Regresar a [Estequiometría]
En sentido
estricto, el rendimiento de la reacción indica cuánta reacción
deseada ocurre realmente en comparación con la cantidad de reacción
esperada para los reactivos disponibles. Aunque suele expresarse como una
razón entre la masa experimental y la masa teórica de un producto, esta es solo
una forma práctica de calcularlo.
Figura 1. [Beatriz
Roldán Cuenya] es una física española especializada en catálisis, nanomateriales
y ciencia de superficies. Su investigación estudia cómo la estructura de
los materiales controla su reactividad química, con aplicaciones en
conversión de CO₂ y energía sostenible. Dirige el Departamento de
Ciencia de Interfaces del Instituto Fritz Haber de la Sociedad Max Planck en
Berlín.
Como se observa en
la [Demostración de los teoremas de rendimiento de una reacción], el rendimiento afecta a la reacción
como un todo y puede determinarse mediante distintos parámetros: cantidad de
reacción, cantidad de sustancia, masa, presión o volumen del producto
clave.
|
[Teoremas de rendimiento de una reacción] Factor
marcado [1] Rendimiento en función de la cantidad de la reacción. [2] Rendimiento en función de la cantidad de producto clave. [3] Rendimiento en función de la masa de producto clave. [4a] Rendimiento en función de la presión de producto clave. [4b] Rendimiento en función del volumen de producto clave. Álgebra
simbólica [1] Rendimiento en función de la cantidad de la reacción. [2] Rendimiento en función de la cantidad de producto clave. [3] Rendimiento en función de la masa de producto clave. [4a] Rendimiento en función de la presión de producto clave a volumen
y temperatura constantes. [4b] Rendimiento en función del volumen de producto clave a presión y
temperatura constantes. Demostraciones [Demostración de los teoremas de rendimiento de una
reacción] Parámetros
y unidades comunes \(y\)
rendimiento de la reacción, del inglés yield (adimensional) o (%); \(\xi_{exp}\) cantidad de reacción medida
experimentalmente (mol); \(\xi\) cantidad de reacción teórica esperada (mol); \(n_{p,exp}\) cantidad de sustancia del producto
clave medida experimentalmente (mol); \(n_p\) cantidad de sustancia teórica esperada del
producto clave (mol); \(m_{p,exp}\) masa del producto clave medida
experimentalmente (g); \(m_p\) masa teórica esperada del producto clave (g); \(P_{p,exp}\) presión parcial del producto clave
medida experimentalmente (atm); \(P_p\) presión parcial teórica esperada del
producto clave (atm); \(V_{p,exp}\) volumen del producto clave medido
experimentalmente (L); \(V_p\) volumen teórico esperado del producto
clave (L). |
Miremos
un ejemplo.
|
Ejemplo
1. ¿Cuál es el rendimiento porcentual de una reacción que produce 12.1 g
del gas Freón CF₂Cl₂ a partir de 30.8 g de CCl₄ y un exceso de HF? CCl₄ +
2HF → CF₂Cl₂ + 2HCl Etapa analítica. Usaremos la forma (3) de [Teoremas de rendimiento de una reacción], junto con [Cálculo
de masa molar teórica] y la forma (3) de [Teoremas
de estequiometría básica] Etapa numérica por factor marcado. Calculamos
la masa molar de ambas sustancias Calculamos
la masa teórica del producto Calculamos el
rendimiento. Etapa numérica por álgebra
simbólica. Calculamos
la masa molar de ambas sustancias Como nos
piden calcular el rendimiento, lo que haremos es combinar los teoremas clave Calculamos el
rendimiento. |
Esta formulación
permite interpretar el rendimiento como una medida del porcentaje de
éxito de los eventos de reacción.
Este enfoque
permite generalizar el concepto de rendimiento más allá de la
masa, aplicándolo a cualquier magnitud vinculada al avance de la
reacción, como el número de moles, el volumen gaseoso o incluso la
conductividad eléctrica en determinados experimentos.
Siempre que sea posible determinar la cantidad de reacción, será
factible calcular el rendimiento correspondiente.
