La teoría cromosómica de la herencia sostiene que los
genes se encuentran en los cromosomas y que su comportamiento
durante la meiosis ayuda a explicar cómo se transmiten los caracteres de
padres a descendientes. Como los cromosomas homólogos se separan al formarse
los gametos y vuelven a reunirse en la fecundación, también lo hacen los alelos
que contienen. Esta teoría conecta los patrones hereditarios observados en los
cruces con procesos que ocurren dentro de las células.
La relación entre
los cromosomas y las unidades hereditarias que hoy llamamos genes
se propuso a comienzos del siglo XX, cuando varios investigadores compararon
los resultados de los cruces con lo que observaban en las células. Las leyes de
Mendel describían cómo se transmitían ciertos caracteres entre generaciones,
pero no explicaban qué estructuras celulares hacían posible esa transmisión. En
1903, el biólogo estadounidense Walter Sutton publicó un estudio que conectó
los patrones de la herencia mendeliana con el comportamiento de los
cromosomas durante la formación de células reproductoras (Sutton, 1903).

Figura
1. [Walter
Stanborough Sutton] (1877–1916), biólogo y médico
estadounidense, estudió los cromosomas del saltamontes Brachystola
magna. Observó que durante la meiosis los cromosomas homólogos
se separan, conducta semejante a la segregación mendeliana. En 1903
propuso que los factores hereditarios se asociaban con cromosomas, formulando,
junto con aportes de Theodor Boveri, la teoría cromosómica de la herencia
(Sutton,
1903).

Figura 2. [Recombinación
meiótica]. Durante la profase I, el complejo sinaptonémico
alinea los cromosomas homólogos y facilita el intercambio de segmentos
entre cromátidas no hermanas. Estos entrecruzamientos generan quiasmas
y nuevas combinaciones de alelos. La distribución independiente
ocurre cuando pares cromosómicos se orientan al azar; genes cercanos en el
mismo cromosoma pueden heredarse juntos a menudo, aunque la
recombinación puede separarlos.
Sutton examinó
células del saltamontes Brachystola magna. Sus observaciones y las de
otros investigadores, entre ellos Theodor Boveri, contribuyeron a formular la teoría
cromosómica de la herencia: la propuesta de que los factores hereditarios
se encuentran asociados con los cromosomas. La explicación no surgió de una
sola observación. Se construyó al relacionar resultados de microscopía,
experimentos de cruzamiento e ideas sobre la división celular. Esa combinación
permitió plantear predicciones que podían compararse con nuevas observaciones
(Martins, 1999; Sutton, 1903).
Relación mitosis y meiosis
Para entender la
propuesta de Sutton, es necesario distinguir dos formas de división celular.
En la mitosis, una célula produce dos células hijas que, por lo general,
conservan el mismo número de cromosomas que la célula inicial. En cambio, la meiosis
produce células reproductoras —como los óvulos y los espermatozoides— con la
mitad del número de cromosomas. La meiosis incluye dos divisiones sucesivas:
primero se separan los cromosomas homólogos, y luego las cromátidas
hermanas.
Los cromosomas
homólogos forman pares: uno procede de la madre y el otro del padre. Tienen los
mismos tipos de genes en posiciones correspondientes, aunque sus versiones de
esos genes —los alelos— pueden diferir. Al inicio de la primera división
meiótica, los homólogos se emparejan. El conjunto de los dos cromosomas se
llama bivalente. Como cada cromosoma ya se ha duplicado y está formado
por dos cromátidas, el conjunto también puede describirse como una tétrada. En
las observaciones históricas de Sutton, la resolución de los microscopios
limitaba la distinción entre cromátidas, por lo que “bivalente” resulta
apropiado al describir los pares de cromosomas que estudió.

Figura 3. [Brachystola
magna]. Este saltamontes norteamericano vive en praderas
y zonas abiertas. Su cuerpo posee cabeza, tórax y abdomen, antenas,
ojos compuestos, patas saltadoras y tegminas cortas; no
vuela. Walter Sutton estudió sus células reproductoras y observó cromosomas
homólogos separándose durante la meiosis, relacionando este proceso
con la segregación mendeliana y aportando evidencia para la teoría
cromosómica de la herencia.
