La ciencia suele
representarse mediante figuras solitarias: el investigador brillante que
trabaja aislado en un laboratorio secreto, como Emmett Brown o Tony Stark. Esa
imagen funciona en la ficción, pero describe mal cómo se produce el
conocimiento científico. Una comunidad científica reúne a personas que
hacen preguntas, comparten métodos, publican resultados, discuten
interpretaciones y revisan sus ideas cuando aparecen nuevas pruebas. No siempre
trabajan en armonía: también compiten, discrepan y luchan por el
reconocimiento. Aun así, las explicaciones científicas se construyen y se
corrigen mediante el trabajo de muchas personas, a lo largo del tiempo (Davis,
2022).
La historia del mendelismo
muestra este proceso. Gregor Mendel estudió la herencia mediante cruces
de plantas, pero la genética que hoy se enseña no surgió completa de su
trabajo. A comienzos del siglo XX, investigadoras e investigadores retomaron
sus resultados, los discutieron, los probaron en otros organismos y crearon
nuevos conceptos para explicarlos. William Bateson defendió con energía el
estudio de la variación discontinua; Edith Rebecca Saunders, Reginald
Punnett, Hugo de Vries, Carl Correns, Wilhelm Johannsen y otras personas
también contribuyeron a formar el campo. La teoría que llamamos mendelismo fue,
por tanto, una construcción colectiva, elaborada a partir de las ideas de
Mendel y de preguntas que otros investigadores añadieron después (Berry &
Browne, 2022; Davis, 2022).

Figura 1. [William
Bateson] (1861–1926), biólogo británico, defendió el estudio de la variación
discontinua y promovió los trabajos de Mendel. Propuso el nombre genética
y, junto con Saunders y Punnett, investigó la herencia y el ligamiento.
Su controversia evolutiva con los biométricos mostró que las diferencias
hereditarias discretas y continuas podían estudiarse con métodos
complementarios, sin descartar la selección natural (Davis,
2022).

Figura 2. [Tipos
de herencia]. Los
patrones de variación discreta agrupan fenotipos en categorías,
mientras la variación continua presenta un rango gradual en muchos
organismos. Los rasgos discretos suelen depender de pocos genes; los
continuos pueden resultar de muchos genes y del ambiente. Ambos
siguen principios hereditarios, y la herencia mendeliana también puede producir
variación cuantitativa, como explicó Fisher (Fisher,
1918; Hoffmann et al., 1995).
La hipótesis de la mutación
Tras la difusión de
los trabajos de Mendel, los científicos debatieron dos preguntas relacionadas,
pero distintas: ¿cómo se transmiten las diferencias hereditarias? y ¿cómo
aparecen las diferencias que pueden participar en la evolución? La primera
pregunta se refiere a la herencia; la segunda, al origen de la variación.
En el debate de comienzos del siglo XX, a veces se mezclaron ambas cuestiones,
como si una explicación de la herencia debiera también explicar por sí sola la
evolución de las especies.
Bateson ya
investigaba las diferencias discontinuas antes de conocer los experimentos de
Mendel. En su libro de 1894, describió variaciones marcadas entre organismos y
cuestionó que todas las diferencias importantes surgieran por acumulación de
cambios minúsculos. Cuando conoció los estudios mendelianos, vio en ellos un
modo de explicar cómo podían conservarse diferencias heredables sin que se
mezclaran por completo en cada generación. Sin embargo, Bateson defendió con
demasiado entusiasmo que la herencia mendeliana contradecía el enfoque de
Darwin. La discusión no era tan sencilla: explicar la transmisión de rasgos
mediante unidades hereditarias no impedía que la selección natural
favoreciera unas variantes sobre otras (Cock, 1973; Davis, 2022).
En aquella época,
algunos naturalistas destacaban las diferencias graduales que observaban al
medir poblaciones; otros estudiaban rasgos discretos que podían
clasificarse en categorías. Los primeros, conocidos como biométricos, aplicaban
métodos estadísticos a variaciones continuas. Los mendelianos se concentraban
inicialmente en cruces y proporciones de categorías distinguibles. Esa
diferencia de métodos alimentó una disputa sobre la importancia de cada tipo de
variación. Darwin había dado un papel central a las pequeñas diferencias entre
individuos y a la selección que podía acumularlas. Sin embargo, no ignoró por
completo las variantes discontinuas: las consideró, pero pensó que tenían menos
importancia general en la evolución (Berry & Browne, 2022).

