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martes, 21 de julio de 2026

Figura. La dispersión de la luz

 La dispersión de la luz ocurre cuando un haz de luz blanca atraviesa un prisma y se separa en sus diferentes colores. Al entrar desde el aire al vidrio, la luz cambia de dirección por refracción, debido a que su velocidad disminuye dentro del material. Sin embargo, esta disminución no es igual para todas las longitudes de onda. Cada color interactúa de forma distinta con los átomos del vidrio y presenta un índice de refracción particular. Como resultado, el rojo se desvía menos, mientras que el violeta se desvía más, formando una banda continua semejante a un arcoíris.

En el vacío, todas las radiaciones electromagnéticas viajan con la misma velocidad de la luz, aproximadamente 2.998 × 10⁸ m/s. Dentro del prisma, su rapidez se reduce según la relación entre la velocidad en el vacío y el índice de refracción del material. La frecuencia de cada color permanece constante al cruzar la frontera, porque está determinada por la fuente emisora. En cambio, al disminuir la velocidad, también disminuye la longitud de onda dentro del vidrio. Como el índice de refracción depende de la longitud de onda, la luz violeta viaja ligeramente más despacio que la roja y experimenta una desviación mayor.

Al salir del prisma y regresar al aire, cada color aumenta nuevamente su velocidad y recupera la longitud de onda correspondiente a ese medio, pero conserva la dirección adquirida durante las dos refracciones. Por ello, los colores emergen separados y pueden observarse individualmente. La dispersión demuestra que la luz blanca es una combinación de múltiples radiaciones visibles, no una sustancia homogénea. Este fenómeno permite explicar los arcoíris y constituye la base de instrumentos como los espectroscopios, empleados para separar la luz y analizar la composición química de sustancias, estrellas y gases mediante sus patrones característicos de emisión o absorción.

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