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La luz es
una forma de radiación electromagnética capaz de transportar energía
a través del espacio. En sentido estricto, la palabra suele emplearse para
designar la pequeña región del espectro electromagnético que puede
detectar el ojo humano, aproximadamente entre 400 y 750 nm. Sin embargo, desde
la física moderna, la luz pertenece a una familia mucho más amplia que incluye
las ondas de radio, las microondas, la radiación infrarroja,
la radiación ultravioleta, los rayos X y los rayos gamma.
Todas estas radiaciones comparten una misma naturaleza física y se diferencian
principalmente por su frecuencia, su longitud de onda y la
cantidad de energía que transportan.
Figura 1. [Ibn
al-Haytham], conocido como Alhacén, fue un científico medieval
considerado fundador de la óptica experimental. Demostró que la visión
ocurre cuando la luz entra en los ojos, estudió la reflexión, la refracción y
la cámara oscura. Su combinación de matemáticas, observación y experimentación
influyó profundamente en la ciencia europea y anticipó el método científico
moderno.
El estudio de la
luz resulta fundamental para la química, porque gran parte de la
información sobre los átomos y las moléculas procede de la radiación que estos emiten,
absorben, reflejan o dispersan. Los electrones no pueden
observarse directamente como se observa una piedra o una célula; en cambio,
podemos estudiar sus cambios de energía analizando la luz asociada con ellos.
De esta manera, la luz actúa como una especie de mensajera entre la materia y
el observador, permitiendo conocer la estructura electrónica, la
composición de sustancias, la temperatura de estrellas, la concentración de
soluciones y numerosos procesos químicos.
Figura 2. [La
longitud de onda (λ) y la frecuencia (f)] son magnitudes
inversamente proporcionales. Una onda larga presenta baja frecuencia, mientras
una onda corta posee alta frecuencia. En la radiación electromagnética,
una mayor frecuencia implica mayor energía por fotón. Estas relaciones
permiten comprender y ordenar las diferentes regiones del espectro
electromagnético.
Historia del estudio de la luz
La luz ha
sido objeto de reflexión desde la Antigüedad. Empédocles propuso que la visión
ocurría mediante una interacción entre rayos emitidos por los ojos y rayos
procedentes de fuentes externas, como el Sol. Aunque esta idea era incorrecta,
intentaba explicar por qué solo vemos los objetos cuando existe iluminación.
Euclides, en el siglo III a. C., desarrolló una descripción geométrica de la
óptica y estableció que los rayos luminosos se desplazaban en líneas rectas.
También formuló relaciones sobre la reflexión, mostrando que el ángulo
con el que la luz llega a una superficie es igual al ángulo con el que se
aleja.
Lucrecio, influido
por el atomismo, sostuvo que la luz y el calor estaban formados por
partículas diminutas que viajaban rápidamente. En la India clásica, algunas
escuelas filosóficas describieron la luz como un flujo de partículas, mientras
que ciertas tradiciones budistas la relacionaron con destellos momentáneos de
energía. Estas explicaciones no eran teorías experimentales en el sentido
moderno, pero muestran que desde muy temprano existió una discusión entre dos
posibilidades: la luz como flujo de partículas o la luz como propagación
continua semejante a una onda.
Durante la Edad de
Oro del Islam, Alhacén, también conocido como Ibn al-Haytham, transformó
profundamente el estudio de la óptica. En su Libro de óptica, escrito
durante el siglo XI, rechazó la idea de que los ojos emitieran rayos y demostró
que la visión ocurre cuando la luz procedente de los objetos entra en el ojo.
Sus investigaciones se basaron en observaciones, experimentos y
razonamientos geométricos. También describió con precisión la cámara oscura,
mostrando que una imagen externa puede proyectarse invertida dentro de una
habitación oscura cuando la luz atraviesa un pequeño orificio. Su método
sistemático fue una contribución importante al desarrollo posterior del pensamiento
científico.
En el siglo XVII,
René Descartes propuso una explicación mecánica de la luz y estudió la refracción,
es decir, el cambio de dirección que experimenta un rayo luminoso al pasar de
un medio a otro. Aunque sus relaciones matemáticas fueron útiles, asumió
erróneamente que la luz se desplazaba más rápido en medios densos. Pierre
Gassendi retomó la idea de la luz como corpúsculos e influyó en Isaac Newton.
