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martes, 21 de julio de 2026

Figura. El experimento de la doble rendij

El experimento de la doble rendija permite comparar el comportamiento de objetos, ondas y partículas cuánticas. Cuando ondas de agua avanzan hacia una barrera con dos aberturas, cada rendija actúa como una nueva fuente de ondas circulares. Al superponerse, unas crestas coinciden con otras y producen interferencia constructiva, mientras que una cresta puede coincidir con un valle y generar interferencia destructiva. Detrás de la barrera aparece un patrón alternado de regiones con mayor y menor amplitud, característica típica del comportamiento ondulatorio.

Si el mismo montaje se realiza con proyectiles macroscópicos, como esferas, cada objeto atraviesa una rendija o la otra siguiendo una trayectoria definida. La pantalla registra dos acumulaciones alineadas con las aberturas, pero no aparece un patrón de interferencia. Con la luz sucede algo diferente. Incluso cuando se envían fotones individualmente, los impactos aislados parecen puntuales; sin embargo, al acumular muchos registros surge una sucesión de franjas claras y oscuras. Esto demuestra que la luz se propaga con propiedades de onda, aunque intercambia energía mediante partículas llamadas fotones.

Los electrones producen un resultado todavía más sorprendente. Enviados uno por uno hacia las dos rendijas, cada electrón genera un impacto localizado, pero numerosos impactos forman un patrón de interferencia. La distribución indica que cada electrón está descrito por una función de onda asociada con ambas trayectorias posibles. Cuando se instala un detector para determinar por cuál rendija pasó, la interferencia desaparece y quedan dos bandas semejantes a las de los proyectiles. No es necesario que una persona observe conscientemente: la interacción con el detector altera el sistema y permite distinguir las rutas. Si la información sobre la trayectoria queda disponible, se pierde la coherencia cuántica; si ambas rutas permanecen indistinguibles, reaparece la interferencia. El experimento evidencia que las partículas cuánticas no siguen siempre trayectorias clásicas definidas antes de la medición.

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