Figura
3. El botánico [Hugo
de Vries] investigó la herencia, la variación y las mutaciones.
Sus experimentos revelaron patrones de segregación semejantes a los
estudiados por Mendel. En 1900, su publicación originó una disputa de
prioridad con Correns; el debate ayudó a reconocer los antecedentes
de Mendel y a consolidar la genética como disciplina científica. Su
teoría mutacionista influyó ampliamente (Lenay,
2000).
Hugo de Vries
propuso la teoría de la mutación, según la cual ciertos cambios
hereditarios podían aparecer de manera discontinua y producir variantes
marcadamente distintas. Sus experimentos con plantas del género Oenothera
(onagra) tuvieron gran influencia en el debate. En una carta a Bateson, de
Vries advirtió que el mendelismo podía ser una excepción y no la regla;
expresaba así su impresión de que las proporciones mendelianas se aplicaban a
algunos cruces, pero no explicaban todos los patrones de herencia observados
entonces (Fairbanks & Rytting, 2001; Nei & Nozawa, 2011).
Actualmente sabemos
que las mutaciones son cambios en el material hereditario y que pueden
tener efectos de distintos tamaños; no todas producen diferencias visibles ni
originan especies nuevas por sí solas. También distinguimos entre la aparición
de variantes y lo que ocurre con ellas después. La mutación puede producir
nuevas variantes; la selección natural, la deriva genética y otros
procesos pueden modificar su frecuencia en las poblaciones. La propuesta de de
Vries ayudó a centrar la atención en los cambios heredables, pero no demuestra
que la evolución ocurra siempre mediante grandes saltos. Tampoco es correcto
presentar a Darwin y a de Vries como defensores de explicaciones completamente
incompatibles: sus desacuerdos se referían, sobre todo, a la escala y al origen
de la variación evolutiva (Nei & Nozawa, 2011).
El concepto matemático del gen
Para describir los
cruces, los investigadores usaban letras y expresiones matemáticas. En los
modelos escolares, letras como A y a representan versiones
alternativas de un gen. Sin embargo, no son el gen en sí: son símbolos
que permiten seguir cómo se transmiten ciertas variantes entre generaciones.
Por ejemplo, AA, Aa y aa representan combinaciones
posibles de dos variantes de un mismo gen en un organismo diploide. La letra
mayúscula suele indicar una variante dominante en el modelo simple, y la
minúscula, una recesiva; esa convención no significa que toda variante dominante
sea más frecuente, mejor o más fuerte.
Mendel no empleó
los términos gen, alelo, genotipo ni fenotipo.
Habló de elementos o factores hereditarios, y sus experimentos se centraron en
cómo se distribuían ciertos caracteres visibles en la descendencia. En
la genética actual, un gen es una región del ADN asociada con un
producto funcional o con la regulación de una función. Un alelo es una
de las formas alternativas que puede presentar un gen o una región genética. La
relación entre un gen y un carácter no siempre es directa: un carácter puede
depender de muchos genes y del ambiente, y un gen puede influir en más de un
carácter.

