitando su estudio
comparativo. El palatocuadrado y el cartílago de Meckel forman la
mandíbula, mientras la hiomandíbula participa en su suspensión.
Evolutivamente, estos arcos fueron remodelados y originaron mandíbulas, hioides,
estructuras laríngeas y huesecillos del oído medio en otros vertebrados.
El dermatocráneo
El dermatocráneo
está constituido principalmente por huesos dérmicos, es decir, elementos
que se forman predominantemente mediante osificación intramembranosa,
sin atravesar necesariamente un molde cartilaginoso equivalente al
característico de muchos componentes endocondrales. Kardong (2019) interpreta
este sistema en continuidad evolutiva con las armaduras dérmicas de los
primeros vertebrados, cuyos elementos superficiales terminaron
incorporándose progresivamente a la cabeza hasta envolver y reforzar
componentes más profundos del condrocráneo y del esplacnocráneo.
En muchos peces
óseos y tetrápodos, el dermatocráneo constituye una parte considerable del techo
y las paredes laterales del cráneo, además de participar en el paladar y
las mandíbulas. Entre sus componentes aparecen series de huesos
reconocibles comparativamente: la serie facial, asociada con la región
nasal y el hocico; la serie orbital, alrededor de los ojos; la serie
temporal, posterior a la órbita; la serie de la bóveda craneal,
situada sobre el encéfalo; la serie palatina, que contribuye al techo de
la boca; y la serie mandibular, que envuelve o sustituye funcionalmente
partes del esqueleto cartilaginoso ancestral (Kardong, 2019).
El dermatocráneo
explica además por qué la idea de una “bóveda sólida” puede resultar
engañosa. Los huesos dérmicos pueden fusionarse para formar cubiertas
resistentes, pero también pueden reducirse, desaparecer o quedar separados por fenestras
y suturas. En aves y diversos reptiles, la pérdida o modificación de
determinados elementos contribuye a sistemas craneales relativamente ligeros o
móviles; en los mamíferos, por el contrario, varios componentes terminan
firmemente integrados alrededor de una caja encefálica relativamente rígida.
Debe corregirse,
sin embargo, una equivalencia demasiado estricta entre “hueso dérmico” y
“hueso procedente exclusivamente de la dermis o de la cresta neural”. Los
estudios de linaje muestran un panorama más complejo: los huesos craneales
derivados por osificación intramembranosa pueden proceder de cresta neural o
mesodermo, dependiendo de la región y del linaje. En mamíferos, por
ejemplo, importantes porciones anteriores de la bóveda tienen origen en cresta
neural, mientras que regiones parietales y posteriores presentan importantes
contribuciones mesodérmicas. Además, una estructura puede conservar una homología
anatómica aunque su origen celular no sea completamente idéntico entre
especies (Hall & Hanken, 2023). PubMed Central (PMC) Esta distinción es
importante porque evita confundir modo de osificación, posición anatómica,
origen embrionario y homología evolutiva, cuatro criterios relacionados
pero no equivalentes.
Figura 7. [El
dermatocráneo] deriva de huesos dérmicos asociados
originalmente con el integumento y posteriormente incorporados al cráneo. Los osteodermos
de cocodrilos y armadillos muestran que piel y esqueleto pueden relacionarse
estrechamente. En Eusthenopteron, dermatocráneo, condrocráneo y
esplacnocráneo se integran formando un cráneo compuesto, verdadero
mosaico evolutivo resultado de superposición, reducción, fusión y
reorganización de estructuras ancestrales distintas.
El cráneo como mosaico evolutivo
La comparación de
los tres sistemas muestra que el cráneo vertebrado es menos parecido a
un casco fabricado de una sola pieza que a un mosaico de módulos anatómicos
incorporados en diferentes momentos de la historia evolutiva. El esplacnocráneo
aporta un sistema profundamente relacionado con la faringe que posteriormente
participa en mandíbulas, aparato hioideo y oído; el condrocráneo
organiza el soporte profundo del encéfalo y de las cápsulas sensoriales; y el dermatocráneo
proporciona gran parte de la cubierta superficial y de los sistemas óseos
asociados con boca, techo craneal y regiones faciales (Kardong, 2019).
Esta interpretación
también concuerda con el registro fósil. Los vertebrados tempranos muestran
combinaciones progresivas de sistemas sensoriales, arcos faríngeos,
cartílagos craneales y tejidos mineralizados, en lugar de la aparición
instantánea de un cráneo completamente comparable al de un tetrápodo moderno.
La evidencia fósil y del desarrollo indica que la arquitectura craneal se
construyó mediante una prolongada historia de adición, reducción, fusión,
desplazamiento y cambio funcional de módulos preexistentes (Johanson,
2023). PubMed
La diversidad de
los vertebrados actuales conserva ese carácter modular. Investigaciones sobre
lampreas muestran que incluso los tipos de cartílago de la cabeza
presentan composiciones moleculares y patrones regulatorios diferenciados, lo
que respalda la idea de que la diversificación y combinación de módulos
esqueléticos desempeñó un papel importante en la construcción temprana de
la cabeza vertebrada (Root et al., 2023). Springer Así, preguntar si el cráneo es siempre
una bóveda sólida conduce a una respuesta más interesante: la protección del
encéfalo es solo una de sus funciones. El cráneo también debe permitir alimentación,
respiración, percepción sensorial, inserción muscular, transmisión de fuerzas y
movimiento, y cada linaje ha resuelto esos compromisos de manera diferente.
Referencias
Hall, B. K., &
Hanken, J. (2023). Modularity, homology, heterochrony: Gavin de Beer’s legacy
to the mammalian skull. Philosophical Transactions of the Royal Society B:
Biological Sciences, 378(1880), 20220078. https://doi.org/10.1098/rstb.2022.0078
PubMed
Johanson, Z.
(2023). Vertebrate cranial evolution: Contributions and conflict from the
fossil record. Evolution & Development, 25(1), 119–133. https://doi.org/10.1111/ede.12422
PubMed
Kardong, K. V.
(2019). Vertebrates: Comparative anatomy, function, evolution (8th ed.).
McGraw-Hill Education.
Kuratani, S.
(2021). Evo-devo studies of cyclostomes and the origin and evolution of jawed
vertebrates. Current Topics in Developmental Biology, 141, 207–239. https://doi.org/10.1016/bs.ctdb.2020.11.011
ScienceDirect
Onai, T., Aramaki,
T., Takai, A., Kakiguchi, K., & Yonemura, S. (2023). Cranial cartilages:
Players in the evolution of the cranium during evolution of the chordates in
general and of the vertebrates in particular. Evolution & Development,
25(3), 197–208. https://doi.org/10.1111/ede.12433 Wiley Online Library
Root, Z. D.,
Jandzik, D., Gould, C., Allen, C., Brewer, M., & Medeiros, D. M. (2023).
Cartilage diversification and modularity drove the evolution of the ancestral
vertebrate head skeleton. EvoDevo, 14, 8. https://doi.org/10.1186/s13227-023-00211-1
Springer
Werneburg, I.,
& Preuschoft, H. (2024). Evolution of the temporal skull openings in land
vertebrates: A hypothetical framework on the basis of biomechanics. The
Anatomical Record, 307(4), 1559–1593. https://doi.org/10.1002/ar.25371
PubMed
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