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Un estómago
se define como una dilatación especializada del tubo digestivo anterior,
situada generalmente entre el esófago y el intestino, cuya
función puede incluir almacenamiento, mezcla, acidificación
y digestión química del alimento. Aunque solemos asociarlo
principalmente con la digestión, no todos los estómagos cumplen
exactamente las mismas funciones ni tienen el mismo grado de especialización. En
algunos vertebrados, el estómago actúa como una cámara altamente glandular
donde se secretan ácido clorhídrico y enzimas digestivas; en
otros, puede funcionar sobre todo como un espacio de reserva temporal
antes de que el alimento avance hacia regiones posteriores del canal
alimenticio.
Figura 1. El [estómago]
se divide en cardias, fundus y píloro. El fundus contiene
glándulas fúndicas con células parietales, que secretan ácido
clorhídrico, y células principales, que producen pepsinógeno.
El cardias y el píloro poseen glándulas ricas en células
mucosas, encargadas de proteger la mucosa y regular el paso del quimo.
Los estómagos
verdaderos están ausentes en varios grupos basales, como los ciclóstomos
—lampreas y mixinos—, y también en algunos cordados muy primitivos, como
ciertos protocordados, donde el tubo digestivo no presenta una cámara
gástrica claramente diferenciada. Esto indica que el estómago no es una
estructura universal en todos los cordados, sino una innovación que se
consolidó en muchos vertebrados como respuesta a nuevas estrategias
alimentarias. Su presencia permitió separar funciones digestivas: primero
recibir y retener el alimento, luego someterlo a condiciones químicas
particulares, y finalmente entregarlo de manera regulada al intestino.
Figura 2. [Sistemas
digestivos de algunos peces selectos]. La lamprea carece de estómago
definido; tiburón, quimera, pez pulmonado y esturión
poseen válvula espiral, que aumenta la superficie de absorción
sin alargar mucho el intestino. En la perca, al faltar esta
válvula, el intestino se alarga para compensar la superficie digestiva.
En animales que no
se alimentan con frecuencia, el estómago puede funcionar principalmente
como una cámara de almacenamiento, conservando el alimento hasta que el
organismo necesite procesarlo. En este contexto, es probable que la secreción
de ácido clorhídrico haya tenido inicialmente una función
antimicrobiana, ayudando a retardar la putrefacción del alimento
retenido. Solo posteriormente esta acidez habría sido integrada de manera más
directa a la digestión química, activando enzimas como la pepsina
y facilitando la degradación de proteínas. Así, el estómago puede entenderse
como una estructura evolutiva flexible, capaz de combinar reserva, protección
microbiana y digestión.
Regiones de un estomago idealizado
El estómago
posee una capacidad de absorción limitada. Puede absorber pequeñas
cantidades de agua, sales, algunos fármacos y ciertas
moléculas simples, pero esta función no se compara con la del intestino
delgado ni con la del intestino grueso. Su papel principal es
recibir el alimento procedente del esófago, almacenarlo temporalmente,
mezclarlo mediante movimientos musculares y someterlo a digestión química.
Esta digestión ocurre gracias al ácido clorhídrico, que genera un
ambiente muy ácido, y a enzimas como la pepsina, especializada en romper
proteínas.
En un modelo
general, el estómago puede dividirse en tres regiones principales: cardias,
fundus y píloro. Además, en algunos vertebrados pueden aparecer
regiones accesorias, como una zona de epitelio no glandular destinada
principalmente al almacenamiento, o una molleja gástrica,
especialmente desarrollada en animales que necesitan triturar alimento duro.
El cardias es la primera región del estómago, situada inmediatamente después del esfínter
esofágico inferior. En mamíferos, esta zona contiene principalmente glándulas
cardiales, cuya secreción es rica en moco. Su función principal es
proteger la entrada del estómago y facilitar el paso del alimento desde el
esófago hacia la cavidad gástrica. En una microfotografía histológica
del cardias se esperaría observar una mucosa con glándulas mucosas
relativamente cortas y una transición entre el epitelio esofágico
protector y el epitelio gástrico glandular.
El fundus constituye, junto con el cuerpo gástrico, la región más amplia y
funcionalmente más activa del estómago en muchos vertebrados. En esta zona se
localizan las glándulas gástricas más importantes, responsables de
secretar ácido clorhídrico, moco y pepsinógeno. El pepsinógeno
es una enzima inactiva que, al entrar en contacto con el ambiente ácido, se
transforma en pepsina, una enzima proteolítica, es decir, capaz
de romper proteínas en fragmentos más pequeños. Al mismo tiempo, el moco
gástrico forma una barrera protectora que evita que el ácido y las enzimas
dañen la propia pared del estómago.
El píloro es la región final del estómago y se ubica antes del intestino
delgado. Allí predominan glándulas que secretan moco y sustancias
reguladoras que ayudan a proteger la mucosa y controlar el vaciamiento
gástrico. Esta región termina en el esfínter pilórico, una válvula
muscular que regula el paso del contenido parcialmente digerido, llamado quimo,
hacia el duodeno. El moco producido en esta zona ayuda a neutralizar
parcialmente la acidez del quimo, protegiendo al intestino delgado de un
ingreso brusco de contenido demasiado ácido. Así, el estómago no solo digiere,
sino que también regula cuidadosamente cuándo y cómo el alimento procesado
continúa su recorrido digestivo.
Figura 3. [Variación en los estómagos vertebrados]. Se distinguiendo región glandular y no glandular. La primera contiene glándulas gástricas con cardias, fundus y píloro, responsables de secreción y digestión química. La segunda carece de glándulas y puede ser queratinizada. En algunas especies, el músculo liso forma una molleja trituradora.