Hacia 1675, Newton defendió una teoría corpuscular según la cual la luz
estaba formada por partículas emitidas por las fuentes luminosas. Este modelo
explicaba con facilidad la propagación rectilínea y la reflexión, pero
encontraba dificultades para describir la refracción, la interferencia y otros
fenómenos.
Figura 3. [La
dispersión de la luz] ocurre cuando un prisma separa la luz blanca
en colores. Dentro del vidrio, cada longitud de onda viaja a una velocidad
diferente y se refracta con distinto ángulo. El violeta disminuye más su
velocidad y se desvía más que el rojo. Al salir, los colores permanecen
separados, formando un espectro visible característico.
De manera paralela,
Robert Hooke y Christiaan Huygens desarrollaron una descripción
ondulatoria. Huygens propuso que cada punto de una onda luminosa actuaba como
fuente de nuevas ondas y que la luz se propagaba mediante un medio hipotético
llamado éter luminífero. A comienzos del siglo XIX, Thomas Young
realizó su célebre experimento de la doble rendija. Cuando la luz atravesaba
dos aberturas pequeñas, producía una sucesión de franjas claras y oscuras. Este
patrón solo podía explicarse mediante la interferencia: las ondas se
reforzaban en algunos lugares y se anulaban en otros. Augustin-Jean Fresnel
desarrolló matemáticamente esta teoría y demostró que la descripción
ondulatoria explicaba con gran precisión la difracción y la polarización.
En el siglo XIX,
James Clerk Maxwell unificó los fenómenos eléctricos y magnéticos mediante una
teoría matemática. Sus ecuaciones mostraron que una perturbación de los campos
eléctricos y magnéticos podía propagarse por el espacio como una
onda y que su velocidad coincidía con la velocidad conocida de la luz. De esta
manera, Maxwell concluyó que la luz era una onda electromagnética. Esta
idea eliminó la necesidad de considerar la luz visible como un fenómeno aislado
y permitió integrarla dentro de un espectro mucho más amplio de radiaciones.
La luz como onda
Una onda es
una perturbación capaz de transportar energía sin trasladar de manera
permanente la materia a través de todo el recorrido. Las ondas se describen
mediante varios parámetros. La longitud de onda, simbolizada con la
letra griega λ, es la distancia entre dos puntos equivalentes de ondas
sucesivas, como dos crestas o dos valles. La frecuencia, simbolizada
como f, indica cuántas oscilaciones completas pasan por un punto durante un
segundo y se mide en hercios. La amplitud corresponde a la separación
máxima entre la línea media y la cresta o el valle; en muchas ondas, una mayor
amplitud se relaciona con una mayor cantidad de energía transportada.
Las ondas pueden
clasificarse en mecánicas y electromagnéticas. Las ondas
mecánicas necesitan un medio material para propagarse. El sonido, por
ejemplo, viaja mediante compresiones y expansiones de las partículas del aire,
del agua o de los sólidos. Las ondas sísmicas se desplazan a través de las
capas terrestres y permiten estudiar el interior del planeta. En las ondas
superficiales del agua, las moléculas no viajan desde el punto de origen hasta
la orilla, sino que oscilan mientras la energía de la perturbación se propaga.
Figura 4. [El
experimento de la doble rendija] muestra que las ondas de agua
producen interferencia, mientras los proyectiles forman dos bandas. La luz y
los electrones, incluso enviados individualmente, generan impactos
puntuales que construyen franjas de interferencia. Cuando se detecta la
trayectoria seguida, el patrón desaparece porque se pierde la coherencia
cuántica y quedan rutas distinguibles, como en partículas clásicas
macroscópicas.
Las ondas
electromagnéticas, en cambio, no requieren un medio material. Se producen
mediante oscilaciones acopladas de un campo eléctrico y un campo magnético,
orientados perpendicularmente entre sí y también respecto de la dirección de
propagación. Por esta razón pueden viajar a través del vacío, como
ocurre con la luz procedente del Sol y de las estrellas. En el vacío, todas las
ondas electromagnéticas se desplazan con una rapidez aproximada de 2.998 × 10⁸
m/s.