Figura 4. [Edith
Rebecca Saunders] (1865–1945) fue una botánica y genetista británica
formada en Newnham College, Cambridge. Dirigió el Laboratorio Balfour para
Mujeres y colaboró con Bateson en herencia vegetal y hibridación.
Sus estudios contribuyeron al vocabulario mendeliano, al conocimiento del ligamiento
genético y a la morfología floral; también impulsó instituciones
científicas británicas y promovió oportunidades para jóvenes investigadoras
locales (Schmid, 1977).
Bateson y Saunders
introdujeron el término allelomorph —«alelomorfo»— para nombrar las
formas alternativas de un factor hereditario; el término se acortó después a alelo.
También se difundieron palabras como homocigoto y heterocigoto,
que describen si las dos copias de un gen son iguales o distintas,
respectivamente. Estos términos facilitaron la comparación entre resultados
obtenidos en diferentes especies y laboratorios. Al compartir un vocabulario
común, los científicos podían describir observaciones, proponer explicaciones y
discutir en qué casos las reglas de herencia parecían funcionar (Bateson &
Saunders, 1902).
El nombre de la
disciplina también se formó durante este periodo. Bateson propuso la palabra genetics
en 1905 para designar el estudio de la herencia y la variación, y
la utilizó públicamente en una conferencia de 1906. En 1909, el botánico danés
Wilhelm Johannsen propuso el término gen como nombre breve para los
factores hereditarios hipotéticos. También introdujo genotipo para
referirse a la constitución hereditaria y fenotipo para describir las
características observables. En su época, Johannsen no afirmó que los genes
fueran partículas materiales ya identificadas: los trató como unidades útiles
para razonar sobre la transmisión y las diferencias entre organismos (Berry &
Browne, 2022; Roll-Hansen, 2014).
La diferencia entre
estos conceptos no se estableció de una sola vez. Primero se describieron
patrones de herencia; después se propusieron palabras para distinguir
los factores heredados, sus versiones alternativas y las características que
podían observarse. Los términos modernos parecen obvios porque se enseñan
juntos, pero fueron formulados por personas distintas, en momentos diferentes,
para resolver problemas concretos. Además, el sentido de palabras como “gen” ha
cambiado con nuevos descubrimientos. Por eso, al estudiar genética conviene
recordar que el vocabulario científico es una herramienta histórica: ayuda a
organizar la evidencia, pero sus definiciones pueden revisarse cuando cambian
los conocimientos (Roll-Hansen, 2014).
Otros conceptos de genética en la década de 1900-1910
Entre 1900 y 1910
se multiplicaron las investigaciones sobre herencia, hibridación
y variación. Los investigadores aplicaron los modelos mendelianos a
plantas y animales, y al hacerlo encontraron resultados que no encajaban en las
primeras explicaciones simples. En vez de descartar esas observaciones,
comenzaron a ampliar el vocabulario y a desarrollar métodos para comparar los
resultados experimentales con las proporciones esperadas.
Uno de esos métodos
fue la prueba de chi cuadrado, desarrollada por Karl Pearson en 1900.
Esta prueba permite estimar si las diferencias entre frecuencias observadas y
esperadas podrían deberse al azar. En un cruce, por ejemplo, se puede comparar
el número de descendientes de cada categoría con la proporción predicha por un
modelo. El resultado no demuestra que una hipótesis sea verdadera: indica cuán
compatibles son los datos con ella, bajo ciertos supuestos. La herramienta
estadística ofreció una forma más ordenada de evaluar discrepancias que depender
únicamente de una gráfica o de la impresión visual (Pearson, 1900; Plackett,
1983).

Figura
5. [Reginald
Crundall Punnett] (1875–1967), genetista británico, ayudó a
establecer la genética en Cambridge. Popularizó el cuadro de Punnett,
que representa combinaciones posibles de alelos en cruzamientos. Con
Bateson y Saunders estudió el ligamiento genético en guisantes de olor,
y sus preguntas ayudaron a Hardy a formular el equilibrio de Hardy-Weinberg.
También fundó una revista científica especializada sobre genética (Edwards,
2012).
Los cruces de
guisante de olor estudiados por Bateson, Saunders y Reginald Punnett también
revelaron que algunos rasgos no siempre se combinaban de manera independiente.
En ciertos cruces, algunas combinaciones de caracteres aparecían juntas
con mayor frecuencia de la que se esperaba bajo el modelo de distribución
independiente. Bateson y sus colaboradores describieron esos patrones como acoplamiento
y repulsión; más adelante, el fenómeno se relacionó con el ligamiento
genético, es decir, la tendencia de variantes ubicadas cerca unas de otras
en un cromosoma a heredarse juntas. Sus primeros resultados eran estadísticos:
aún no contaban con la explicación cromosómica que se desarrollaría después
(Bateson et al., 1905; Punnett, 2012).