Fenómenos que afectan el rendimiento de la reacción
El rendimiento de una reacción química casi nunca alcanza el 100 %, y las razones son múltiples. Una de las más comunes es la impureza de los reactivos. Las masas que se emplean en los cálculos suelen no corresponder a la masa pura de la sustancia reactiva, sino a una mezcla que contiene otras sustancias acompañantes. Estas impurezas no solo alteran los cálculos —pues parte de la masa medida no participa en la reacción—, sino que además pueden inducir reacciones secundarias que desvían a los reactivos principales hacia productos no deseados.
Figura
2. [Secuencia
de reactores]. La imagen muestra la fabricación industrial de detergente
en reactores en serie: saponificación, neutralización, formulación,
mezcla y secado. Cada etapa tiene un rendimiento propio y también
hay pérdidas en las transferencias. Aunque algunos rendimientos son altos, al
acumularse reducen el rendimiento global hasta aproximadamente 79 %.
La impureza es, en gran medida, una limitación práctica y económica. Casi ningún reactivo se comercializa con una pureza del 100 %, ya que lograrlo es extremadamente costoso o incluso imposible. Por ejemplo, el ácido clorhídrico (HCl) solo puede mantenerse al 100 % de pureza en estado gaseoso, pero eso lo convierte en un compuesto peligroso, incluso considerado un arma química. Por ello, en el laboratorio se utiliza en soluciones acuosas diluidas, generalmente con purezas que no superan el 36 %. Además, los reactivos almacenados durante largos periodos pueden degradarse de forma espontánea, debido a reacciones de descomposición autógenas que reducen su efectividad.
Otra causa frecuente de un rendimiento inferior es la velocidad de la reacción. Si el experimento se detiene o se mide antes de que la reacción alcance su punto de equilibrio o se complete totalmente, la cantidad de producto formado será menor a la teórica. Factores como la presión, la temperatura o la presencia (o ausencia) de catalizadores también influyen decisivamente en la rapidez y la extensión de una reacción.
Por último, en muchas ocasiones
el rendimiento se ve afectado por dificultades experimentales en la
recolección o el almacenamiento del producto. Esto ocurre especialmente con
gases, ya que resulta complicado garantizar que no existan fugas. En equipos
antiguos o de baja calidad, estas pérdidas son casi inevitables. Recuerdo, por
ejemplo, que los viejos laboratorios escolares solían emplear tubos de goma
para conducir gases, asegurados con abrazaderas metálicas que
requerían un destornillador plano para ajustarse. La falta de esa herramienta
en los laboratorios hacía que, con frecuencia, las conexiones quedaran flojas y
el gas se escapara lentamente, reduciendo así el rendimiento medido.
La causa más profunda y
determinante de que el rendimiento de una reacción no sea completo es la existencia
del equilibrio químico. En muchas reacciones, los productos formados pueden
reaccionar nuevamente entre sí para regenerar los reactivos originales,
estableciendo así un proceso reversible. Cuanto mayor sea la
tendencia de esta reacción inversa, menor será el rendimiento neto
hacia los productos deseados. La proporción entre las velocidades de la
reacción directa y la inversa depende de diversas condiciones físicas,
como la temperatura, la presión o la concentración de las especies
involucradas. Por ello, el estudio del equilibrio químico resulta
esencial cuando se busca optimizar un proceso y minimizar la cantidad de
reacción que retrocede, ya sea mediante el ajuste de las condiciones
experimentales o el uso de estrategias que desplacen el equilibrio hacia la
formación del producto.
En suma, alcanzar un rendimiento
del 100 % no es solo un ideal teórico, sino también un desafío práctico: entre
impurezas, reacciones secundarias, limitaciones cinéticas y pérdidas
experimentales, cada reacción real lleva consigo una historia de imperfección
química y humana.
Niveles de rendimiento de reacción
Por tradición
básica, y para responder de forma sencilla a la pregunta de qué tan
buena es una reacción química, suele emplearse una clasificación
empírica del rendimiento: los químicos describen un rendimiento cuantitativo cuando
se aproxima al 100 %; excelente si supera el 90 %; muy
bueno cuando es mayor al 80 %; bueno si excede el 70
%; regular o aceptable cuando está por encima del 50 %; pobre si
es inferior al 40 %; y probablemente falso si es igual al 100 %. Sin embargo,
esta clasificación es solo una guía general y, en cierto
sentido, resulta ingenua, ya que cada reacción debe
evaluarse en función de su naturaleza, condiciones y propósito. No todas
las reacciones son igualmente sencillas de llevar a cabo, y no todas pueden
alcanzar altos grados de conversión debido a limitaciones termodinámicas,
cinéticas o experimentales.