La relación entre
la velocidad de la luz, su longitud de onda y su frecuencia se expresa
mediante c = λ f, en
esta relación, c representa la velocidad de la luz en el vacío, λ la longitud de onda y f la
frecuencia. Como c permanece constante en el vacío, la longitud de onda y la
frecuencia son inversamente proporcionales. Esto significa que una radiación
con frecuencia alta posee una longitud de onda corta, mientras
que una radiación con frecuencia baja posee una longitud de onda larga.
El espectro electromagnético
El espectro
electromagnético organiza las radiaciones de acuerdo con su frecuencia o
longitud de onda. En un extremo se encuentran las ondas de radio, que
presentan longitudes de onda muy grandes y frecuencias relativamente bajas.
Después aparecen las microondas, la radiación infrarroja, la luz visible, la
radiación ultravioleta, los rayos X y los rayos gamma. Estos últimos poseen
longitudes de onda extremadamente pequeñas y frecuencias muy elevadas.
La luz visible
constituye únicamente una franja estrecha del espectro electromagnético. Sus
colores se ordenan aproximadamente desde el violeta, con menor longitud de onda
y mayor frecuencia, hasta el rojo, con mayor longitud de onda y menor
frecuencia. Entre ambos se encuentran el azul, el verde, el amarillo y el
naranja. Aunque los límites pueden variar ligeramente según la fuente, suele
considerarse que el espectro visible se extiende aproximadamente entre 400 y
750 nm.
Figura 5. [El
espectro electromagnético] organiza todas las radiaciones según su frecuencia,
longitud de onda y energía. Incluye ondas de radio, microondas, radiación
infrarroja, luz visible, ultravioleta, rayos X y rayos gamma. Aunque
todas viajan como ondas electromagnéticas, interactúan de manera distinta con
la materia, permitiendo aplicaciones en comunicaciones, medicina,
química y astronomía.
La percepción del color
depende de la interacción entre la luz y la materia. Cuando la luz blanca
incide sobre un objeto, algunas longitudes de onda pueden ser absorbidas y
otras reflejadas. Un objeto aparece rojo porque refleja principalmente la luz
correspondiente a esa región del espectro y absorbe muchas de las demás
longitudes de onda. Un objeto negro absorbe gran parte de la radiación visible,
mientras que uno blanco refleja una proporción amplia de todas las longitudes
de onda. Los materiales transparentes permiten el paso de determinadas
radiaciones, aunque pueden absorber otras.
También existen
fenómenos de dispersión, en los cuales la luz cambia de dirección al
interactuar con partículas o estructuras microscópicas. El color azul del
cielo, por ejemplo, se relaciona con la dispersión más intensa de las
longitudes de onda cortas por las moléculas de la atmósfera. De manera
semejante, el efecto Tyndall permite observar el trayecto de un haz luminoso en
un coloide porque las partículas dispersan la luz en diferentes direcciones.
Los espectros
Un espectro
es la distribución de la radiación según sus longitudes de onda o frecuencias.
Cuando la luz blanca atraviesa un prisma o una red de difracción, se separa en
sus distintos colores. Si contiene todas las longitudes de onda visibles sin
interrupciones, produce un espectro continuo, semejante a un arcoíris
completo. Sin embargo, la luz emitida o absorbida por los átomos no siempre
forma una banda continua.
A comienzos del
siglo XIX, Joseph von Fraunhofer examinó con gran precisión la luz solar
y observó numerosas líneas oscuras dentro del espectro continuo. Estas líneas,
llamadas líneas de Fraunhofer, indicaban que ciertas longitudes de onda
estaban ausentes o presentaban menor intensidad. En ese momento todavía no se
comprendía completamente su origen, pero más tarde se descubrió que eran
producidas por la absorción selectiva de luz en los gases presentes en la
atmósfera solar.
Figura 6. [Los
espectros] de emisión aparecen cuando átomos excitados
liberan fotones y producen líneas brillantes. Los espectros de absorción
surgen cuando una sustancia retiene ciertas frecuencias, dejando líneas
oscuras. Cada elemento presenta un patrón propio relacionado con sus niveles
energéticos. Estos espectros permiten identificar sustancias, medir
concentraciones y estudiar la composición de estrellas, gases, materiales y
otros sistemas químicos.
