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viernes, 13 de febrero de 2026

El Halcón peregrino, el animal más veloz del mundo.

 El Falco peregrinus, conocido como halcón peregrino, es una especie de ave rapaz diurna perteneciente al orden Falconiformes y a la familia Falconidae, dentro del género Falco. Su nombre científico remite a la idea de “viajero” o “errante”, en relación directa con los patrones de migración que presentan muchas de sus poblaciones, especialmente aquellas que se reproducen en latitudes altas. Desde una perspectiva biológica, se trata de una especie con una distribución geográfica casi cosmopolita, presente desde la tundra ártica hasta regiones templadas y tropicales, y ausente únicamente en ambientes extremos como la Antártida y algunas zonas de selva tropical densa.

El halcón peregrino ocupa una amplia diversidad de hábitats, como acantilados, cordilleras, costas y valles fluviales, y en tiempos recientes ha mostrado una notable adaptación a ecosistemas urbanos, donde utiliza edificaciones altas y estructuras humanas como sustitutos funcionales de los cortados rocosos naturales. En las poblaciones del norte, el ciclo de vida anual suele incluir desplazamientos estacionales de gran escala, mientras que en regiones templadas y tropicales muchas poblaciones son residentes, permaneciendo todo el año en el mismo territorio. Esta combinación de amplia distribución, movilidad y capacidad de adaptación al ambiente convierte al halcón peregrino en un ejemplo especialmente claro para comprender cómo una especie puede ocupar múltiples ecosistemas sin perder su identidad biológica.

Nomenclatura

El nombre científico del halcón peregrino, Falco peregrinus, responde a las reglas de la nomenclatura binomial, un sistema usado en biología para nombrar de forma precisa y universal a cada especie. Este sistema utiliza dos palabras en latín o latinizadas: la primera indica el género (Falco), y la segunda identifica a la especie dentro de ese género (peregrinus). De este modo, el nombre científico no es un adorno erudito, sino una herramienta que permite clasificar, comparar y comunicar información sobre los seres vivos sin ambigüedades entre idiomas o regiones.

Una caricatura de un ave

El contenido generado por IA puede ser incorrecto.

Enlace a la [Figura: Picos asesinos]

La palabra Falco procede del latín falx, que significa “hoz” o “guadaña”, en alusión a la forma curvada de las alas y al perfil aerodinámico característico de estas aves durante el vuelo. El término peregrinus significa “extranjero”, “viajero” o “el que viene de lejos”, y hace referencia directa a los patrones de migración que presentan muchas poblaciones de esta especie. El nombre completo puede interpretarse, entonces, como una frase breve que describe una idea central del animal: un halcón asociado al desplazamiento y al movimiento entre regiones.

Aunque para muchos estudiantes los nombres científicos pueden sonar a fórmulas extrañas o a “hechizos”, en realidad están pensados para leerse como una frase corta con significado biológico. Cada nombre resume una característica clave del organismo, ya sea su forma, su comportamiento, su hábitat o su modo de vida. En el caso del halcón peregrino, el nombre Falco peregrinus condensa una idea esencial: un ave rapaz del grupo de los halcones cuya identidad está estrechamente ligada a la movilidad, la distribución geográfica amplia y, en muchas poblaciones, a la migración de larga distancia.

Sistemática y filogenética

La sistemática y la filogenética son ramas de la biología que buscan ordenar a los seres vivos según su parentesco evolutivo, es decir, según su ancestro común. En los casos más generales, esta idea parece sencilla: especies que se parecen suelen compartir un origen común. Sin embargo, a medida que el análisis se vuelve más detallado y se comparan grupos cada vez más específicos, distinguir entre semejanzas debidas a la herencia evolutiva y semejanzas producidas por la selección natural se vuelve mucho más complejo. En este punto, la apariencia externa deja de ser una guía confiable y es necesario recurrir a criterios más profundos, como la anatomía comparada y, en tiempos recientes, los estudios genéticos.

