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al índice [Unidades
y medidas]
En 1947, la novena Conferencia General de
Pesas y Medidas aprobó un conjunto de recomendaciones sobre la
notación de los símbolos del sistema métrico. Estas directrices, que
posteriormente sirvieron de base para las normas de escritura del
Sistema Internacional de Unidades, fueron adoptadas de manera progresiva
por la Organización Internacional de Normalización (ISO) y por
la Comisión Electrotécnica Internacional (IEC). Finalmente, en
agosto de 2013, ambas instituciones consolidaron y unificaron sus criterios
mediante la publicación conjunta de la norma ISO/IEC 80000,
estableciendo un marco normativo común para la representación de magnitudes y
unidades.
Nombres de las unidades
Los nombres de las
unidades deben escribirse como sustantivos comunes, siempre en minúscula,
incluso cuando honran a científicos. Así, “Newton” designa al científico,
mientras que “newton” se refiere a la unidad de fuerza. La forma gráfica y la
pronunciación pueden adaptarse al idioma —litro, liter o litre— y su
pluralización seguirá las reglas lingüísticas locales; en español, por ejemplo,
se añade una s para formar “metros” o “segundos”.
En casos como newton, se aplican las normas generales
del español para extranjerismos: los terminados en consonante suelen formar
el plural añadiendo s, por lo que el plural correcto es newtons.
Para hertz, se emplea la forma adaptada hercio, cuyo plural es hercios.
Otros casos deben resolverse conforme a las normas lingüísticas vigentes y al
uso académico establecido.
Símbolos de las unidades
Aunque el nombre de las unidades puede
variar según el idioma local, la escritura de los símbolos de las
unidades y de las magnitudes debe ser uniforme a nivel mundial;
de lo contrario, el Tratado del Metro perdería todo sentido operativo.
Idealmente, las reglas que se exponen a continuación deberían aplicarse tanto
en textos producidos con procesadores de texto como en escritos
a mano. El hecho de que estas convenciones no siempre se enseñen de forma
explícita explica por qué a menudo se ignoran; aun así, resulta conveniente y
necesario adoptarlas para mantener claridad y coherencia en la comunicación
científica.
El valor numérico de una magnitud debe ir seguido de un espacio en blanco, que representa implícitamente el signo de multiplicación, y a continuación se escribe el símbolo de la unidad. Por ejemplo: 70 kg, 7.3 m, 22 K. Esta regla también se aplica al símbolo porcentual, de modo que se escribe 15 %, con espacio entre el número y el símbolo.
Símbolos de ángulos: Como (°, ′,
″), en estos casos no se deja espacio entre el número y el símbolo, como en 45° o
30′.
Símbolos
de unidades: son términos algebraicos, no como siglas ni
abreviaturas. Por esta razón, no llevan punto final, salvo cuando
coinciden con el final de una oración o de un párrafo. Esta convención refuerza
la idea de que las unidades forman parte del lenguaje matemático y físico, y no
del lenguaje abreviado común, garantizando así una notación clara, precisa y universalmente
interpretable.
Los símbolos de las unidades nunca se
escriben en plural. Por ejemplo, aunque se diga “veinticinco
kilogramos”, el símbolo debe escribirse siempre como 25 kg y nunca
como kgs, ya que esta forma puede confundirse con el símbolo de la unidad
de tiempo, el segundo (s). Los símbolos representan entidades
algebraicas, no palabras del lenguaje común.
Símbolos
de derivadas: Cuando se expresan unidades derivadas formadas
por productos, debe emplearse un punto centrado o un espacio entre
los símbolos de las unidades, con el fin de evitar confusiones con símbolos
decimales. Por ejemplo, son correctas las notaciones N m o N·m,
mientras que la yuxtaposición directa Nm de los símbolos puede
inducir a interpretaciones erróneas.
En el caso de las unidades derivadas que implican
divisiones, la notación puede realizarse mediante una barra oblicua o
mediante exponentes negativos. Así, una magnitud puede expresarse
como m/s o de forma equivalente utilizando potencias negativas m·s-1.
Ambas representaciones son válidas, siempre que se mantenga la coherencia y la
legibilidad de la expresión.
Con relación a la regla anterior, cuando se escribe en
una sola línea, como ocurre en documentos de Word o en blogs, debe evitarse
el uso de más de una barra oblicua (/) dentro de una misma expresión,
ya que ello genera ambigüedad y dificulta la lectura. En estos casos, resulta
preferible recurrir al uso de exponentes negativos o a
paréntesis implícitos para mantener la claridad de la notación.