En Brachystola
magna, Sutton describió once cromosomas en las células reproductoras y
veintidós en las células con el número completo. Durante la primera división
meiótica, los miembros de cada par homólogo se separan y pasan a células
distintas. Así, cada célula reproductora recibe uno de los dos cromosomas de
cada par. La fecundación, cuando se unen dos células reproductoras,
restaura el número de cromosomas característico de la especie. En términos
generales, este comportamiento celular ofrecía una explicación física para la segregación
observada por Mendel: los dos alelos de un gen se separan al formarse los
gametos, y cada gameto recibe uno.

Figura 4. [Distancia
entre loci]. Cuando dos genes están próximos en un cromosoma,
suelen heredarse juntos porque es menos probable que un entrecruzamiento
los separe. Al aumentar la distancia, crece la recombinación, aunque su
frecuencia observable alcanza como máximo 50 %. Los genes en cromosomas
distintos suelen distribuirse independientemente; loci muy distantes del
mismo cromosoma pueden parecer independientes para fines prácticos.
La semejanza entre
meiosis y herencia mendeliana puede expresarse de forma sencilla. Si una planta
tiene dos alelos diferentes para un carácter, sus gametos reciben uno u otro
alelo. De manera paralela, cada gameto recibe uno de los dos cromosomas homólogos
que contienen las versiones correspondientes de muchos genes. Cuando los
gametos se unen, el nuevo organismo vuelve a tener dos copias de cada cromosoma
y, por tanto, habitualmente dos alelos de cada gen. Esta correspondencia no
significa que Sutton viera genes individuales con el microscopio: los genes
eran una explicación de la herencia, mientras que los cromosomas eran
estructuras visibles en las células.
Sutton también
abordó la distribución independiente, es decir, el patrón por el cual
los alelos de distintos genes pueden combinarse en los gametos de varias
maneras. Su explicación proponía que los pares de cromosomas se orientan de
forma independiente durante la meiosis. Por ello, los cromosomas maternos y
paternos de distintos pares podían distribuirse en diferentes combinaciones.
Esta interpretación ayuda a explicar por qué los genes ubicados en cromosomas
diferentes suelen heredarse de manera independiente. Sin embargo, la regla no
se aplica por igual a todos los genes: si dos genes están en el mismo
cromosoma, pueden heredarse juntos con mayor frecuencia.
La diferencia entre
ambos patrones abrió nuevas preguntas. ¿Cómo se organizan los genes dentro de
cada cromosoma? ¿Todos los genes de un cromosoma viajan siempre juntos? Los
trabajos posteriores mostraron que la respuesta depende, entre otras cosas, de
la distancia entre los genes y de la recombinación, el intercambio de
segmentos entre cromosomas homólogos durante la meiosis. Sutton aportó una idea
que podía ponerse a prueba; la investigación posterior precisó sus alcances y
corrigió detalles de las primeras interpretaciones (Martins, 1999).
Hacia la comunidad
El desarrollo de la
teoría cromosómica fue un trabajo colectivo. Antes de que la conexión entre
genes y cromosomas se aceptara ampliamente, los investigadores compararon
resultados, discutieron explicaciones y diseñaron nuevos experimentos. En 1905,
William Bateson, Edith Rebecca Saunders y Reginald Punnett informaron que
algunos cruces de guisantes de olor no producían las proporciones esperadas
según la distribución independiente. Observaron que ciertas combinaciones de
caracteres aparecían más a menudo que otras (Bateson et al., 1905).
Aquellos resultados
encajaban con una posibilidad planteada por la teoría cromosómica: si dos genes
se encuentran en el mismo cromosoma, sus alelos pueden permanecer asociados
durante la formación de gametos. En la actualidad llamamos a este fenómeno ligamiento
genético. Sin embargo, Bateson, Saunders y Punnett describieron
inicialmente la asociación como “acoplamiento” y no contaban todavía con una
explicación cromosómica completa. Su contribución fue identificar un patrón
experimental que requería explicación, no demostrar por sí solos la ubicación
física de los genes.
