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Los cambios
evolutivos del esqueleto axial están estrechamente relacionados con el
medio en el que los vertebrados viven y se desplazan. En el agua, la flotabilidad
reduce considerablemente el peso efectivo del cuerpo, aunque no elimina la
necesidad de soporte estructural. La columna vertebral sirve principalmente
como un eje resistente contra el cual actúan los músculos segmentarios,
transmitiendo las fuerzas que producen la natación. En muchos peces, las
ondulaciones del tronco y de la cola generan el impulso, mientras el notocordio
y posteriormente las vértebras proporcionan suficiente rigidez longitudinal
para evitar que esas contracciones simplemente deformen el cuerpo sin producir
desplazamiento.
La resistencia del
agua favoreció repetidamente cuerpos hidrodinámicos, aunque no todos los
peces poseen forma de torpedo. Atunes, tiburones pelágicos y otros nadadores
rápidos convergen hacia cuerpos fusiformes, mientras peces bentónicos,
anguiliformes o arrecifales muestran configuraciones muy diferentes. Las aletas
pares e impares ayudan a controlar cabeceo, balanceo, dirección y
estabilidad, permitiendo orientar el cuerpo dentro de un espacio
tridimensional. La columna participa en este sistema proporcionando una
estructura flexible que puede transmitir las ondas musculares hacia la región
caudal sin perder completamente la estabilidad.
La transición hacia
tierra firme modificó profundamente estas exigencias. Fuera del agua desaparece
gran parte del soporte proporcionado por la flotabilidad, por lo que la
columna debe resistir directamente la gravedad y transmitir las fuerzas entre
las extremidades. Las aletas pares fueron transformándose en miembros
capaces de aplicar fuerzas contra el sustrato, mientras la cintura pectoral
dejó de estar rígidamente asociada con el cráneo. La columna adquirió
articulaciones más complejas y comenzó a dividirse en regiones con funciones
distintas. Este proceso de regionalización vertebral no siguió una
secuencia universal: las regiones pueden reducirse, expandirse, fusionarse o
incluso perderse independientemente en diferentes linajes (Jones et al., 2024).
PubMed Central (PMC)
La regionalización del esqueleto de los peces
En muchos peces, la
columna puede dividirse de manera general en una región troncal y una región
caudal. Las vértebras troncales suelen relacionarse con costillas y con la
cavidad que alberga las vísceras, mientras las caudales desarrollan arcos
hemales que protegen vasos sanguíneos situados bajo la columna. Esta
división es mucho menos marcada que la regionalización observada posteriormente
en numerosos tetrápodos.

Figura
1. [El
esqueleto axial de los peces] suele dividirse en regiones troncal
y caudal. Las vértebras sostienen la musculatura y transmiten las fuerzas
de natación. En formas tempranas no existía un cuello móvil, porque la
cintura pectoral estaba unida al cráneo. En Tiktaalik roseae apareció
una separación que permitió mover la cabeza independientemente del tronco.
En numerosos peces,
las vértebras carecen de zigapófisis fuertemente desarrolladas como las
características de muchos tetrápodos terrestres. La columna obtiene buena parte
de su funcionamiento de la forma de los centros, de los tejidos
intervertebrales y, en algunos grupos, de la persistencia del notocordio.
Esta combinación proporciona suficiente flexibilidad lateral para producir
ondas de natación, pero restringe deformaciones que disminuirían la eficiencia
mecánica.
El esqueleto axial
de un pez sí contribuye al soporte del cuerpo, aunque el agua reduzca
enormemente la carga gravitacional. Su función especialmente importante es
actuar como punto de inserción y transmisión para los miotomos, bloques
musculares repetidos que generan las ondulaciones corporales. La musculatura
transmite fuerzas hacia vértebras, costillas, tejido conjuntivo y piel,
formando un sistema integrado.
La ausencia de una
verdadera región lumbar en la mayoría de los peces responde a que la columna no
necesita separar funcionalmente una caja torácica de una región posterior
destinada a transmitir fuerzas entre pelvis y tronco. Las extremidades
posteriores de los tetrápodos todavía no existen como estructuras capaces de
sostener el peso terrestre, y por ello tampoco existe un sacro
funcionalmente comparable al de los tetrápodos.