Por ejemplo,
en procesos industriales de gran escala, como la síntesis
del amoníaco mediante el proceso Haber-Bosch, el rendimiento por ciclo
raramente supera el 15 % bajo condiciones normales. Aun así,
se considera un resultado excelente, ya que el sistema está diseñado para reciclar
los reactivos no convertidos, lo que permite mantener la producción
continua a bajo costo. En contraste, en reacciones de química orgánica
de laboratorio, como las esterificaciones o las síntesis
de derivados aromáticos, se suele esperar un rendimiento del 70–90
%, ya que las condiciones son más controlables y las pérdidas se minimizan
con purificaciones cuidadosas. De igual modo, en reacciones extremadamente
lentas o con equilibrios muy desplazados hacia los reactivos, incluso rendimientos
del 10 % pueden representar un logro técnico significativo si la
obtención del producto es reproducible y estable.
En el ámbito de la química
farmacéutica y de los materiales avanzados, las perspectivas cambian aún
más. En la síntesis de fármacos complejos o de moléculas
naturales con múltiples centros quirales, un rendimiento del 1–5 % puede
considerarse notable, debido a la enorme dificultad estructural y al valor del
producto final, que a menudo se obtiene tras decenas de pasos sucesivos. Un
ejemplo clásico es la obtención de taxol o de alcaloides
naturales a partir de rutas sintéticas multietapa: cada reacción
parcial contribuye a una cadena de rendimientos parciales que hacen que el
total sea bajo, pero aun así económicamente viable. Del mismo modo, en la química
de nanopartículas, semiconductores o catalizadores heterogéneos, pequeñas
cantidades de producto pueden tener efectos desproporcionados en la
reactividad o la eficiencia energética, de modo que el rendimiento numérico
deja de ser el único criterio de éxito. En síntesis, la bondad de una
reacción no se mide únicamente por su porcentaje de rendimiento, sino
por su utilidad práctica, su relevancia técnica y el valor intrínseco
del producto obtenido.
Catalizadores, rendimiento y completitud de la reacción
Los catalizadores
son sustancias que modifican la velocidad de una reacción química sin
consumirse permanentemente durante el proceso. Su función consiste en
proporcionar una ruta alternativa con menor energía de activación,
permitiendo que una mayor fracción de las moléculas reaccione en un intervalo
de tiempo dado. En términos absolutos, cuando una reacción alcanza su estado
final y se completa totalmente, la acción del catalizador deja de ser
significativa desde el punto de vista de la cantidad total de producto
obtenida, ya que ni la estequiometría ni la cantidad de reacción
teórica se modifican por la presencia del catalizador. Por esta razón,
suele afirmarse que los catalizadores no alteran el equilibrio final de la
reacción, sino únicamente la rapidez con la que este se alcanza.
Sin embargo, muchas reacciones reales requieren tiempos muy prolongados para acercarse a la completitud de reacción. En este contexto, la acción de un catalizador sí adquiere una enorme importancia práctica. El teorema de rendimiento, definido como la razón entre la cantidad de reacción experimental y la cantidad de reacción teórica (forma [1] de [Teoremas de rendimiento de una reacción]), no debe interpretarse necesariamente como un valor constante cuando se analiza en función del tiempo.
Figura 3. [Fritz
Haber] fue una figura ambivalente de la química moderna. Su proceso Haber-Bosch
permitió producir amoníaco industrial para fertilizantes, sosteniendo la
agricultura mundial. Pero también impulsó armas químicas durante la
Primera Guerra Mundial. Su legado mezcla vida y destrucción, mostrando los
grises éticos de la ciencia.
Al inicio de una
reacción, el rendimiento experimental suele ser bajo y aumenta progresivamente
conforme avanza la transformación química. Un catalizador puede acelerar
este proceso de manera significativa, permitiendo alcanzar un determinado
rendimiento en minutos en lugar de horas o incluso días. Por ejemplo, en
numerosos procesos industriales de síntesis de amoníaco, combustibles o
polímeros, el catalizador no incrementa la cantidad máxima de producto
que podría obtenerse teóricamente, pero sí reduce drásticamente el tiempo
necesario para alcanzarla, haciendo viable el proceso desde el punto de
vista técnico y económico.