Enlace a la [Figura: Ojo de halcón]

 Un ejemplo emblemático de esta dificultad lo encontramos en los halcones del género Falco y en las llamadas “aves rapaces” en general. El término rapaz es un concepto heredado de la biología clásica que agrupa a aves carnívoras con garras y pico curvado, pero desde la taxonomía moderna se considera un grupo artificial, ya que reúne especies que no comparten un parentesco cercano. Bajo esta etiqueta se mezclan halcones, águilas, buitres y otras aves de presa que, aunque cumplen funciones ecológicas similares y presentan adaptaciones parecidas, pertenecen a linajes evolutivos distintos.

Los estudios filogenéticos modernos han mostrado que los halcones del género Falco no están estrechamente emparentados con los llamados “halcones” del uso común, es decir, con las aves del grupo de las águilas y gavilanes. De hecho, los Falco están más emparentados con aves como los loros que con esas otras aves de presa. Esto se explica porque, en algún punto del pasado, un ancestro común dio origen a dos linajes evolutivos distintos: uno que condujo a los halcones verdaderos y otro que dio lugar a otros grupos de aves, incluidos los loros. El linaje de los Falco quedó expuesto a ambientes donde existía poca competencia directa con otras aves de presa, lo que les permitió ocupar determinados nichos ecológicos y desarrollar, de manera independiente, características similares a las de otras rapaces.

Enlace a la [Figura: Garras de halcón]

Estas semejanzas no se deben a un parentesco cercano, sino a un proceso conocido como convergencia evolutiva, en el cual especies no emparentadas de forma directa desarrollan rasgos parecidos al enfrentarse a problemas ambientales similares. En el caso de los halcones Falco, esta convergencia fue tan marcada que en algunas adaptaciones, como la eficiencia en la caza aérea, llegaron incluso a igualar o superar a otras aves de presa. Este ejemplo muestra por qué la apariencia puede ser engañosa y por qué la sistemática moderna se apoya en la filogenética para reconstruir con mayor precisión la historia evolutiva de los seres vivos.

Otros aspectos taxonómicos

Dentro de la clasificación biológica, el orden Falconiformes reúne a un grupo bien definido de aves que comparten un origen evolutivo común, aunque ese origen resulte contraintuitivo si se juzga solo por la apariencia. Más allá de su parentesco con otros linajes de aves modernas, los Falconiformes se caracterizan por ser aves diurnas, carnívoras y altamente especializadas en la captura de presas móviles. Su historia evolutiva se remonta a tiempos profundos del registro fósil, con representantes conocidos desde el Cenozoico temprano, y su diversificación ocurrió a lo largo de millones de años en distintos continentes. Hoy, todas las especies vivientes del orden pertenecen a una sola familia, lo que convierte a Falconiformes en un grupo taxonómico compacto y bien delimitado desde el punto de vista moderno.

Dentro de este orden, la familia Falconidae agrupa a los halcones y caracaras actuales. Se trata de un conjunto de aproximadamente 65 especies que comparten rasgos anatómicos y funcionales claros, pero que también muestran una notable diversidad de tamaños, comportamientos y hábitats. A diferencia de otras aves de presa, los falcónidos presentan una combinación particular de pico curvado, garras fuertes y una visión altamente desarrollada. Sin embargo, una de sus adaptaciones más distintivas es la forma en que matan a sus presas: en lugar de utilizar principalmente las patas, como hacen otras aves de presa, los Falconidae emplean el pico, equipado con una estructura especializada conocida como “diente tomial”, que les permite seccionar la médula espinal de sus capturas. Esta característica los separa claramente de otros grupos de aves carnívoras y es clave para reconocerlos como un linaje propio.