El desarrollo de
tubos de descarga permitió estudiar gases a bajas presiones sometidos a altos
voltajes. En estos dispositivos, la energía eléctrica excitaba los átomos del
gas y hacía que emitieran luz. Cuando esta radiación se analizaba mediante un espectroscopio,
no aparecía un arcoíris continuo, sino una serie de líneas brillantes
separadas. Cada línea correspondía a una longitud de onda específica y cada
elemento producía un patrón particular.
Gustav Kirchhoff y
Robert Bunsen demostraron que los elementos químicos podían identificarse
mediante sus líneas espectrales. Cuando un gas caliente y excitado emite luz,
genera un espectro de emisión formado por líneas brillantes sobre un
fondo oscuro. Cuando una fuente de luz continua atraviesa un gas relativamente
frío, ciertas longitudes de onda son absorbidas y se obtiene un espectro de
absorción, formado por líneas oscuras sobre un fondo continuo.
Las líneas de
emisión y absorción de un mismo elemento aparecen en las mismas longitudes de
onda. Esto significa que los átomos absorben precisamente las radiaciones que
también pueden emitir bajo condiciones adecuadas. Así, una línea brillante en
un espectro de emisión corresponde a una línea oscura en el espectro de
absorción del mismo elemento.
Cada elemento posee
una especie de huella digital espectral. El hidrógeno presenta un
conjunto de líneas diferente al del sodio, el mercurio o el neón. Gracias a
este principio fue posible identificar elementos presentes en estrellas
distantes sin necesidad de tomar muestras directas. El helio, por
ejemplo, fue detectado inicialmente en el espectro solar antes de ser aislado
en la Tierra.
En la actualidad,
la espectrometría se utiliza para analizar la composición de materiales,
medir concentraciones, detectar contaminantes, estudiar alimentos, diagnosticar
enfermedades y examinar la atmósfera de planetas y estrellas. Sin embargo, las
líneas espectrales plantearon un problema profundo para la física clásica: ¿por
qué los átomos solo emiten o absorben determinadas frecuencias y no cualquier
valor posible?
El problema del modelo clásico
El modelo de
Rutherford describía a los electrones como partículas que se movían alrededor
del núcleo. De acuerdo con el electromagnetismo clásico, una carga
acelerada debe emitir radiación continuamente. Un electrón en una trayectoria
curva estaría acelerado, por lo que debería perder energía de manera
progresiva, acercarse al núcleo y finalmente caer sobre él. Durante esta caída
emitiría una sucesión continua de frecuencias.
Sin embargo, los
átomos reales son estables y sus espectros no son continuos. Cada elemento
emite únicamente determinadas líneas. La luz observada en los espectros
demostraba que la energía atómica no podía variar de cualquier manera. Existían
valores permitidos y valores prohibidos. Esta contradicción fue una de las
señales más importantes de que la física clásica era insuficiente para
describir el mundo atómico.
La luz como partícula
A finales del siglo
XIX aparecieron otros fenómenos que tampoco podían explicarse completamente
mediante la teoría ondulatoria clásica. Uno de ellos fue la radiación emitida
por los cuerpos calientes. Los modelos clásicos predecían que un cuerpo debería
emitir cantidades ilimitadas de energía en frecuencias altas, resultado absurdo
conocido como la catástrofe ultravioleta.
En 1900, Max
Planck propuso que la materia no emitía ni absorbía energía de manera
continua, sino en pequeñas porciones discretas llamadas cuantos. La
energía de cada cuanto dependía de la frecuencia de la radiación: E = h f. En esta expresión, E representa la energía, f la
frecuencia y h la constante de Planck. La propuesta implicaba que una
radiación de frecuencia alta transportaba paquetes de energía mayores que una
radiación de frecuencia baja. Planck consideró inicialmente esta cuantización
como una estrategia matemática, pero pronto se convirtió en la base de una
nueva física.
Figura 7. [Los
espectros de emisión] muestran las líneas luminosas características
que emite cada elemento químico cuando sus electrones regresan a niveles
de menor energía. Hidrógeno, helio, litio, carbono, oxígeno, nitrógeno y neón
presentan patrones únicos de longitudes de onda. Estas huellas espectrales
permiten identificar elementos en laboratorios, industrias y objetos
astronómicos.
En 1905, Albert
Einstein aplicó la idea de Planck al efecto fotoeléctrico. Este
fenómeno ocurre cuando la luz incide sobre ciertos metales y provoca la
expulsión de electrones. La física clásica predecía que una luz muy intensa
debería extraer electrones sin importar su frecuencia. No obstante, los
experimentos mostraban que existía una frecuencia mínima: por debajo de
ella, ningún electrón era emitido, aunque la luz fuera muy intensa.