Referencias
Alberts, B., Johnson, A., Lewis, J., Raff, M., Roberts, K., &
Walter, P. (2002). Molecular biology of the cell (4th ed.).
Garland Science
Baeza Baeza, J. J., & García Álvarez-Coque, M. C. (2014). Extent
of reaction balances. A convenient tool to study chemical equilibria.
Berg, J. M., Tymoczko, J. L., & Gatto, G. J. (2012). Biochemistry (7th
ed.). W.H. Freeman and Company.
Brown, T. L., LeMay, H. E. J., Bursten, B. E., Murphy, C. J., Woodward,
P., & Stoltzfus, M. W. (2015). Chemistry the Central Science.
Brown, T. L., LeMay, H. E. J., Bursten, B. E., Murphy, C. J., Woodward,
P., Stoltzfus, M. W., & Lufaso, M. W. (2022). Chemistry, the
central science (15th ed.). Pearson.
Chang, R. (2010). Chemistry (10th ed.). McGraw-Hill New
York.
Chang, R., & Overby, J. (2021). Chemistry (14th ed.). McGraw-Hill.
da Silva, D. J. (2017). The basis of the limiting reagent concept, its
identification and applications. World Journal of Chemical Education, 5(1),
1-8.
Fattizzo, B., Cavallaro, F., Marcello, A. P. M. L., Vercellati, C.,
& Barcellini, W. (2022). Pyruvate kinase deficiency: current
challenges and future prospects. Journal of Blood Medicine,
461-471.
García García, J.
L. (2020). El álgebra de la estequiometría. Educación química, 31(1),
138-150.
García García, J.
L. (2021). Hacia un equilibrio químico verdaderamente analítico. Educación
química, 32(1), 133-146.
Garst, J. F. (1974). The extent of reaction as a unifying basis for
stoichiometry in elementary chemistry. Journal of Chemical Education, 51(3),
194.
Ghanem, M., & Thomas, R. C. (2013). Cellular metabolism and
energy production (1st ed.). Springer.
Kearney, J. D., & Paterson, P. H. (2015). Metabolic pathways
and diseases (1st ed.). Academic
Press.
Matamala, M., &
González Tejerina, P. (1975). Química (1ª ed.). Bogotá:
Ediciones Cultural.
Moretti, G.
(2015). The “extent of reaction”: a powerful concept to study chemical
transformations at the first-year general chemistry courses. Foundations
of Chemistry, 17(2), 107-115.
Mousavi, A. (2019). Stoichiometry of equations through the Inverse de
Donder relation. Chemistry Teacher International, 1(1),
20180006.
Nelson, D. L., Cox, M. M., & Lehninger, A. L. (2008). Lehninger
principles of biochemistry (5th ed.). W.H. Freeman and Company.
Oruch, R. (2021). Management of pyruvate kinase deficiency: an updated
review. Int J, 4(1), 592.
Schmitz, G. (2005). What is a reaction rate?. Journal of
chemical education, 82(7), 1091.
Scrutton, M., & Shlomo, M. (2014). Enzyme mechanisms (2nd
ed.). Oxford University Press.
Seager, S. L., Slabaugh, M. M., & Hansen, M. M. (2022). Chemistry
for Today (10th ed.). Cengage Learning.
Smith, W. R., & Missen, R. W. (1979). What is chemical
stoichiometry?. Chemical Engineering Education, 13(1),
26-32.
SOLAZ, J. J., & Quilez, J. (2001). Changes of extent of
reaction in open chemical equilibria. Chemistry Education Research and
Practice, 2(3), 303-312.
Stryer, L., Berg, J. M., & Tymoczko, J. L. (2015). Biochemistry (8th
ed.). W.H. Freeman and Company.
Vandezande, J. E.,
Vander Griend, D. A., & DeKock, R. L. (2013). Reaction extrema:
Extent of reaction in general chemistry. Journal of Chemical Education, 90(9),
1177-1179.
Zumdahl, S. S., Zumdahl, S. A., DeCoste, D. J., & Adams, G. (2018). Chemistry (10th ed.). Cengage Learning.
No hay comentarios:
Publicar un comentario