La región no glandular, en cambio, está revestida por un epitelio sin glándulas gástricas. Su función no es secretar ácido ni enzimas, sino principalmente almacenar, resistir fricción o proteger la pared interna. En algunas especies, este epitelio puede estar queratinizado, lo que lo hace más resistente frente a alimentos duros, secos o abrasivos. Por eso, en animales herbívoros o granívoros, la región no glandular puede adquirir gran importancia. En ciertos vertebrados, las capas de músculo liso del estómago también se desarrollan extraordinariamente y forman una molleja o gizzard, especializada en triturar alimento con ayuda de contracciones fuertes y, a veces, gastrolitos.
Los ejemplos ilustran adaptaciones particulares. En rumiantes, el estómago presenta grandes cámaras anteriores asociadas al almacenamiento y la fermentación microbiana. En llamas y otros herbívoros, la organización también favorece el procesamiento prolongado de material vegetal. En animales como el caballo, el hipopótamo, el mono folívoro o el humano, cambian las proporciones entre zonas glandulares y no glandulares. Así, el estómago vertebrado no es una estructura única y fija, sino un órgano flexible que combina almacenamiento, protección, trituración, fermentación y digestión química según las exigencias ecológicas de cada linaje.
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