El guisante,
también conocido como arveja, alverja o chícharo, es una
planta herbácea cultivada principalmente por sus semillas comestibles.
Su nombre científico es Pisum sativum, especie perteneciente a la familia
Fabaceae, que reúne numerosas plantas conocidas como leguminosas.
Entre sus parientes botánicos se encuentran los fríjoles, las lentejas, los
garbanzos y las habas. En Colombia predomina el nombre arveja, mientras que en
España se utiliza habitualmente guisante y en México, chícharo.

Figura 1. [Ilustración
botánica de la arveja]. La ilustración botánica documenta la anatomía
vegetal y facilita la identificación de especies. La Real Expedición Botánica,
dirigida por José Celestino Mutis, utilizó dibujos científicos para estudiar
plantas. En Pisum sativum, estas representaciones permiten reconocer flores,
vainas, semillas y estructuras reproductivas, fundamentales para investigar la
diversidad fenotípica y la herencia mendeliana (Nieto, 1995; Abbott &
Fairbanks, 2016).
Pisum sativum es una angiosperma eudicotiledónea,
perteneciente al orden Fabales y al género Pisum. Es una planta
anual, porque normalmente completa su ciclo biológico durante una temporada
de crecimiento. Presenta raíces ramificadas, tallos herbáceos, hojas
compuestas y zarcillos, estructuras que le permiten sujetarse a otras
plantas. Sus frutos son legumbres, comúnmente llamadas vainas, dentro de
las cuales se desarrollan las semillas.
Las raíces pueden
asociarse con bacterias fijadoras de nitrógeno, formando pequeños
órganos denominados nódulos radicales. Esta simbiosis mutualista
permite incorporar nitrógeno atmosférico al metabolismo vegetal y contribuye a
la fertilidad de los suelos agrícolas.
La arveja se
desarrolla especialmente bien en climas frescos, con disponibilidad
suficiente de agua y suelos bien drenados. Su crecimiento depende de la temperatura,
la humedad, la radiación solar y los nutrientes minerales.
En Colombia suele cultivarse en regiones montañosas, aunque su distribución
depende de las condiciones ambientales y de las variedades utilizadas, no
exclusivamente de la altitud.
Historia del cultivo y domesticación de la arveja
La historia de la
arveja comienza mucho antes de los experimentos de Gregor Mendel. Las
evidencias arqueobotánicas sitúan sus primeros procesos de cultivo y
domesticación en el Cercano Oriente, durante los comienzos de la
agricultura, hace aproximadamente diez mil años. Formó parte de las primeras
plantas cultivadas junto con cereales como el trigo y la cebada, y leguminosas
como las lentejas.
Desde esa región,
las poblaciones cultivadas se extendieron por el Mediterráneo, Europa y Asia.
Las semillas podían consumirse frescas o almacenarse después de secarse,
característica especialmente importante para las comunidades agrícolas
antiguas. Su elevado contenido de proteínas vegetales también favoreció
su incorporación a diferentes tradiciones alimentarias.

Figura 2. [La
arveja como alimento y patrimonio agrícola colombiano]. La arveja (Pisum
sativum) aporta proteínas vegetales, fibra, hierro y fósforo a la dieta
colombiana. Su cultivo sostiene economías campesinas y abastece mercados
nacionales e internacionales. La comercialización de semillas certificadas
genera debates sobre autonomía agrícola, conservación de semillas tradicionales
y protección de la agrobiodiversidad, fundamentales para la seguridad
alimentaria (Wu et al., 2023; ICA, 2024).
La domesticación
es un proceso evolutivo mediante el cual las poblaciones de organismos cambian
como consecuencia de su relación prolongada con los seres humanos. En las
plantas cultivadas, estos cambios pueden producirse mediante selección
artificial, cuando los agricultores favorecen la reproducción de individuos
con características deseables.
En las arvejas, la
selección favoreció características como semillas de mayor tamaño, vainas
que permanecen cerradas durante la maduración y reducción de la
dormancia, un estado que impide temporalmente la germinación.
En las poblaciones
silvestres, la apertura espontánea de las vainas permite dispersar las
semillas. Esta característica resulta favorable para la reproducción natural,
pero puede ser perjudicial para los agricultores porque dificulta la cosecha.
La selección de plantas cuyas vainas permanecían cerradas permitió conservar
una mayor proporción de las semillas producidas.
De manera
semejante, la dormancia seminal favorece la supervivencia de las plantas
silvestres al distribuir la germinación a lo largo del tiempo. Sin embargo, los
agricultores suelen preferir semillas que germinen de manera más uniforme,
facilitando la planificación de los cultivos.
