Trematodos
Los trematodos son platelmintos parásitos con
una enorme importancia médica, veterinaria y ecológica, ya que muchas de
sus especies afectan directamente a seres humanos, ganado y fauna silvestre. A
diferencia de los turbellarios de vida libre, los trematodos han evolucionado
para vivir dentro del cuerpo de un anfitrión, donde obtienen alimento de
tejidos, secreciones o fluidos corporales. Este modo de vida parasítico ha
moldeado profundamente su anatomía, fisiología y estrategias digestivas.
Los trematodos adultos se alimentan principalmente de
tejidos del anfitrión, sangre, bilis o del contenido del tracto
gastrointestinal, dependiendo de la especie y del órgano que parasiten. En
muchos casos, el alimento es ingerido por la boca, impulsado por una faringe
musculosa y conducido hacia un intestino ramificado, similar en su
organización básica al de los turbellarios. Sin embargo, la superficie
corporal (el tegumento) cumple un papel central en la nutrición,
especialmente en especies que habitan ambientes ricos en nutrientes fácilmente
absorbibles, como los vasos sanguíneos o el intestino. Este tegumento es
metabólicamente activo y permite la absorción directa de moléculas pequeñas,
como glucosa, aminoácidos y lípidos, mediante transporte a través de membrana.
Enlace
a la [Figura:
Sistema digestivo de Fasciola hepatica]
Desde el punto de vista médico, varias especies de
trematodos son especialmente relevantes. Fasciola hepatica, por ejemplo,
parasita los conductos biliares del hígado en humanos y animales
domésticos. Sus enzimas digestivas, principalmente proteasas,
degradan tejidos hepáticos y epitelios biliares, provocando inflamación
crónica, fibrosis, dolor abdominal y alteraciones digestivas
severas. De forma similar, especies del género Schistosoma —responsables
de la esquistosomiasis— se alimentan de sangre y liberan productos
metabólicos que desencadenan respuestas inflamatorias intensas, anemia y
daño progresivo en intestino, hígado o vejiga. En estos casos, no solo el
consumo de nutrientes perjudica al anfitrión, sino también la acción directa de
sustancias digestivas y líticas, que alteran la integridad de los
tejidos y facilitan la permanencia del parásito.
La digestión en los trematodos puede ser tanto extracelular
—mediante enzimas liberadas al lumen intestinal— como intracelular, a
través de células fagocitarias del epitelio digestivo. Los restos no digeribles
son eliminados por la boca, ya que el sistema digestivo es incompleto y
carece de ano. Esta combinación de ingestión, digestión química y absorción
tegumentaria explica la enorme eficiencia nutricional de los trematodos y, al
mismo tiempo, su alto impacto patológico en los anfitriones.
Cestodos
Los cestodos representan un caso extremo de
especialización parasítica. A diferencia de los trematodos, carecen por
completo de aparato digestivo: no poseen boca, faringe ni intestinos. Esta
pérdida no es una desventaja, sino una adaptación directa a su modo de vida.
Todos los cestodos son parásitos intestinales y viven inmersos en un
ambiente donde el alimento ya ha sido previamente digerido por el anfitrión.
La nutrición en los cestodos se realiza exclusivamente a
través del tegumento, una superficie altamente especializada que absorbe
monosacáridos, aminoácidos, ácidos grasos y vitaminas directamente desde
el intestino del hospedero. Esta estrategia les permite aprovechar al máximo el
trabajo digestivo del anfitrión, reduciendo costos metabólicos y eliminando la
necesidad de un sistema digestivo propio. Como consecuencia, los cestodos pueden
alcanzar grandes longitudes y producir enormes cantidades de huevos, lo
que incrementa su éxito reproductivo y su impacto sanitario.
Enlace
a la [Figura:
La anatomía de las tenias]
Especies como Taenia solium y Taenia saginata
tienen una relevancia médica notable. Además de competir por nutrientes —lo que
puede causar desnutrición, déficits vitamínicos y malestar
gastrointestinal—, algunas fases larvarias pueden invadir tejidos humanos y
producir enfermedades graves como la cisticercosis, afectando incluso al
sistema nervioso central. Así, tanto trematodos como cestodos ilustran de
manera clara cómo la digestión y la nutrición parasitaria no solo sostienen al
parásito, sino que también están directamente relacionadas con el daño fisiológico
que sufren los anfitriones.
Referencias
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