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Una ley de sumatoria indica que
una cantidad total se obtiene al sumar de forma
ordenada varios elementos individuales. Se representa
matemáticamente con el símbolo sigma (∑), una letra griega
mayúscula. La notación de esta sumatoria puede variar,
adaptándose al nivel de detalle que se requiera sobre el
conjunto de datos a incluir.
Puedes imaginar el símbolo ∑ como
el equivalente matemático del comando "=SUMA" en
programas como Excel. Así como en Excel, después del comando se especifica
el rango de celdas a sumar (desde la inicial hasta la final),
la notación de sumatoria funciona de manera similar. Debajo del símbolo
sigma se coloca la variable de iteración (comúnmente i o j)
y el valor inicial de esa variable (por ejemplo, i=1).
Encima del símbolo se escribe el valor final (n). Esta
configuración indica claramente desde qué elemento comienza la
suma y hasta cuál se extiende, proporcionando un método conciso y universal
para expresar la adición de múltiples términos.
Pulse en [Figura. Notación sumatoria] para la descripción de la imagen.
Sin embargo, en muchas ocasiones no se requiere tanto
detalle. Por ejemplo, si ya sabemos que debemos sumar todos los elementos de un
conjunto de datos, no es necesario especificar el índice inicial ni el final.
En esos casos, basta con escribir simplemente el símbolo de suma (∑), lo
cual es suficiente para expresar la idea de adición total.
Las leyes de suma se representan de esta
forma porque, con frecuencia, sabemos que una cantidad debe sumarse, aunque no
tengamos claro cuántos elementos intervienen en un caso específico. Por ello,
la notación de sumatoria, al igual que otras formas de escritura compacta como
las diferencias (Δ) o derivadas, cumple una función fundamental: reducir
la cantidad de escritura necesaria, especialmente durante una demostración
matemática o al plantear fórmulas generales que describen leyes
físico-químicas.
Este tipo de notación no solo facilita el trabajo escrito,
sino que también permite pensar de manera más abstracta y general sobre los
fenómenos que estamos modelando.
Cifras significativas
Antes de continuar, es importante destacar que los elementos
de una suma pueden tener diferentes niveles de precisión, es decir, distinta
cantidad de información numérica mostrada. A mayor número de decimales, mayor
es la precisión del instrumento de medición utilizado, y por lo tanto, mayor la
confianza en ese valor.
Sin embargo, al realizar una sumatoria, no se puede inventar
información que no existe. La suma total debe expresarse con un nivel de
precisión coherente con el dato menos preciso. Por esta razón, tanto en sumas
como en restas, el resultado final debe redondearse al número de
decimales correspondiente al dato con menor precisión decimal. Esta
regla asegura que el resultado refleje adecuadamente las limitaciones de las
mediciones originales y respete el concepto de cifras significativas.
Regla de redondeo
La regla de redondeo estándar establece que, al reducir el
número de cifras decimales de un valor numérico, debemos observar el primer
dígito que se eliminará o primera cifra NO-significativa: si ese
dígito es mayor o igual a 5, se aumenta en una unidad relativa el último
dígito significativo que se conserva; si es menor que 5, el último dígito
se mantiene sin cambios. Esta regla se aplica para mantener el valor aproximado
lo más cercano posible al original, respetando la cantidad de cifras
significativas requeridas en cálculos o reportes. Por ejemplo, si redondeamos
el número 3,476 a dos cifras decimales, observamos el tercer decimal (6): como
es mayor que 5, el número se redondea a 3,48.
Tipos de leyes de suma
Las leyes de sumatoria pueden clasificarse en Suma de valores
absolutos, suma de escalares con sentido, suma de vectores, suma
de monomios y suma de funciones.
Suma de valores absolutos
Una suma de valores absolutos, o de módulos sin
sentido, describe una operación en la que todos los términos son estrictamente
positivos y carecen de orientación o polaridad asociada. En este tipo de
sumas no se comparan estados ni se evalúan procesos, sino que simplemente se acumulan
cantidades. Por ello, el resultado representa una magnitud total obtenida
por agregación directa, sin que intervengan signos que indiquen dirección,
ganancia o pérdida.