Enlace a la [Figura: Pollos de halcón peregrino]

En el nivel más específico, el género Falco reúne a los llamados halcones verdaderos, incluyendo cernícalos, esmerejones, hobbies y el halcón peregrino. Los Falco se distinguen por alas largas y estrechas, adaptadas al vuelo rápido y maniobrable, y por una anatomía optimizada para la caza aérea. Muchas de sus adaptaciones resultan poco comunes entre otras aves de presa: una aerodinámica extrema, un control preciso del vuelo a gran velocidad y una combinación de fuerza y ligereza que les permite capturar presas en pleno aire. Estas características no son simples variaciones sobre un mismo modelo, sino el resultado de una historia evolutiva particular que llevó a los Falco a ocupar con éxito nichos ecológicos dominados por la persecución y la velocidad, diferenciándolos de manera clara y consistente del resto de las aves de presa.

Subespecies y distribución geográfica

El halcón peregrino presenta una marcada variación regional, lo que ha llevado al reconocimiento de numerosas subespecies, diferenciadas principalmente por su tamaño, tonalidad del plumaje y distribución geográfica. En conjunto, se aceptan entre 18 y 19 subespecies, distribuidas a lo largo de casi todo el planeta. Algunas son residentes, permaneciendo todo el año en la misma región, mientras que otras realizan migraciones de gran escala entre sus áreas de reproducción y de invernada. Esta diversidad refleja la capacidad de la especie para adaptarse a ambientes muy distintos, desde zonas árticas hasta regiones templadas y tropicales.

En el continente americano, varias subespecies están implicadas en los desplazamientos hacia el sur durante el invierno boreal. Entre ellas destaca Falco peregrinus tundrius, una subespecie que se reproduce en la tundra ártica de Norteamérica y que migra largas distancias hacia Centroamérica y Sudamérica durante la temporada no reproductiva. Estas poblaciones no establecen territorios de cría en latitudes tropicales, sino que utilizan estas regiones como áreas de descanso y alimentación temporal.

Enlace a la [Figura: Barras de halcón]

En el caso de Colombia, el halcón peregrino no es una especie reproductora regular, pero sí un visitante migratorio, especialmente durante los meses en que las poblaciones del norte se desplazan hacia el sur. Los registros corresponden principalmente a individuos de subespecies árticas migratorias, que utilizan el territorio colombiano como parte de su ruta o como zona de invernada. En estos contextos, el halcón peregrino suele observarse en hábitats abiertos, zonas costeras, humedales y, en algunos casos, en ecosistemas urbanos, donde encuentra abundancia de presas.

Así, aunque Colombia no alberga una subespecie endémica del halcón peregrino, el país forma parte del amplio escenario geográfico que utilizan estas aves en su ciclo de vida, lo que lo convierte en un punto relevante para comprender la dimensión continental de sus migraciones y la conexión ecológica entre regiones muy distantes del planeta.

Anatomía y fisiología general

El Falco peregrinus presenta variaciones anatómicas claras en coloración, tamaño y masa corporal, tanto entre poblaciones como entre sexos, todas bien documentadas.

En cuanto a la coloración, los adultos muestran generalmente el dorso de color gris azulado a gris pizarra, con alas más oscuras y puntas negras. Las partes ventrales son blancas a crema o ocráceas, con un barrado transversal oscuro bien definido. La cabeza es oscura, casi negra, con una franja malar (“bigotera”) negra muy marcada que contrasta con la garganta clara. Existen variaciones regionales: algunas subespecies presentan tonos más pálidos en ambientes áridos o de alta latitud, mientras que poblaciones costeras o insulares pueden ser más oscuras y con barrado más denso. Los individuos juveniles son notablemente distintos: predominan tonos marrón oscuro en el dorso y el pecho presenta estrías longitudinales en lugar de barras transversales.

El tamaño corporal del halcón peregrino se sitúa dentro de un rango medio entre las aves de presa. La longitud total del cuerpo varía aproximadamente entre 34 y 58 cm, mientras que la envergadura alar oscila entre 74 y 120 cm. Estas diferencias están relacionadas tanto con la subespecie como con el sexo, siendo las poblaciones de latitudes altas, en general, más grandes que las de regiones tropicales.