La regionalización del esqueleto de los tetrápodos
La transición entre
peces de aletas lobuladas y tetrápodos estuvo acompañada por una profunda
reorganización del eje corporal. Una innovación importante fue la aparición de
una región cervical que permitió cierta movilidad independiente de la cabeza.
En Tiktaalik roseae, la pérdida de la conexión ósea directa entre la
cintura pectoral y el cráneo creó un cuello funcional, aunque todavía muy
diferente del de los tetrápodos modernos. Esto permitió mover la cabeza sin
girar simultáneamente todo el tronco, una ventaja potencial en aguas poco
profundas y durante comportamientos de alimentación próximos a la superficie.

Figura
2. [El
esqueleto axial de los tetrápodos]. La reconstrucción representa un tetrápodo
más derivado que Ichthyostega. En Ichthyostega, las patas
posteriores estaban orientadas principalmente hacia atrás y eran poco
eficaces para sostener una marcha terrestre completa. Un animal con cuatro
extremidades bien posicionadas para apoyar y propulsar el cuerpo indica una locomoción
cuadrúpeda más avanzada, asociada con mayor integración entre columna,
sacro y extremidades.
En los primeros
tetrápodos también surgió una conexión más firme entre la pelvis y la
columna vertebral. En los peces, la cintura pélvica normalmente no
transmite el peso corporal directamente al eje vertebral. En los tetrápodos,
por el contrario, las extremidades posteriores deben aplicar fuerzas contra el
suelo y transmitirlas al tronco. Las vértebras relacionadas con la pelvis se
especializaron formando la región sacra.
El sacro no
apareció simplemente porque varias vértebras se fusionaran de inmediato. En los
primeros tetrápodos la región sacra podía estar representada por una única
vértebra especializada asociada con la pelvis; posteriormente distintos linajes
aumentaron independientemente el número de elementos sacrales. La ampliación y
refuerzo de esta región permitió transmitir de manera más eficiente las fuerzas
producidas por las extremidades posteriores hacia el resto del esqueleto.
Formas tempranas
como Ichthyostega muestran que la transición tampoco produjo
inmediatamente una columna semejante a la de los tetrápodos modernos. Su
columna estaba altamente especializada y probablemente permitía patrones
particulares de movimiento en ambientes acuáticos y terrestres. Las
reconstrucciones biomecánicas modernas indican que estos animales no deben
interpretarse simplemente como “peces que comenzaron a caminar”, sino como
organismos que experimentaban combinaciones anatómicas propias durante una radiación
temprana de tetrápodos.
Regionalización del esqueleto en los amniotas primitivos
Los primeros amniotas
heredaron una columna diferenciada en regiones cervical, dorsal o troncal,
sacra y caudal, pero todavía no presentaban necesariamente una región lumbar
claramente diferenciada como la observada en numerosos mamíferos. Muchos
sinápsidos tempranos poseían costillas distribuidas a lo largo de gran parte
del tronco, de modo que externamente su caja torácica era mucho más extensa.

Figura
3. [El
esqueleto axial de los primeros amniotas] presentaba una
regionalización limitada, con costillas extendidas por gran parte del tronco y
sin una región lumbar claramente diferenciada. En los sinápsidos, la
columna evolucionó gradualmente hacia regiones cervicales, torácicas, lumbares
y sacras más especializadas. Este proceso, regulado en parte por genes Hox,
refleja una clara evolución modular.
Conviene evitar
interpretar esta condición como simplemente “un tórax de pez”. Los primeros
amniotas ya poseían una columna y una mecánica corporal profundamente
terrestres. Sin embargo, la distinción entre vértebras torácicas portadoras
de costillas y vértebras lumbares sin costillas todavía no estaba
desarrollada como en numerosos mamíferos posteriores.