Un ejemplo claro de este enfoque es la forma estática de
la ley de conservación de la masa. Cuando un sistema no experimenta cambios
—es decir, cuando se analiza en condiciones de equilibrio o en un estado fijo—,
las masas de los distintos componentes pueden tratarse como módulos. En
este contexto, no existe un sentido de transferencia o transformación que deba
ser señalado, ya que todas las contribuciones de masa son positivas por
definición. La suma de masas se interpreta entonces como una simple adición de
cantidades físicas presentes en el sistema.
Enlace
a [Ley
de la conservación de la masa]: ver la forma [2] para este ejemplo.
Este tratamiento resulta adecuado siempre que no se estudie
la evolución del sistema ni los procesos de intercambio con el entorno. En
cuanto se introduce la noción de cambio, reacción o flujo, la masa deja de ser
un mero módulo y pasa a requerir una interpretación con sentido,
especialmente cuando se comparan estados iniciales y finales. Sin embargo, en
el análisis estático, el uso de módulos simplifica la formulación algebraica y
permite expresar de manera clara y directa la conservación de la masa como una
igualdad entre sumas de cantidades positivas.
Suma de escalares con sentido
Las sumas de escalares con sentido añaden un nivel
adicional de complejidad, ya que uno o más términos pueden presentar sentido
negativo, lo que da lugar a una suma algebraica. En este tipo de
expresión no se realizan únicamente adiciones, sino también sustracciones,
y el resultado depende tanto del valor absoluto de cada término como del
sentido que se les haya asignado.
Este tipo de sumas aparece con frecuencia en química
cuando se introduce un sentido de cambio químico. En ese contexto, a los
términos iniciales suele asignárseles un sentido negativo, mientras que
los términos finales adoptan un sentido positivo, permitiendo describir
transformaciones como reacciones, disoluciones o precipitaciones dentro de una
misma expresión algebraica. De manera análoga, en física, estas sumas se
utilizan al considerar componentes asociadas a ejes fundamentales como x,
y o z, donde una magnitud puede apuntar en el sentido polar
positivo o negativo de un eje dado.
Enlace
a [Ley
de la conservación de la masa]: ver la forma [1] para este ejemplo.
Aunque estas cantidades pueden recordar a los vectores, no
lo son. No intervienen ángulos ni direcciones en el plano o en el espacio,
sino únicamente un valor absoluto acompañado de un sentido polar. Se
trata, por tanto, de escalares con sentido y no de vectores propiamente dichos.
Un ejemplo claro es la forma cero de la conservación de la masa, que se
expresa mediante una suma algebraica en la que las masas iniciales
llevan signo negativo y las masas finales signo positivo, de modo que la
suma total resulta nula cuando la masa se conserva.
Suma de vectores verdaderos
La suma de
vectores implica combinar objetos matemáticos que poseen magnitud
y dirección con sentido. En la práctica, la dirección y el sentido de un
vector quedan codificados en una coordenada polar, es decir, en un ángulo,
que constituye un objeto matemático independiente de la magnitud del vector.
Debido a esta doble naturaleza, no es posible realizar la suma vectorial de
manera directa como si se tratara de una suma ordinaria de números.
Para llevar a cabo esta operación, se recurre al proceso de descomposición
del vector en escalares con sentido. Una vez descompuesto, la suma
vectorial se transforma en una suma de escalares con sentido polar,
análoga a la discutida en el caso anterior. Por tanto, el núcleo del
procedimiento no está en la suma en sí, sino en cómo se realiza
correctamente la descomposición del vector original.
Pulse
en [Figura:
Descomposición vectorial y suma de vectores] para la descripción de la
imagen.
Afortunadamente, en química
no es necesario enfrentarse de manera sistemática a objetos matemáticos
vectoriales, por lo que las operaciones de suma se restringen a
escalares con sentido. Esto simplifica notablemente el tratamiento
algebraico de los problemas, ya que no es preciso realizar descomposiciones
angulares ni reconstrucciones geométricas, y basta con manejar correctamente
los valores absolutos y los signos asociados a cada término.
Suma de monomios vs funciones
Por otro lado,
una suma de monomios se refiere a una adición en la que cada
término de la sumatoria es una sola cantidad o producto simple, como en el caso
de sumar masas, energías o temperaturas individuales. En cambio, una suma
de funciones implica que cada término a sumar es una expresión
compuesta, generalmente con más de una variable o factor. En este tipo de
sumas, se debe evaluar la función completa para cada caso antes de proceder a
la adición.
Enlace a [Teorema
de masa molar teórica]:
Aquí podemos ver que la función suma afecta al producto de
dos términos, por ende, se deben multiplicar cada pareja y luego si se ejecuta
la suma.