Estos cambios
forman parte del llamado síndrome de domesticación, conjunto de
características que suelen diferenciar a las plantas cultivadas de sus
parientes silvestres. Weeden (2007) identificó múltiples genes y regiones
genéticas vinculadas con estas transformaciones en la arveja.
Las investigaciones
genómicas también indican que la historia de domesticación del género Pisum
fue más compleja que una única transformación ocurrida en un lugar determinado.
Trněný y colaboradores (2018) encontraron evidencias compatibles con al
menos dos procesos de domesticación relacionados con distintos grupos
ancestrales, incluyendo el origen de las arvejas cultivadas comunes y formas
cultivadas en Etiopía.
La selección
agrícola no solamente modificó las características visibles de las plantas.
También alteró las frecuencias de variantes hereditarias dentro de las
poblaciones. Algunas variantes se hicieron frecuentes porque resultaban útiles
para el cultivo, mientras que otras disminuyeron debido a la selección, el
aislamiento reproductivo o las reducciones poblacionales.
No obstante, sería
incorrecto afirmar que la domesticación siempre reduce todas las formas de
diversidad. Algunos caracteres pueden volverse más uniformes, mientras que
otros mantienen numerosas variantes o incluso adquieren nuevas formas mediante
la selección de diferentes variedades agrícolas.

Figura 3. [Los
siete caracteres mendelianos y sus rasgos binarios]. Gregor Mendel estudió
siete caracteres hereditarios de la arveja (Pisum sativum),
seleccionando dos rasgos contrastantes por carácter. Mediante linajes puros,
identificó relaciones de dominancia y recesividad, facilitando el conteo de
fenotipos y las predicciones matemáticas. Esta simplificación experimental
permitió reconocer proporciones hereditarias, aunque la variabilidad natural
puede ser más compleja (Abbott & Fairbanks, 2016).
Especies emparentadas y diversidad de las arvejas silvestres
El género Pisum
comprende formas cultivadas y silvestres cuyas relaciones evolutivas todavía
presentan dificultades de clasificación. Entre los parientes cercanos de la
arveja cultivada se encuentran Pisum sativum subsp. elatius y Pisum
fulvum.
La primera
constituye una de las formas silvestres más estrechamente relacionadas con las
arvejas cultivadas y se encuentra distribuida en diferentes regiones de la
cuenca mediterránea y del Cercano Oriente. Pisum fulvum, por su parte,
posee una distribución más restringida en el Mediterráneo oriental y presenta
importantes diferencias genéticas respecto a las variedades agrícolas.
Algunas
clasificaciones reconocen a Pisum elatius como especie independiente,
mientras que otras lo consideran una subespecie silvestre de Pisum
sativum. Estas diferencias taxonómicas reflejan la complejidad de
reconstruir las relaciones entre poblaciones que comparten parte de su historia
evolutiva.
Los estudios
genómicos han demostrado que las poblaciones silvestres presentan una
considerable diversidad genética, distribuida en diferentes grupos
geográficos. Esta diversidad constituye un recurso importante para el mejoramiento
vegetal, porque puede proporcionar variantes asociadas con resistencia a
enfermedades, tolerancia ambiental y otras características agrícolas (Trněný et
al., 2018).
Las arvejas
silvestres suelen presentar flores pigmentadas, con tonalidades púrpuras
y violáceas, mientras que numerosas variedades cultivadas poseen flores
blancas. Estas diferencias resultan especialmente importantes para
comprender el diseño experimental mendeliano.
Sin embargo,
debemos distinguir entre diversidad genética y diversidad fenotípica.
La primera corresponde a diferencias en la información hereditaria; la segunda
describe las diferencias observables entre los organismos. Aunque ambas están
relacionadas, no son equivalentes, porque el ambiente y las interacciones entre
genes también influyen sobre el aspecto de las plantas.
Por ello, una
población puede presentar variación genética considerable sin mostrar
grandes diferencias visibles en determinado carácter, mientras que un mismo
genotipo puede expresar características ligeramente diferentes bajo condiciones
ambientales distintas.
Polimorfismo fenotípico y diversidad de las flores
El polimorfismo
fenotípico se refiere a la presencia de dos o más formas distinguibles
de un carácter dentro de una población. En nuestro estudio utilizaremos
este concepto para describir diferencias observables, especialmente las
relacionadas con la coloración floral, sin asumir inicialmente cuáles
son sus causas genéticas.