La región lumbar
apareció y se especializó de maneras diferentes dentro de Tetrapoda. El
registro comparativo muestra que el número de regiones vertebrales puede
cambiar mediante modificaciones de los genes responsables de la identidad
axial, particularmente redes relacionadas con genes Hox. Por eso una
vértebra puede adquirir características cervicales, torácicas, lumbares o
sacras sin que toda la columna tenga que reorganizarse al mismo tiempo.
Estudios recientes de fórmulas vertebrales muestran que la distribución de
regiones es extremadamente variable y que incluso algunos reptiles y aves
carecen de una región lumbar definida según criterios anatómicos estrictos
(Jones et al., 2024). PubMed Central (PMC)
Regionalización del esqueleto de los mamíferos
En la mayoría de
los mamíferos, la columna está claramente dividida en regiones cervical,
torácica, lumbar, sacra y caudal. La región lumbar se reconoce porque sus
vértebras se encuentran entre las últimas vértebras portadoras de costillas y
el sacro y, en general, carecen de costillas verdaderas articuladas. Esta
región constituye una de las grandes especializaciones del tronco mamaliano.

Figura
4. [El
esqueleto axial de los mamíferos] presenta una región lumbar
especializada, libre de costillas largas y capaz de flexionarse durante la
locomoción. En corredores, esta región aumenta longitud de zancada,
aceleración y potencia. En cetáceos, la columna posterior se reorganizó
para producir oscilaciones verticales y propulsión caudal, mostrando
cómo un mismo módulo axial puede favorecer carreras rápidas o natación
poderosa.
La ausencia de
costillas largas en la región lumbar proporciona una mayor movilidad del
tronco, pero no puede atribuirse únicamente a la evolución de la velocidad.
Distintos mamíferos utilizan esta flexibilidad para caminar, saltar, trepar,
excavar o correr. En corredores como los félidos, la columna lumbar participa
intensamente en ciclos de flexión y extensión, aumentando la longitud
efectiva de la zancada durante el galope. En un guepardo, por ejemplo, la
espalda puede flexionarse cuando las extremidades se aproximan bajo el cuerpo y
extenderse cuando los miembros se separan durante la fase aérea.
Las vértebras
lumbares poseen procesos transversos, articulares y espinosos que proporcionan
inserción para una poderosa musculatura epaxial e hipaxial. Estos
músculos estabilizan y flexionan el tronco mientras transmiten fuerzas desde la
pelvis. Por tanto, la pérdida de costillas lumbares largas proporciona libertad
de movimiento, pero la región no queda desprotegida ni estructuralmente débil.
La diferenciación
entre regiones cervicales, torácicas, lumbares y sacrales depende del
desarrollo embrionario. Los límites entre estas regiones están regulados en
buena medida por la expresión de genes Hox, capaces de alterar la
identidad de segmentos consecutivos. Por ello, la regionalización axial
constituye un excelente ejemplo de cómo pequeños cambios en los programas del
desarrollo pueden generar transformaciones anatómicas importantes.
Regionalización del esqueleto de las aves
Las aves llevaron
la regionalización axial hacia una combinación extraordinaria de
movilidad y rigidez. El cuello posee numerosas vértebras altamente móviles,
mientras gran parte del tronco posterior está reforzado mediante fusiones. Esta
distribución concentra la flexibilidad donde resulta útil —principalmente en el
cuello— y estabiliza las regiones que deben resistir las fuerzas producidas
durante el vuelo y el aterrizaje.

Figura
5. [El
esqueleto axial de Neornithes] combina gran movilidad cervical con
fuerte rigidez del tronco. Varias vértebras posteriores forman el sinsacro,
fusionado con la pelvis; algunas torácicas pueden formar un notario, y
las caudales terminales constituyen el pigóstilo. Esta organización
estabiliza el cuerpo durante el vuelo mientras el cuello conserva elevada
movilidad.