Figura
6. [Wilhelm Johannsen] fue un botánico danés que estudió la herencia
y la variación en plantas. Sus experimentos con líneas puras
mostraron que seleccionar semillas por tamaño no siempre modificaba su
constitución hereditaria. En 1909 introdujo gen, genotipo y fenotipo,
conceptos que distinguieron la base hereditaria de las características
observables y ambientales, y ayudaron a consolidar nuevos términos
genéticos (Roll-Hansen, 2014).
En 1910, el
genetista Ludwig Plate introdujo el término pleiotropía para describir
el caso en que un factor hereditario afecta varios caracteres. En términos
actuales, hablamos de pleiotropía cuando una variante en un gen o locus influye
en más de un rasgo observable. Esto ayuda a comprender por qué una diferencia
hereditaria no siempre produce un único efecto aislado. Los organismos son
sistemas complejos: un cambio puede influir en varios procesos del desarrollo o
del funcionamiento corporal (Stearns, 2010).
En 1908, el
matemático británico Godfrey Harold Hardy y el médico alemán Wilhelm Weinberg
formularon, de manera independiente, el principio que hoy lleva sus apellidos.
El equilibrio de Hardy-Weinberg describe cómo se relacionan las
frecuencias de alelos y genotipos en una población ideal bajo condiciones
específicas, como apareamiento al azar, población grande y ausencia de fuerzas
evolutivas que alteren las frecuencias. No es una afirmación de que las
poblaciones reales nunca cambien; funciona como modelo de referencia para
identificar cuándo y cuánto se apartan de esas condiciones. Karl Pearson y
otros investigadores habían abordado antes problemas relacionados con las
proporciones hereditarias, pero no deben confundirse esas contribuciones con la
formulación independiente de Hardy y Weinberg (Edwards, 2008).

Figura
7. [Ludwig
Plate] fue un zoólogo alemán y profesor en Jena, interesado en la evolución
y la herencia. En 1910 introdujo el término pleiotropía para
describir cómo un factor hereditario influye en varios caracteres.
Hoy, una variante genética puede afectar distintos fenotipos,
conectando la genética con la evolución biológica y la selección
natural en poblaciones (Stearns, 2010).
El debate entre
mendelianos y biométricos tampoco terminó cuando aparecieron estos conceptos.
La discusión empezó a cambiar cuando se mostró que muchas diferencias continuas
podían explicarse por la acción conjunta de varios factores hereditarios. En
1918, Ronald A. Fisher presentó un modelo matemático que conectaba la herencia
mendeliana con la variación cuantitativa: varios genes, cada uno con efectos
pequeños, podían producir una distribución continua de características en una
población. Así, los modelos de herencia discreta y el análisis de la variación
gradual no tenían que excluirse mutuamente. Podían describir distintos niveles
de un mismo fenómeno biológico (Fisher, 1918).
Esto permite volver
a una pregunta histórica: ¿qué tan mendeliano era Mendel? Mendel formuló
explicaciones y describió patrones que fueron fundamentales, pero no utilizó
los términos gen, alelo, genotipo, fenotipo, ligamiento
o equilibrio poblacional tal como se entienden hoy. Tampoco presentó en
su artículo las leyes escolares con la organización y los nombres que
adquirieron después. El mendelismo fue una teoría de la herencia
elaborada por una comunidad: partió de experimentos de Mendel, pero se
transformó con los estudios de Bateson, Saunders, de Vries, Correns, Johannsen,
Punnett, Hardy, Weinberg, Fisher y muchas otras personas. Parte de esa teoría
probablemente habría sido extraña para Mendel, no porque su trabajo fuera
menor, sino porque la ciencia avanzó al hacer nuevas preguntas y construir
conceptos que él no necesitó formular.
Referencias
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