La idea de Sutton
ayudaba a interpretar por qué ciertos caracteres no se distribuían de manera
independiente. Aun así, la comunidad científica necesitaba pruebas adicionales
y modelos que conectaran los patrones observados en los cruces con el
comportamiento de los cromosomas. Thomas Hunt Morgan y sus colaboradores
aportaron evidencias con la mosca de la fruta Drosophila melanogaster.
Sus estudios de caracteres heredables, como el color de los ojos, mostraron que
algunos patrones de herencia se relacionaban con los cromosomas sexuales y con
la ubicación de los genes (Morgan, 1910).
La relación entre
los resultados de Sutton, los experimentos de Bateson, Saunders y Punnett, y
las investigaciones de Morgan ilustra cómo avanza la ciencia. Una propuesta
teórica puede guiar la observación, pero necesita pruebas independientes. A su
vez, los resultados experimentales pueden obligar a revisar o ampliar la
propuesta inicial. La teoría cromosómica se fortaleció a medida que
distintas investigaciones ofrecieron explicaciones compatibles para la
segregación, el ligamiento y la herencia ligada al sexo.
Primeras desviaciones de la segregación independiente
En sus experimentos
con guisantes de olor, Bateson, Saunders y Punnett estudiaron varios
caracteres, entre ellos el color de las flores y la forma del polen.
En un cruce dihíbrido, se siguen dos caracteres a la vez. Si los genes
correspondientes se distribuyen independientemente y hay dominancia completa,
el cruce de dos individuos de la primera generación filial —F1— puede producir
en la segunda generación —F2— una proporción fenotípica aproximada de 9:3:3:1.
Esa proporción es una expectativa matemática, no una garantía de que cada grupo
experimental dé exactamente esos números.
En el caso descrito
en sus informes, las combinaciones parentales de color y forma del polen
aparecieron con mayor frecuencia de la esperada, mientras que algunas
combinaciones nuevas fueron menos comunes. En una serie de 2.132 plantas, por
ejemplo, se esperaban 1.199 plantas con flores púrpuras y polen largo, pero se
contaron 1.528. También se observaron 381 plantas con flores rojas y polen
redondo, frente a 133 esperadas bajo la proporción 9:3:3:1. La diferencia
indicaba que el modelo de distribución independiente no describía adecuadamente
esos datos (Bateson et al., 1905).
Al interpretar los
resultados, los investigadores consideraron varias explicaciones. Una
posibilidad era la epistasis, interacción en la que un gen modifica o
enmascara el efecto de otro sobre un carácter. Pero la epistasis no explicaba
por sí sola el patrón observado en esos cruces: el color de la flor y la forma
del polen eran caracteres distintos, y el exceso de ciertas combinaciones
sugería que sus factores hereditarios podían estar asociados. Bateson y Punnett
llamaron acoplamiento a la tendencia de algunos alelos parentales a
aparecer juntos en los gametos. Usaron “repulsión” para describir la asociación
menos frecuente entre alelos de combinaciones distintas.
Hoy entendemos que
estos patrones pueden resultar del ligamiento: genes próximos en un
mismo cromosoma tienden a heredarse juntos. No siempre permanecen unidos,
porque durante la meiosis puede ocurrir recombinación entre los cromosomas
homólogos. Cuanto más cerca se encuentran dos genes, menor suele ser la
probabilidad de que un intercambio los separe. Esta explicación cromosómica se
desarrolló a partir de investigaciones posteriores; no debe atribuirse completa
a los primeros informes de Bateson, Saunders y Punnett.
Los datos también
muestran por qué es útil comparar resultados observados con resultados
esperados. Una desviación puede deberse al azar, a una muestra pequeña, a
diferencias de supervivencia entre genotipos o a que el modelo de herencia no
describe el caso estudiado. En el ejemplo, la gran diferencia entre las
proporciones previstas y las observadas llevó a los investigadores a buscar una
explicación biológica adicional. La estadística ayuda a valorar si la
discrepancia es compatible con el azar, pero por sí sola no identifica el
mecanismo. Para ello hacen falta hipótesis y nuevos experimentos.