Por ejemplo, si una
población contiene plantas con flores púrpuras y flores blancas,
podemos reconocer dos formas fenotípicas. Sin embargo, para afirmar que existe
un polimorfismo poblacional debemos comprobar que ambas formas están
efectivamente presentes entre los individuos estudiados. Además, la
clasificación debe distinguirse de pequeñas diferencias producidas por la
iluminación, la edad de las flores o los instrumentos utilizados para
observarlas.
Podemos describir
estas diferencias mediante la frecuencia fenotípica, que expresa qué
proporción de individuos presenta determinado rasgo. Si estudiamos cien plantas
y encontramos sesenta con flores púrpuras y cuarenta con flores blancas, sus
frecuencias serán del 60 % y 40 %, respectivamente.
También podemos
utilizar un índice de diversidad fenotípica, como el índice de Simpson,
para comparar poblaciones. Este índice considera tanto el número de
categorías observadas como sus frecuencias relativas. Cuando una
categoría domina casi completamente la población, la diversidad calculada
mediante el índice de Gini-Simpson es menor que cuando las categorías presentan
frecuencias semejantes.
Por ejemplo, una
población donde la mitad de las plantas tiene flores púrpuras y la otra mitad
flores blancas presenta una distribución más equilibrada que otra donde el 99 %
posee flores púrpuras. Aunque ambas contienen dos categorías, sus niveles de diversidad
fenotípica son diferentes.
Debemos aclarar que
no existe un valor universal de polimorfismo floral válido para todas las
poblaciones de Pisum sativum. Los índices fenotípicos deben
calcularse a partir de los conteos correspondientes a una población, variedad o
experimento específico.
Además, el color
floral puede analizarse de dos maneras diferentes. Si solamente distinguimos
flores blancas y pigmentadas, utilizamos una variable categórica. En
cambio, si medimos la intensidad del color mediante instrumentos, podemos
estudiar una variable cuantitativa, cuyos valores forman una
distribución más amplia.
La pigmentación
púrpura de las arvejas está relacionada con las antocianinas,
compuestos vegetales responsables de numerosas coloraciones rojizas, azules y
violetas. Su producción depende de rutas bioquímicas reguladas por varios
genes.

Figura 4. [Variación
fenotípica del color floral en la arveja]. Las flores de Pisum sativum
presentan variaciones fenotípicas de color, desde blanco hasta púrpura, rosa y
violeta. Su pigmentación depende de antocianinas, genes y factores ambientales.
Mendel seleccionó linajes puros con rasgos contrastantes para simplificar el
estudio de la herencia. Sin embargo, la diversidad natural supera las
categorías binarias del modelo mendeliano (Hellens et al., 2010).
Hellens y
colaboradores (2010) identificaron el gen A, relacionado con el carácter
de pigmentación estudiado por Mendel, y demostraron que una alteración en este
gen podía impedir la producción normal de pigmentos. El gen participa en la
regulación de la síntesis de antocianinas y ayuda a explicar la aparición de
flores blancas en determinadas variedades (Hellens
et al., 2010).
Es importante
distinguir entre una flor blanca causada por una variante hereditaria
que impide producir pigmentos y una flor cuyo tono parece más claro debido a
las condiciones ambientales. Las dos pueden parecer semejantes, pero no
necesariamente poseen la misma explicación biológica.
Las poblaciones
silvestres de arvejas presentan importantes diferencias en múltiples
características, como tamaño de semillas, arquitectura vegetal, fecha
de floración, resistencia ambiental y otros rasgos. Muchas de estas
diferencias pueden variar cuantitativamente, formando distribuciones más
continuas que las categorías utilizadas en los experimentos escolares.
Sin embargo, no
debe suponerse que todos los caracteres de las arvejas silvestres sean
continuos ni que la domesticación elimine necesariamente sus polimorfismos. La
distinción entre variación continua y discreta depende del carácter
estudiado, de sus mecanismos hereditarios y de la manera de medirlo.
Elección del organismo modelo
La elección de un organismo
modelo es una de las decisiones fundamentales del diseño experimental.
Una especie demasiado difícil de reproducir, demasiado costosa de mantener o
con características difíciles de clasificar puede impedir reconocer las
relaciones que deseamos investigar.
Mendel utilizó la
arveja porque reunía varias propiedades favorables. Era relativamente económica
de cultivar, producía numerosos descendientes, permitía controlar la
reproducción y presentaba caracteres con rasgos contrastantes.
Estas ventajas no
deben interpretarse como simples comodidades agrícolas. Cada una contribuía
directamente a controlar una parte del experimento.