La masa corporal muestra uno de los contrastes más evidentes debido al dimorfismo sexual. Los machos suelen pesar entre 330 y 1000 g, mientras que las hembras alcanzan valores mayores, normalmente entre 700 y 1500 g. En muchas poblaciones, las hembras superan a los machos en un 30 % o más de masa, y no es raro encontrar casos cercanos al 50 % de diferencia. Esta disparidad permite que cada sexo explote presas de distinto tamaño, reduciendo la competencia directa dentro de la misma pareja.

Enlace a la [Figura: Ala de halcón]

Estas variaciones en color, tamaño y masa no son aleatorias: reflejan la adaptación de la especie a distintos ambientes, presiones ecológicas y estrategias de caza, y constituyen una parte fundamental de su éxito evolutivo a escala global.

La anatomía de caza del Falco peregrinus refleja una adaptación extrema a la captura de presas en vuelo. Sus alas largas y estrechas, con bordes afilados, reducen la resistencia del aire y permiten un control muy preciso a altas velocidades. Durante el picado (stoop), el ave repliega parcialmente las alas y alinea el cuerpo, alcanzando velocidades muy elevadas registradas en descensos pronunciados, lo que incrementa tanto la probabilidad de impacto como la capacidad de corrección fina de la trayectoria en el último instante.

Durante el stoop o picado de caza, el Falco peregrinus desciende desde gran altura con una variación amplia de velocidades, que depende de la altitud inicial, el ángulo del descenso y las condiciones atmosféricas. Diversas fuentes señalan que puede superar los 320 km/h, y existe un registro ampliamente citado de aproximadamente 389 km/h en un picado pronunciado; al mismo tiempo, mediciones más conservadoras basadas en radar han documentado velocidades máximas confiables menores, lo que muestra que no existe un único valor fijo, sino un rango condicionado por el contexto del ataque. La potencia del impacto no se expresa en cifras energéticas precisas en las fuentes, pero se sabe que el golpe es lo suficientemente intenso como para aturdir o matar a la presa en el aire sin que el halcón sufra daños estructurales.

 Si lo llevamos a un lenguaje gamer, la visión del Falco peregrinus juega literalmente en otra liga. Un ojo humano procesa imágenes con una frecuencia de fusión cercana a los 50–60 Hz, razón por la cual una pantalla de 60 fps ya nos parece fluida: el cerebro rellena los huecos entre fotogramas y crea la ilusión de movimiento continuo, aunque en realidad hay micro-saltos que no percibimos conscientemente. En monitores de 120 o 144 fps la imagen se ve más suave porque reducimos esos huecos, pero aun así seguimos dependiendo de que el cerebro “complete” la información faltante. El halcón peregrino, en cambio, puede procesar estímulos visuales a una frecuencia de hasta 129 Hz, más del doble de la humana, lo que significa que para él el mundo se mueve con una continuidad real, no reconstruida. Donde un humano vería borrosidad, estelas o pérdida de detalle, el halcón percibe posiciones nítidas y cambios precisos, incluso a altísimas velocidades. Esto le permite seguir una presa durante el stoop sin que la imagen “se rompa o se borre”, garantizando una visión estable y detallada mientras desciende a cientos de kilómetros por hora. En términos simples: mientras el cerebro humano hace renderizado predictivo para llenar vacíos, el sistema visual del halcón reduce esos vacíos al mínimo, dándole una ventaja decisiva en la caza aérea.

Enlace a la [Figura: El stoop del halcón]

El sistema respiratorio muestra adaptaciones funcionales clave para el vuelo rápido. El halcón peregrino posee tubérculos óseos en las narinas, que desvían el flujo de aire durante el picado y ayudan a regular la presión que entra en los pulmones cuando el ave se desplaza a gran velocidad. Además, cuenta con membranas nictitantes (tercer párpado) que protegen los ojos del viento y de partículas sin perder visión, lo que es esencial para mantener la precisión visual durante el ataque.