Figura 5. [Rechazo
de la distribución independiente]. El rechazo estadístico del modelo
9:3:3:1 indica que los genes no se distribuyen independientemente. En el
cuadro de Punnett, los gametos parentales son más frecuentes y
los recombinantes menos frecuentes, aunque pueden aparecer.
Algebraicamente, no se multiplican dos cruces monohíbridos: se analizan
juntos los haplotipos, porque ambos loci viajan asociados en
cromosomas del mismo par.
Morgan investigó la
herencia del color de ojos en Drosophila melanogaster. En 1910 describió
una mosca macho de ojos blancos, mientras que las moscas habituales de su
laboratorio tenían ojos rojos. Al cruzar la mosca de ojos blancos con hembras
de ojos rojos, obtuvo descendientes cuyos patrones dependían del sexo. En una
generación observó 2.459 hembras de ojos rojos, 1.011 machos de ojos rojos y
782 machos de ojos blancos; no aparecieron hembras de ojos blancos en ese cruce
particular (Morgan, 1910).
El resultado no
significaba que el carácter solo pudiera presentarse en los machos. Indicaba
que el patrón de transmisión dependía de cómo se heredaban los cromosomas
sexuales. La interpretación actual es que el alelo estudiado estaba en el
cromosoma X y era recesivo. Los machos, que normalmente tienen un cromosoma X y
uno Y, expresan el alelo recesivo ligado al X si lo heredan en su único X. Las
hembras, que normalmente tienen dos cromosomas X, suelen necesitar dos copias
del alelo para mostrar el fenotipo. Así, el cruce de Morgan ofreció evidencia
de herencia ligada al sexo y fortaleció la relación entre los genes y
los cromosomas.
Reglas de ligamiento de genotipo a cariotipo
Los experimentos de
Morgan ayudaron a mostrar que la herencia podía relacionarse con cromosomas
concretos. Un genotipo describe las variantes genéticas de un organismo
para uno o varios genes; el cariotipo describe el número y la forma de
sus cromosomas. Al comparar cruces y patrones de herencia con los cromosomas,
los investigadores pudieron inferir qué caracteres estaban asociados con
determinados cromosomas.
El ligamiento
genético significa que dos genes del mismo cromosoma pueden transmitirse juntos
con más frecuencia que si se distribuyeran independientemente. Si están muy
próximos, la recombinación entre ellos es menos probable; si están más
separados, es más probable que un intercambio los separe. Por eso, el
ligamiento no es necesariamente absoluto. La frecuencia de recombinación puede
utilizarse para estimar la distancia relativa entre genes, aunque esos mapas
genéticos no miden directamente una distancia física en unidades de longitud.
En 1913, Alfred H.
Sturtevant, estudiante del laboratorio de Morgan, utilizó frecuencias de
recombinación entre caracteres ligados para proponer un orden lineal de genes
en un cromosoma. Su trabajo produjo uno de los primeros mapas genéticos.
Esto amplió la teoría cromosómica: los genes no solo se asociaban con
cromosomas, sino que podían ordenarse según su posición relativa (Sturtevant,
1913). Más tarde, Punnett también relacionó los grupos de ligamiento observados
en plantas con la teoría cromosómica (Edwards, 2012).

Figura x. [Alfred
H. Sturtevant]. Genetista estadounidense y miembro del grupo de
Thomas Hunt Morgan, estudió la herencia en Drosophila melanogaster. En
1913 publicó el primer mapa genético, ordenando seis genes ligados al
sexo mediante sus frecuencias de recombinación. Su método permitió
estimar distancias relativas entre genes y mostró que ocupan posiciones
ordenadas en los cromosomas, impulsando posteriormente la genética clásica.
La historia no fue
una secuencia instantánea en la que Sutton propuso la teoría y todos la
aceptaron. Algunos investigadores, entre ellos Bateson, mantuvieron reservas
sobre la explicación cromosómica durante años, aun cuando habían descrito
fenómenos de acoplamiento. Las pruebas se fueron acumulando mediante trabajos
de distintas personas y organismos. En conjunto, estas investigaciones
establecieron que la meiosis, los cromosomas, los genes y
la recombinación permiten explicar muchos patrones de herencia, aunque
cada caso debe analizarse con sus propias evidencias.
Referencias
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