La producción de
numerosos descendientes facilitaba los análisis estadísticos. La autopolinización
permitía conservar determinados rasgos a lo largo de varias generaciones. Los
cruzamientos artificiales ofrecían control sobre los progenitores, mientras que
las diferencias fenotípicas facilitaban clasificar los resultados.
Mendel examinó
inicialmente 34 variedades de arvejas durante dos años, con el propósito
de comprobar la estabilidad de sus características. Posteriormente seleccionó 22
variedades apropiadas para sus experimentos. También prestó especial
atención a la diferencia entre caracteres que podían distinguirse claramente y
aquellos que presentaban diferencias graduales (Mittelsten
Scheid, 2022).
Esta selección fue
decisiva porque permitió transformar un problema biológico complejo en un sistema
experimental simplificado. En lugar de investigar simultáneamente todas las
características de las plantas, Mendel seleccionó algunas que podían estudiarse
por separado.
Podemos imaginar
tres niveles de complejidad. El primero corresponde a las poblaciones
silvestres, donde interactúan múltiples variantes genéticas y condiciones
ambientales. El segundo corresponde a las variedades domesticadas,
seleccionadas durante generaciones por los agricultores. El tercero corresponde
a los linajes experimentales estables, elegidos específicamente para
comparar determinados rasgos.
Esta representación
sirve para comprender la estrategia metodológica, pero no significa que cada
nivel posea necesariamente menos diversidad genética total que el anterior.
Mendel redujo principalmente la variación relevante para cada comparación
experimental, seleccionando linajes que mantenían los caracteres estudiados
de manera constante.
De este modo, la
complejidad biológica no desaparecía de la planta: quedaba parcialmente
controlada o excluida de las variables analizadas.
Control sobre la reproducción
Las flores de Pisum
sativum presentan estructuras reproductivas masculinas y femeninas.
Los estambres producen el polen, mientras que el pistilo contiene
las estructuras relacionadas con la recepción del polen y el desarrollo de las
semillas.
Esta organización
permite la autopolinización, proceso mediante el cual el polen de una
flor puede fecundar los óvulos de esa misma flor. Mendel aprovechó esta
propiedad para mantener linajes con características estables.
Cuando necesitaba
cruzar dos linajes diferentes, retiraba cuidadosamente los estambres de la flor
que recibiría el polen. Este procedimiento, denominado emasculación floral,
impedía la autofecundación antes de efectuar el cruzamiento previsto.
Posteriormente
transfería el polen de otra planta al estigma de la flor preparada. Así
podía identificar qué planta había aportado el polen y cuál había proporcionado
los óvulos. El control del cruzamiento también exigía evitar la contaminación
por polen no deseado.
Estas operaciones
permitieron distinguir entre autofecundación y fecundación cruzada,
dos situaciones con consecuencias diferentes para la composición genética de
los descendientes.
La autofecundación
repetida tiende a incrementar la homocigosis, es decir, la presencia
de variantes iguales de un gen en un individuo diploide. Como consecuencia,
determinadas características hereditarias pueden mantenerse constantes durante
generaciones.
Por ejemplo, si un
linaje es homocigoto para un alelo asociado con flores púrpuras y otro es
homocigoto para una variante recesiva que produce flores blancas, cada linaje
puede reproducir consistentemente su propio fenotipo mediante autofecundación,
siempre que no intervengan mutaciones, polinizaciones externas ni alteraciones
relevantes de expresión.
Bajo este modelo,
la reproducción de un linaje puro de flores púrpuras produce
descendientes púrpuras, mientras que la de un linaje puro de flores blancas
produce descendientes blancos. No obstante, esta predicción se refiere a los
caracteres y condiciones definidos experimentalmente.

Figura 5. [Anatomía
reproductiva y control de la polinización en la arveja]. La flor de Pisum
sativum es hermafrodita y posee estambres, anteras, estigma, ovario y óvulos.
Su estructura favorece la autopolinización. Mendel realizó cruzamientos
controlados mediante la eliminación de estambres y transferencia de polen.
Actualmente, estas técnicas permiten conservar variedades agrícolas, garantizar
la pureza genética y desarrollar cultivos mediante mejoramiento genético
(Ferrándiz et al., 1999; Colombo & Galmarini, 2017).
Anacronismo: términos mendelianos y términos de Mendel
Para comprender el
trabajo de Mendel, debemos distinguir entre sus conceptos originales y
las interpretaciones posteriores desarrolladas por la genética.