Unidades
honoríficas: Cuando el símbolo de una unidad deriva del
apellido de un científico, este se escribe con mayúscula inicial;
si el símbolo consta de más de una letra, solo la primera va en mayúscula y las
demás en minúscula. Un ejemplo es el pascal, cuyo símbolo es Pa, en honor
a Blaise Pascal. La única excepción es el litro, cuyo símbolo puede
escribirse tanto como L como l, siendo ambas formas aceptadas.
No obstante, por convención se suele emplear L mayúscula cuando no
está acompañado de un prefijo decimal, y l minúscula cuando sí lo
está, como en ml. Aun así, se recomienda el uso sistemático de la L mayúscula para
evitar confusiones con el número 1.
Cuidado
de mayúsculas y minúsculas: Las mayúsculas y minúsculas poseen
significado propio y su uso correcto es estrictamente obligatorio.
Un error en la capitalización puede implicar diferencias de varios órdenes de
magnitud. Por ejemplo, mW miliwatt y MW megawatt no son
intercambiables: el miliwatt corresponde a potencias típicas de dispositivos
pequeños, mientras que el megawatt describe potencias asociadas a sistemas
industriales o de transporte. Esta distinción es especialmente importante para
quienes tienden a escribir textos completamente en mayúsculas, práctica que
resulta incompatible con la notación científica correcta.
Unidades
de temperatura: En lo que respecta a los símbolos de temperatura, las
unidades de "grado" llevan el signo °: por ejemplo,
"grados" (°) o "grados centígrados" (°C),
pero el kelvin ya no se antepone con el símbolo de grado y se
escribe simplemente "kelvin" (K).
Prefijos de las unidades
Un prefijo decimal es un sustituto normalizado de una
potencia de base diez que se incorpora a la unidad base para expresar
cantidades mucho más pequeñas —mediante potencias negativas— o mucho más
grandes —mediante potencias positivas— sin cambiar de unidad fundamental. En
lugar de introducir nuevas unidades para cada múltiplo o submúltiplo, el
sistema decimal mantiene la misma unidad base y modifica únicamente su escala
mediante multiplicadores o divisores estandarizados [Tablas
de prefijos decimales]. A diferencia del sistema imperial, donde suelen
emplearse unidades distintas para diferentes órdenes de magnitud, el sistema
decimal conserva coherencia estructural al usar prefijos que representan
factores de 10ⁿ, facilitando conversiones, cálculos y análisis dimensional.
Uso
y símbolos: Los prefijos decimales forman parte
integral de la unidad, por lo que no se deja espacio entre
el prefijo y el símbolo de la unidad base. Ambos se tratan como un todo
indivisible, tanto en la escritura como en la interpretación algebraica.
Así, se escriben correctamente expresiones como 5 km, 2 MPa o
3 GHz, donde el prefijo y la unidad constituyen una única entidad
simbólica. Esta convención implica que el prefijo no debe separarse ni
considerarse un elemento independiente, ya que representa un factor de
escala definido que modifica directamente a la unidad. Por esta
razón, no se permiten prefijos compuestos. Cada unidad puede
llevar, como máximo, un solo prefijo decimal. Expresiones como mkm, kkg o
combinaciones equivalentes son incorrectas desde el punto de vista normativo y
conceptual.
Producto de prefijos: Sin embargo, aunque no se permiten prefijos compuestos dentro de una misma unidad, sí se permiten operaciones algebraicas entre prefijos cuando estos pertenecen a unidades independientes. Por ejemplo, al simplificar una expresión en la que aparece el producto de un prefijo kilo por una unidad kilómetro, el producto efectivo de los prefijos es k × k = 10³ × 10³ = 10⁶, lo que corresponde al prefijo mega. En estos casos, la operatividad no necesita hacerse explícita paso a paso: es válido cancelar algebraicamente los prefijos y sustituir el resultado por el prefijo único equivalente que represente correctamente el producto. Esta práctica simplifica la escritura, mantiene la coherencia dimensional y evita introducir prefijos compuestos prohibidos, sin perder rigor matemático ni físico.
Unidades
no lineales: Las unidades con prefijos y potencias,
como en el caso de cm², deben interpretarse como si incluyeran un paréntesis
implícito: en realidad funcionan como (cm)². Esto significa que el prefijo también
queda afectado por la potencia, aunque no se escriba de forma
explícita. Operativamente, cm² equivale a (10⁻² m)²,
lo que puede descomponerse aplicando la distribución de la potencia como
(10⁻²)²
· m². Al elevar el prefijo al cuadrado se obtiene 10⁻⁴,
por lo que cm² es dimensionalmente equivalente a 10⁻⁴ m².