En el momento de la captura, las garras fuertes y curvadas permiten golpear o sujetar a la presa en pleno aire. A diferencia de otras aves de presa que matan principalmente con las patas, el halcón peregrino utiliza el pico de forma decisiva: en el borde del maxilar superior presenta el diente tomial, una estructura especializada que le permite seccionar la médula espinal de la presa con un movimiento rápido y eficaz. Esta combinación de velocidad, control y herramientas anatómicas explica su alta eficiencia como cazador aéreo.

 En cuanto al riesgo para las personas, el halcón peregrino no es un animal agresivo hacia humanos y no ataca sin provocación. Sin embargo, es un animal silvestre, con garras afiladas y un pico potente, capaz de causar heridas graves si se siente acorralado o amenazado. Un niño o incluso un adulto que intente tocarlo, capturarlo o manipularlo —por ejemplo, si el ave aparece en un edificio alto o en un balcón— puede resultar lesionado por picotazos o zarpazos defensivos. Por ello, ante cualquier encuentro cercano, la conducta adecuada es mantener distancia y permitir que el animal se retire por sí mismo, evitando el contacto directo.

Comportamientos

El Falco peregrinus caza principalmente mediante vuelos de búsqueda desde grandes alturas o desde posaderos elevados, y ejecuta el ataque con un picado rápido y preciso. Su comportamiento de caza se concentra con mayor frecuencia al amanecer y al atardecer, cuando muchas aves están activas, aunque en ambientes urbanos también puede cazar de noche aprovechando la iluminación artificial. La alimentación es mayoritariamente ornitófaga: captura aves de tamaño medio como palomas, patos y limícolas, aunque según la región puede incluir aves más pequeñas e, ocasionalmente, pequeños mamíferos. Esta flexibilidad dietaria explica su éxito en hábitats muy distintos, desde costas y humedales hasta ciudades densamente pobladas.

En cuanto a la distribución geográfica, el halcón peregrino ocupa casi todo el planeta, pero no todas las poblaciones viven del mismo modo. Las que se reproducen en latitudes boreales enfrentan inviernos con escasez de presas y condiciones climáticas extremas, por lo que realizan migraciones hacia regiones templadas o tropicales durante parte del año. Permanecer todo el año en zonas no boreales reduce el costo energético de migrar, y por eso las poblaciones de regiones templadas y tropicales suelen ser residentes. Sin embargo, las áreas de alta latitud ofrecen ventajas durante la temporada reproductiva, como menor competencia y abundancia estacional de presas, lo que explica por qué la especie no “abandona” esos territorios de forma permanente.

El cortejo del halcón peregrino es llamativo y ocurre mediante vuelos acrobáticos, persecuciones aéreas y descensos coordinados. Una conducta característica es la transferencia de presas en el aire, en la que el macho entrega alimento a la hembra durante el vuelo. La especie es monógama y las parejas suelen mantenerse unidas durante varios años, regresando al mismo sitio de nidificación. La reproducción ocurre generalmente entre febrero y marzo en el hemisferio norte, aunque las fechas varían según la región. No construyen un nido elaborado: la hembra deposita los huevos en una depresión simple sobre acantilados o estructuras altas.

La puesta suele ser de tres a cuatro huevos, de color claro con manchas pardas o rojizas. La incubación dura aproximadamente 29 a 33 días, realizada principalmente por la hembra, con participación ocasional del macho. Los polluelos nacen cubiertos de plumón blanco, son alimentados por ambos padres y permanecen en el nido varias semanas. El emplume ocurre alrededor de los 42 a 46 días, aunque los jóvenes continúan dependiendo de los adultos durante un tiempo adicional mientras perfeccionan sus habilidades de vuelo y caza. Entre las curiosidades de esta etapa está el hecho de que los juveniles practican vuelos cortos y torpes antes de dominar la técnica que hará del halcón peregrino uno de los cazadores aéreos más eficientes del mundo.