En el siglo XIX
todavía no se conocían el ADN, la estructura molecular de los genes
ni los mecanismos cromosómicos de la herencia. Por tanto, Mendel no podía
explicar sus resultados mediante los conceptos actuales de genotipo, alelo
o secuencia genética.
Su investigación se
concentró en los caracteres observables y en las regularidades con las
que estos aparecían entre generaciones. El mendelismo moderno
reinterpretó posteriormente sus resultados mediante conocimientos que no
estaban disponibles cuando realizó sus experimentos.
Atribuirle
directamente esos conocimientos constituye un anacronismo histórico.
Para evitarlo, comenzaremos utilizando los términos carácter y rasgo,
relacionados con aquello que podemos observar y clasificar.
Un carácter
es una característica susceptible de estudio, como la coloración floral. Un rasgo
es una forma concreta de manifestación de ese carácter, como púrpura o blanco.
Esta terminología
permite describir inicialmente los resultados sin introducir explicaciones
genéticas que todavía no hemos desarrollado. Más adelante podremos relacionar
esas observaciones con la segregación de alelos y los mecanismos
moleculares de la herencia (Mittelsten Scheid, 2022).
Caracteres, linajes puros y simplificación determinista
La principal
ventaja experimental de los linajes puros consiste en reducir la
incertidumbre respecto a determinados resultados hereditarios. Cuando un
carácter está controlado por un mecanismo genético sencillo y conocemos las
variantes presentes en los progenitores, podemos establecer predicciones muy
precisas.
Consideremos el
caso de las flores púrpuras y blancas. Bajo un modelo de dominancia
completa, una planta homocigota para la variante funcional que permite
producir pigmentación púrpura puede generar descendientes con ese mismo
carácter mediante autofecundación. Por su parte, una planta homocigota para una
variante que impide producir la pigmentación puede originar descendientes
blancos.
En estas
condiciones ideales, la probabilidad teórica de conservar el fenotipo
correspondiente es del 100 %. La predicción funciona como un modelo
determinista simple, porque el resultado hereditario queda fijado por las
condiciones genéticas establecidas.
Sin embargo, esta
certeza es condicional, no absoluta en todos los escenarios naturales.
Las mutaciones, las alteraciones ambientales de la expresión, la
contaminación del polen y otros fenómenos pueden producir excepciones. La
distinción es importante porque un modelo matemático puede ofrecer una
predicción exacta bajo determinados supuestos sin garantizar que todos los
sistemas reales se comporten perfectamente.
La situación cambia
cuando utilizamos progenitores heterocigotos. En estos casos, la
formación de gametos introduce diferentes combinaciones hereditarias posibles,
cuya aparición individual no puede predecirse con certeza mediante el modelo
mendeliano ordinario. Debemos utilizar entonces probabilidades para
determinar las proporciones esperadas.
Esto demuestra que
el diseño mendeliano combina dos niveles: estabilidad hereditaria en los
linajes parentales puros y distribuciones probabilísticas en
determinados cruzamientos híbridos.
La importancia de
la purificación experimental consiste precisamente en conocer las condiciones
hereditarias iniciales. Sin esa información, podríamos obtener descendientes
con resultados inesperados y necesitaríamos considerar numerosas explicaciones
alternativas.
Un linaje que
aparentemente produce flores púrpuras podría contener variantes hereditarias
diferentes. Dos plantas visualmente semejantes no tienen necesariamente el
mismo genotipo, y algunos cruzamientos podrían revelar diferencias que
permanecían ocultas durante generaciones.
En tales
circunstancias, un modelo monohíbrido sencillo podría resultar
insuficiente. Sería necesario estudiar otros genes, interacciones entre
variantes, posibles efectos ambientales o patrones hereditarios adicionales.
Esto no significa
que la genética mendeliana deje de funcionar, sino que su aplicación
directa mediante modelos elementales depende de que se cumplan las condiciones
seleccionadas. Los sistemas más complejos requieren modelos matemáticos más
amplios, como los utilizados en genética cuantitativa y genética de
poblaciones.
La investigación
contemporánea ha demostrado que numerosas características vegetales dependen de
múltiples genes y factores ambientales. Por ejemplo, altura, fecha de
floración, rendimiento agrícola y tamaño de las semillas
pueden presentar variaciones cuantitativas cuya explicación exige superar los
cruzamientos monohíbridos más sencillos (Weeden, 2007).
Por tanto, el
procedimiento de Mendel no eliminó la complejidad de la herencia natural:
seleccionó un conjunto de condiciones bajo las cuales era posible reconocer regularidades
hereditarias simples.
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