Esta propiedad suele darse por supuesta y rara vez se
explica de forma explícita, pero es fundamental para comprender correctamente
la conversión de unidades. Por ejemplo, 1 cm² no equivale a 10⁻² m²,
sino a 10⁻⁴ m², diferencia que se vuelve crítica cuando se
trabaja con áreas pequeñas o grandes escalas. El efecto se amplifica aún más en
magnitudes cúbicas: un volumen expresado en cm³ debe interpretarse
como (10⁻² m)³ = 10⁻⁶ m³, no como 10⁻² m³.
El paréntesis implícito es, por tanto, una regla algebraica silenciosa pero
obligatoria.
En análisis dimensional complejos, especialmente
aquellos que involucran áreas y volúmenes, ignorar esta regla
conduce a errores de varios órdenes de magnitud. Los prefijos no son etiquetas
externas a la unidad, sino factores numéricos integrados que
participan plenamente en las operaciones algebraicas. Reconocer que cm² = 10⁻⁴ m² y
que cm³ = 10⁻⁶ m³ permite realizar conversiones coherentes
y garantiza la consistencia dimensional de los resultados,
aspecto esencial en cálculos fisicoquímicos rigurosos.
Separadores de decimales, miles, millones etc
El separador decimal puede ser
un punto (.) o una coma (,). En la práctica, el
punto se emplea principalmente en los países angloparlantes, en México y en
gran parte de Asia, mientras que la coma es habitual en Europa y en buena parte
de Latinoamérica. No obstante, se recomienda adoptar la notación
anglosajona, ya que la mayor parte de la ciencia moderna se publica en ese
idioma. Sea cual sea la elección, es indispensable mantener la
consistencia a lo largo de todo el texto o documento.
Para evitar errores cuando no se recuerda con certeza qué
separador decimal se está utilizando, es aconsejable reservar exclusivamente
el punto o la coma para los decimales y representar los agrupamientos
de miles mediante un espacio en blanco. Así, un número como mil se
escribe 1 000, lo que elimina ambigüedades y facilita la lectura en cualquier
contexto internacional.
De manera análoga, para separar grupos de tres cifras hacia
la derecha en números grandes, se debe emplear un espacio en
lugar de puntos o comas, evitando así confusiones con el separador decimal.
Esta convención es especialmente útil en textos científicos y técnicos donde la
claridad numérica es prioritaria.
Finalmente, debido a que las definiciones de billón y trillón varían
según el idioma y la tradición cultural, se recomienda descontinuar el
uso de expresiones como partes por millón y partes por trillón. En su
lugar, resulta más claro y seguro emplear notación científica o
expresiones basadas directamente en potencias de diez, lo que garantiza una
interpretación inequívoca de los valores numéricos.
Diferenciando entre parámetros y unidades
En un procesador de
texto, los símbolos de unidades y los símbolos de parámetros físicos
deben distinguirse claramente. Las unidades se escriben en fuente recta
(m, s, kg, A), mientras que las variables se escriben en cursiva (rₓ,
t, m, I). Esta diferencia es funcional, pues permite identificar de inmediato
si un símbolo representa una magnitud o una unidad.
Al escribir a mano, se mantiene el mismo criterio: las unidades se trazan
ligeramente más pequeñas que
los números y los exponentes deben guardar
proporción adecuada para evitar confusiones.
Aunque normalmente todo se escribe en negro, con fines
didácticos se adopta un código cromático: parámetros y operadores
en negro, unidades en púrpura e identidades en azul. Esta
estrategia facilita el análisis dimensional. Además, se recomienda manipular
primero la función de forma abstracta y sustituir valores al final, en lugar de
reemplazar y despejar desde el inicio, ya que este método reduce términos
innecesarios y mejora la claridad algebraica.
Factor común en intervalos
Para expresar intervalos de confianza se
aplicará la regla del factor común, de modo que la parte
significativa incluya el valor central y sus límites
de incertidumbre dentro de un mismo paréntesis, mientras que la unidad —y
la identidad, en caso de emplear factor marcado— quede escrita
fuera. Esta convención permite una lectura clara y evita interpretaciones
ambiguas sobre el alcance de la incertidumbre.
Así, la forma correcta de escribir un valor con
incertidumbre es (100 ± 2) mm, y no 100 mm ± 2 mm. En la
primera expresión queda explícito que la incertidumbre afecta al valor
completo de la magnitud, mientras que en la segunda se induce a una lectura
fragmentada y menos rigurosa. El uso sistemático de esta notación refuerza la
coherencia algebraica, simplifica el análisis dimensional y mejora la
claridad en la comunicación de resultados experimentales.
[Ej.
Lenguaje químico-matemático]
Referencias
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https://doi.org/10.1351/goldbook
Serway, R.
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