Unidades en sumatorias
Por teoremas
Las sumas
pueden ser adimensionales, especialmente en ejercicios teóricos o de
práctica con lápiz y papel, donde el énfasis se encuentra en el manejo
algebraico y en el control de las cifras significativas, más que en
una aplicación física concreta. En estos casos, las unidades pueden omitirse
sin afectar la validez matemática del procedimiento. Sin embargo, cuando una
suma se utiliza dentro del marco de una ley física, resulta
indispensable atender cuidadosamente a las unidades de medida
involucradas.
En una sumatoria física, todas las cantidades que se
suman deben poseer unidades homogéneas, ya que no es posible sumar
magnitudes de naturaleza distinta. Por ejemplo, carece de sentido físico sumar
metros con segundos. Esta homogeneidad permite que las unidades se factoricen
fuera de la expresión, lo que simplifica tanto la escritura como la
interpretación del resultado, y refuerza la coherencia dimensional de la
ecuación.
Al realizar la sustitución explícita de una
sumatoria, es recomendable escribir todos los términos numéricos —valores y
sentidos— dentro de un paréntesis, sin incluir las unidades, y colocar
estas fuera del paréntesis como factor común. Este criterio se aplica
tanto a sumas de monomios como a sumas de funciones. En el caso de funciones,
las unidades también pueden factorizarse, siempre que se conserve la estructura
de la operación: las mismas operaciones algebraicas que se aplican a los
valores numéricos deben aplicarse, de manera consistente, a las unidades. Este
procedimiento reduce la carga algebraica y mejora la claridad del análisis
dimensional.
Por factores marcados
En los factores de
conversión suele aparecer una paradoja aparente: la necesidad de
sumar cantidades que poseen las mismas unidades, pero que están
asociadas a identidades distintas. A primera vista, esta operación
parece incorrecta, ya que no debería ser válido sumar magnitudes que
representan entidades diferentes. Y, en efecto, desde un punto de vista
conceptual estricto, esta objeción es razonable. Sin embargo, cuando se trabaja
con notación algebraica, en la que la identidad de cada término se
encuentra implícita dentro de la función o del sistema considerado, la
aparente contradicción se disuelve.
Para resolver este tipo de sumatorias es indispensable
realizar un análisis del sistema al que pertenecen las cantidades
involucradas. En muchos casos, este razonamiento se hace de manera intuitiva:
se reconoce que el total del sistema está compuesto por sus partes,
o, de forma equivalente, que cada subidentidad contribuye a una misma magnitud
global. Bajo esta interpretación, es legítimo sustituir cada parte por la identidad
del sistema correspondiente y proceder con la suma sin infringir los
principios fundamentales del álgebra ni del análisis dimensional.
Este enfoque resulta especialmente útil en conversiones
complejas, como aquellas que involucran unidades derivadas o
factores acumulativos, donde las magnitudes comparten unidad pero representan componentes
distintos del sistema. Comprender la equivalencia conceptual entre parte
y todo permite aplicar correctamente la suma, siempre que las relaciones
jerárquicas del sistema estén claramente definidas. De este modo, la
coherencia algebraica se mantiene sin sacrificar el rigor conceptual.
Función diferencia
La función diferencia es un concepto general que
aparece tanto en física como en química, y resulta
fundamental para describir cómo cambia un sistema respecto a
un punto de referencia. De hecho, los cocientes entre dos diferencias constituyen
la esencia del cálculo infinitesimal, lo que explica la importancia
de su simbología y de una interpretación correcta desde las
primeras unidades sobre medidas y magnitudes. La función diferencia
se simboliza mediante una Delta mayúscula (Δ) colocada antes
del parámetro, y siempre se define como valor final menos valor inicial o valor
final menos valor estándar.
La distinción entre estado inicial y estado
estándar no siempre es evidente. El estado inicial suele
tener un carácter experimental, pues corresponde al inicio
real de la medición, mientras que el estado estándar es de
naturaleza teórica, definido por convenio o por mediciones bajo
condiciones controladas y depositados sus valores en tablas públicas para su
comparación. Sin embargo, ambos cumplen la misma función conceptual: servir
como el punto de partida a partir del cual se evalúa el cambio
del sistema. Comprender esta diferencia y su notación es clave para
interpretar correctamente resultados experimentales y teóricos en ciencias
físicas y químicas.
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