El estómago en aves, el proventrículo y la molleja
El estómago de
las aves está dividido funcionalmente en dos regiones principales: el proventrículo
y la molleja. Después de pasar por el buche, el alimento continúa
por el esófago hasta llegar al proventrículo, también llamado estómago
glandular o estómago verdadero. En esta región comienza de manera
intensa la digestión química, porque sus paredes secretan ácido
clorhídrico y enzimas digestivas, especialmente pepsina, que
inicia la degradación de las proteínas. A diferencia de la acción
limitada de la saliva, el proventrículo somete el alimento a un ambiente
ácido y enzimático mucho más potente. Sin embargo, en este punto el alimento
aún no ha sido triturado de forma significativa; por eso recibe el nombre de
proventrículo, es decir, la cámara situada antes del ventrículo gástrico
o molleja.
La molleja,
también llamada ventrículo o estómago muscular, cumple la función
mecánica que en otros vertebrados realizan los dientes. Sus paredes
poseen una musculatura gruesa y poderosa, capaz de contraerse con fuerza para
comprimir y triturar el alimento. Muchas aves ingieren pequeñas piedras o gastrolitos,
que quedan retenidos temporalmente en la molleja. Allí, estos fragmentos duros
actúan como superficies abrasivas: al ser movidos por las contracciones
musculares, muelen semillas, granos y fragmentos vegetales resistentes. Con el
tiempo, los gastrolitos se desgastan, se redondean y pueden ser
reemplazados por otros nuevos ingeridos por el animal.
Esta adaptación es
especialmente importante en aves que consumen semillas o materiales
vegetales con paredes ricas en celulosa, difíciles de romper sin
masticación. Sin embargo, la molleja no es exclusiva de las aves
modernas. Es una característica ampliamente asociada a los arcosaurios,
grupo que incluye aves, cocodrilos y dinosaurios. En algunos fósiles de dinosaurios
herbívoros se han encontrado acumulaciones de piedras pulidas en la región
abdominal, interpretadas como posibles piedras de molleja. Esta
evidencia sugiere que varios dinosaurios procesaban alimento vegetal mediante
un sistema similar al de las aves actuales. Así, el aparato digestivo aviar
combina una región de digestión química, el proventrículo, con una
región de trituración mecánica, la molleja, compensando la ausencia de
dientes y permitiendo una digestión eficiente.
Figura 4. [Sistema
digestivo en rana, reptiles y aves] La figura compara el canal
alimentario de varios tetrápodos.
Todos comparten esófago, estómago, intestino delgado, intestino
grueso, cloaca, hígado, vesícula biliar y páncreas.
La rana e iguana son compactas; el ave desarrolla buche,
proventrículo y molleja; la serpiente alarga y distiende
el sistema para tragar presas enteras.
Fermentación pre-estomacal
Los vertebrados
pueden degradar proteínas mediante proteasas y peptidasas,
grasas mediante lipasas y muchos carbohidratos simples o
medianamente complejos mediante carbohidrasas. Sin embargo, ningún
herbívoro vertebrado puede digerir por sí solo una de las fuentes energéticas
más abundantes de las plantas: la celulosa. Para aprovecharla, dependen
de microorganismos simbióticos, especialmente bacterias, protozoos
y hongos, que viven en cámaras del tracto gastrointestinal y
realizan fermentación. Este proceso degrada lentamente la fibra
vegetal y produce sustancias aprovechables, como ácidos grasos volátiles,
además de gases como dióxido de carbono y metano.
La fermentación
de la celulosa exige tiempo, espacio y retención prolongada del alimento.
Por eso muchos herbívoros han desarrollado sistemas digestivos especializados.
En términos generales, existen dos grandes estrategias: los fermentadores
preestomacales, donde la fermentación ocurre antes del estómago
glandular verdadero, y los fermentadores postestomacales, donde
ocurre después del estómago, generalmente en el ciego o el colon.
Los rumiantes, como vacas, ovejas, cabras y ciervos, son los
fermentadores preestomacales más especializados, porque poseen un estómago
compuesto con cámaras dedicadas al almacenamiento, fermentación, selección
y digestión final del alimento.
Figura
5. [Estómagos
de la vaca]. La vaca posee un estómago compuesto con rumen,
retículo, omaso y abomaso. El rumen fermenta celulosa
mediante microbiota ruminal; el retículo facilita la rumia;
el omaso absorbe agua y minerales; y el abomaso, estómago
verdadero, secreta ácido clorhídrico y enzimas digestivas para
completar la digestión química.
En los rumiantes,
el alimento llega primero al rumen, una gran cámara de fermentación
microbiana. Allí la microbiota ruminal comienza a degradar la celulosa.
Como pastar durante mucho tiempo puede exponer al animal a depredadores, muchos
rumiantes ingieren rápidamente grandes cantidades de hierba y luego se retiran
a un lugar más seguro para realizar la rumia. Durante este proceso, el
alimento parcialmente fermentado regresa a la boca mediante regurgitación,
se remastica, se mezcla con saliva y vuelve al rumen. Esta repetición
rompe mejor la fibra vegetal y facilita el trabajo de los microorganismos.
Después del rumen,
el alimento pasa por otras cámaras especializadas. El retículo ayuda a
separar partículas grandes y participa en la formación del bolo que será
regurgitado durante la rumia. El omaso absorbe agua, minerales
y reduce aún más el tamaño del material alimenticio. Finalmente, el contenido
llega al abomaso, considerado el estómago verdadero, porque allí
ocurre la digestión química mediante ácido clorhídrico y enzimas
digestivas. En esta región se digieren tanto componentes vegetales como
microorganismos procedentes del rumen, convirtiendo la fibra vegetal en
nutrientes aprovechables para el animal.
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