El elemento más
característico es el sinsacro, formado por la fusión de múltiples
vértebras situadas alrededor de la región pélvica. Dependiendo del grupo,
incorpora vértebras que corresponden originalmente a regiones dorsales
posteriores, lumbares, sacrales y algunas caudales anteriores. El sinsacro se
fusiona estrechamente con los iliones y forma una estructura rígida capaz de
transferir fuerzas entre las extremidades posteriores y el tronco. En el pollo,
por ejemplo, el sinsacro adulto incorpora aproximadamente 14 vértebras,
aunque el número varía entre aves. PubMed Central (PMC)
No toda la región
torácica está fusionada dentro del sinsacro. Varias vértebras torácicas
permanecen libres, y en algunas aves otras se fusionan formando el notarium.
En la cola, las últimas vértebras se fusionan independientemente para formar el
pigóstilo, estructura que sostiene tejidos y plumas caudales. La
reducción y fusión de la cola ocurrió progresivamente durante la evolución
aviana y no debe confundirse con la formación del sinsacro. PubMed Central (PMC)
Las primeras aves
muestran precisamente esta transformación en mosaico. Archaeopteryx
conservaba una cola larga de más de veinte vértebras y una región sacra
mucho menos fusionada que la de las aves modernas. Jeholornis también
mantenía una cola ósea larga. En Pygostylia aparecen colas mucho más cortas y
un pigóstilo, aunque las primeras formas todavía presentaban distintos grados
de fusión vertebral. Algunos sapeornítidos y confuciusornítidos conservaron
números relativamente elevados de vértebras caudales, demostrando que la
transición no consistió en una secuencia simple de reducción continua. PubMed Central (PMC)
En aves cretácicas
más derivadas, los sinsacros muestran un número creciente de vértebras
integradas. Un ejemplar enantiornítico descrito recientemente presenta siete
vértebras sacrales, mientras distintas aves tempranas muestran números y
grados de fusión variables. Esto indica que la construcción del tronco rígido
moderno surgió mediante múltiples cambios acumulativos y posiblemente
convergentes. PubMed Central (PMC)
La rigidez del
tronco aviano también depende de la cintura pectoral y del esternón. La
escápula, coracoides y fúrcula forman una estructura capaz de soportar las
fuerzas generadas por el aleteo, mientras el esternón proporciona superficie de
inserción para los músculos pectorales. Estos cambios ocurrieron
progresivamente durante la evolución de Avialae; estudios tridimensionales de
aves cretácicas muestran varias etapas en la reorganización de la cintura
pectoral y del aparato de vuelo. PubMed Central (PMC)
El resultado en las
aves modernas es un esqueleto axial con una marcada división funcional:
cuello extremadamente móvil, tórax estabilizado, región pélvica rígida mediante
el sinsacro y cola corta terminada en pigóstilo. Esta arquitectura no apareció
de una vez ni siguió una escalera evolutiva sencilla. El abundante registro
fósil de aves mesozoicas permite observar numerosas combinaciones transitorias
de fusión, movilidad, reducción caudal y reorganización pectoral,
mostrando cómo una estructura compleja puede ensamblarse gradualmente mientras
cada etapa continúa siendo funcional.
Referencias
Jones, K. E., et
al. (2024). Homeotic and nonhomeotic patterns in the tetrapod vertebral
formula. Proceedings of the National Academy of Sciences, 121. Artículo en acceso abierto
Rashid, D. J., et
al. (2014). From dinosaurs to birds: a tail of evolution. EvoDevo, 5,
25. Artículo en acceso abierto
Rashid, D. J., et
al. (2018). Avian tail ontogeny, pygostyle formation, and interpretation of
juvenile Mesozoic specimens. Scientific Reports, 8, 9014. Artículo
Wang, M., et al.
(2021). Cretaceous bird with dinosaur skull sheds light on avian cranial
evolution. Nature Communications, 12, 3890. Artículo en acceso abierto
Wang, X., et al.
(2022). Digital restoration of the pectoral girdles of two Early Cretaceous
birds and implications for early-flight evolution. eLife, 11, e76086. Artículo en acceso abierto
Zhou, S., et al. (2019). An unusual bird (Theropoda, Avialae) from the Early Cretaceous of Japan suggests complex evolutionary history of basal birds. Communications Biology, 2, 399. Artículo en acceso abierto
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