El rendimiento en reacción corresponde al caso en el
que se determina la eficiencia del proceso utilizando tanto el reactivo como
el producto experimentales, sin recurrir al valor teórico. Este enfoque
resulta especialmente útil cuando se desea evaluar directamente la proporción
entre las cantidades realmente medidas en el laboratorio. Generalmente, este
tipo de análisis se subdivide en tres categorías: masa–masa, que
es la más común y práctica; masa–gas, aplicable cuando el producto o el
reactivo se encuentra en fase gaseosa; y gas–gas, empleada en reacciones
completamente gaseosas.
Aunque en la práctica industrial y experimental la relación masa–masa
es la de mayor relevancia, las otras dos modalidades tienen un valor académico
y didáctico significativo, pues permiten comprender cómo los principios del
rendimiento se extienden a diferentes estados de la materia. Además, tanto la masa
como las variables de los gases (presión, volumen y temperatura) son
magnitudes medibles directamente en laboratorio, a diferencia de la cantidad
de sustancia, que requiere un cálculo indirecto. Por ello, estas variantes
del rendimiento experimental constituyen una herramienta útil para vincular la
teoría estequiométrica con la observación empírica.
Para eso tomaremos el caso [2] del [Axioma
del rendimiento de la reacción y sus variantes]
Y luego, el [Teorema
de la estequiometría de cantidades (mol vs mol)] definido para calcular el
producto teórico mediante el reactivo experimental.
Reemplazamos.
Podemos pasar el ratio estequiométrico si invertimos su definición
de subíndices, con lo que obtenemos el rendimiento de la reacción como función
de la cantidad de sustancia de producto y reactivo experimentales.
Para expresar el rendimiento en función de la masa,
recurrimos al [Axioma
de masa molar] y despejamos la cantidad de sustancia a
partir de la masa medida y la masa molar del producto clave. De forma análoga,
para gases aplicamos la [Ley
del gas ideal] y también despejamos la cantidad de sustancia a
partir de la presión, el volumen y la temperatura. En ambos casos, la
conversión a moles permite insertar el resultado en la formulación general
del rendimiento en función de la cantidad de sustancia, unificando
así el tratamiento para sistemas sólidos, disoluciones y gases.
Con lo cual podemos plantear cuatro casos masa-masa;
masa-gas; gas-masa; y gas-gas.
Y simplificamos los casos masa-masa, y gas-gas con la
notación de ratios algebraicos con subíndices.
Existe otro teorema aplicable a volúmenes de líquidos,
el cual se resuelve utilizando la densidad del líquido como factor de
conversión entre masa y volumen. Este procedimiento se fundamenta en el [Axioma
de densidad], que establece que toda sustancia homogénea presenta una
relación constante entre su masa y su volumen bajo condiciones determinadas,
permitiendo así expresar las transformaciones químicas en función de volúmenes
líquidos en lugar de masas.
Despejamos
la masa.
Para abreviar el proceso algebraico, podemos argumentar que
la relación entre masa, densidad y volumen es homóloga a la
relación entre sus respectivos ratios. Es decir, el cociente de masas
guarda la misma proporcionalidad que los cocientes de densidades y volúmenes.
Este principio nos permite formular el teorema del rendimiento de la
reacción aplicado a dos reactivos líquidos homólogos, estableciendo
una equivalencia directa entre las proporciones físicas y las relaciones
estequiométricas del sistema.
No profundizaremos en los casos en los que la fase de los
reactivos no sea homóloga, salvo que algún ejercicio de lápiz y papel
lo requiera explícitamente. En tales situaciones, se abordará el tratamiento
correspondiente según las condiciones específicas del sistema.
Aunque es probable que la unca fórmula que usemos sea [11] es bueno saber que existen variantes. Las ecuaciones pueden verse en limpio conto con su factor de conversión homólogo en [este enlace]
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