En Colombia y en Bogotá

En Bogotá, y en particular en su centro histórico, solemos asociar la fauna urbana casi exclusivamente con palomas y unas pocas aves comunes. Sin embargo, el Falco peregrinus también forma parte de este escenario, aunque de manera menos evidente. En los últimos años se han registrado avistamientos documentados de halcones peregrinos que utilizan la ciudad como área de paso o incluso como residencia estacional, especialmente en edificaciones altas, torres y conjuntos de apartamentos que reproducen, desde el punto de vista ecológico, las condiciones de los acantilados naturales donde la especie suele nidificar o descansar.

Enlace a la [Figura: Alimentando a las crías]

Este fenómeno genera un contraste poderoso: un paisaje urbano que a primera vista puede parecer monótono o biológicamente empobrecido convive, a gran altura, con una de las aves rapaces más especializadas del planeta. Mientras a nivel de calle el entorno parece dominado por cemento y tráfico, en lo alto de los edificios se desarrollan dinámicas propias de un ecosistema activo, con depredadores altamente eficientes cazando aves urbanas. La presencia del halcón peregrino rompe la idea de que la ciudad es un espacio completamente separado de la naturaleza.

Este contraste se entiende mejor si recordamos que Bogotá no es una isla ecológica. La ciudad está rodeada por cerros orientales y áreas de vegetación poco intervenida, y más allá de ellos se extienden las selvas andinas y subandinas del flanco oriental de la cordillera. Lugares como Monserrate y Guadalupe no son solo referentes culturales y geográficos, sino también corredores naturales que conectan la ciudad con ecosistemas más complejos. La aparición del halcón peregrino en Bogotá nos recuerda que lo “salvaje” no ha desaparecido, sino que convive con nosotros, a veces a plena vista, y otras veces justo por encima de nuestras cabezas.

Amenazas

A lo largo del siglo XX, el Falco peregrinus enfrentó amenazas humanas severas que llevaron a un colapso dramático de muchas poblaciones. La más crítica fue el uso masivo de plaguicidas organoclorados, en especial el DDT, que se acumulaban a lo largo de la cadena trófica. En el halcón peregrino, estos compuestos afectaban el metabolismo del calcio, provocando adelgazamiento de las cáscaras de los huevos, fallas reproductivas y un descenso abrupto del éxito de cría. A esto se sumaron la persecución directa, la cetrería no regulada en algunos periodos históricos y la pérdida de hábitat, tanto en zonas naturales como en áreas de nidificación tradicionales.

Gracias a la prohibición del DDT en muchos países, a programas de conservación y a la protección legal de la especie, el halcón peregrino logró una recuperación notable y hoy no se considera en riesgo inmediato de extinción a escala global. Sin embargo, esto no significa que esté libre de amenazas. Persisten riesgos asociados a la contaminación ambiental, las colisiones con estructuras humanas, la alteración de sitios de cría y, en algunos contextos urbanos, la perturbación directa por actividades humanas. La supervivencia de la especie sigue dependiendo de la estabilidad de los ecosistemas que ocupa y del mantenimiento de poblaciones sanas de sus presas.

En este contexto, el papel del ciudadano científicamente informado es fundamental. Reconocer al halcón peregrino como parte de la biodiversidad y no como un animal peligroso, ominoso o “extraño” permite reemplazar las supersticiones heredadas del pensamiento mágico por una comprensión basada en la ciencia. Estos animales no son brujas, ni presagios, ni amenazas sobrenaturales, del mismo modo que no lo son los búhos u otras aves asociadas históricamente a mitos. Son organismos con una historia evolutiva concreta, adaptados a cumplir un rol ecológico específico. Entenderlos, respetarlos y aprender a convivir con ellos es una de las formas más claras en que el conocimiento científico se traduce en convivencia responsable con la naturaleza, incluso en medio de la ciudad.

Referencias

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