Einstein explicó
que la luz estaba formada por paquetes de energía que posteriormente recibieron
el nombre de fotones. Cada fotón entregaba su energía a un electrón. Si
esa energía era suficiente para superar la fuerza que mantenía al electrón
unido al metal, el electrón era expulsado. Aumentar la intensidad de la
luz significaba aumentar el número de fotones, pero no la energía de cada uno.
En cambio, aumentar la frecuencia incrementaba la energía individual de los
fotones.
Este comportamiento
mostraba que la luz poseía propiedades semejantes a las de una partícula.
Los fotones transportan energía y cantidad de movimiento, pueden transferir
impulso a la materia y producir efectos localizados. Sin embargo, la
interferencia y la difracción demostraban claramente que la luz también se
comportaba como una onda.
Dualidad onda-partícula
La física moderna
concluyó que la luz presenta una dualidad onda-partícula. No es una onda
clásica ni una partícula clásica en el sentido cotidiano. Dependiendo del
experimento realizado, puede manifestar propiedades ondulatorias, como
interferencia, difracción y polarización, o propiedades corpusculares, como
transferencia discreta de energía en el efecto fotoeléctrico.
La dualidad no
significa que la luz cambie arbitrariamente entre dos naturalezas
independientes. Significa que los modelos clásicos de onda y partícula son
aproximaciones parciales de una realidad cuántica más profunda. La luz se
describe mediante un estado cuántico que puede propagarse e interferir como una
onda, pero que intercambia energía con la materia en cantidades discretas
llamadas fotones.
Figura 8. [Cecilia
Payne-Gaposchkin] demostró que el hidrógeno y el helio son los
principales componentes de las estrellas, revolucionando la astrofísica
moderna. Su investigación sobre los espectros estelares explicó que las
diferencias observadas dependen principalmente de la temperatura. Fue la
primera mujer en dirigir un departamento de Harvard y una pionera de la
astronomía del siglo XX.
Esta nueva
comprensión permitió resolver parte del problema de los espectros atómicos.
Si la luz solo puede emitirse o absorberse en cuantos específicos, entonces las
líneas espectrales deben corresponder a cambios concretos de energía dentro del
átomo. Sin embargo, todavía era necesario explicar por qué los electrones solo
podían poseer ciertos valores energéticos y cómo se organizaban alrededor del
núcleo.
La respuesta
surgiría con el desarrollo de la teoría cuántica, el modelo de Bohr y,
posteriormente, la mecánica cuántica. En la siguiente lección veremos cómo la
cuantización de la energía permitió abandonar la imagen clásica del electrón
orbitando continuamente y construir una descripción más precisa de la estructura
electrónica del átomo.
Figura 9. [Joseph
von Fraunhofer] fue un físico y óptico alemán que descubrió las líneas
oscuras del espectro solar, hoy llamadas líneas de Fraunhofer. Sus
estudios mejoraron la fabricación de instrumentos ópticos y sentaron las bases
de la espectroscopia moderna. Sus descubrimientos permitieron
identificar elementos químicos en el Sol, las estrellas y otras fuentes de luz.
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Como textos
modernos de apoyo para un libro de química de bachillerato también son muy
recomendables:
Atkins, P.,
& Jones, L. (2023). Principios de química: Los caminos del
descubrimiento (8.ª ed.). Editorial Médica Panamericana.
Brown, T.
L., LeMay, H. E., Bursten, B. E., Murphy, C., Woodward, P., & Stoltzfus, M.
(2024). Química: La ciencia central (15.ª ed.). Pearson.
Chang, R.,
& Goldsby, K. A. (2023). Química (14.ª ed.). McGraw-Hill.
Petrucci,
R. H., Herring, F. G., Madura, J. D., & Bissonnette, C. (2021). Química
general: Principios y aplicaciones modernas (12.ª ed.). Pearson.
La luz es una forma de energía que se propaga en forma de ondas electromagnéticas y que puede ser percibida por el ojo humano. Es fundamental para la vida en la Tierra, ya que permite la visión, participa en procesos naturales y tiene numerosas aplicaciones científicas y tecnológicas.
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