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El método de Cannizzaro,
desarrollado por el químico italiano Stanislao Cannizzaro
en 1858, fue un avance crucial para la determinación de masas
atómicas relativas, uno de los grandes problemas de la química
del siglo XIX. En esa época, la estequiometría, la diferencia
entre átomos y moléculas, y
la relación entre las masas de los elementos en una reacción
química todavía estaban llenas de ambigüedades. Cannizzaro no
resolvió el problema inventando un nuevo aparato espectacular, sino
reorganizando ideas existentes, especialmente la hipótesis
de Avogadro, para convertirlas en una herramienta práctica de
cálculo químico.

Figura
1. [Erika Cremer] fue una química y física austríaca
pionera de la cromatografía de gases. Estudió
fisicoquímica, adsorción, catálisis
y reacciones sobre superficies. Su técnica permitió separar, identificar y
cuantificar mezclas gaseosas, convirtiéndose en herramienta central de la química
analítica, la industria, el análisis ambiental y la
investigación moderna.
Cuando Dalton formuló su teoría
atómica original, propuso que la molécula
de agua tenía fórmula HO. Bajo esa
interpretación, asignaba al hidrógeno un peso relativo de 1
y al oxígeno uno de 8, para una masa total de 9 en la
molécula completa. Sin embargo, el químico francés Joseph
Louis Gay-Lussac había obtenido experimentalmente una
proporción de gases que parecía contradecir
esta idea. En sus estudios sobre volúmenes de combinación,
observó que se necesitaba una cantidad de hidrógeno dos
veces mayor que la de oxígeno para producir agua.
Gay-Lussac pensaba que esas proporciones de volumen
gaseoso estaban directamente relacionadas con la cantidad de moléculas
que participaban en una reacción química. Para Dalton,
esto resultaba problemático, porque implicaba aceptar una composición del agua
distinta a HO. Por eso se opuso a la
interpretación de Gay-Lussac, argumentando que debía existir algún error
experimental o conceptual. También se sumaron antecedentes importantes, como
los trabajos de Alexander von Humboldt y
Gay-Lussac sobre la composición del agua, que reforzaban la relación
volumétrica entre hidrógeno y oxígeno.
Posteriormente, Amedeo Avogadro
propuso una solución capaz de hacer compatibles las ideas en conflicto. Planteó
que los gases elementales, como el hidrógeno
y el oxígeno, no estaban formados por átomos
libres, sino por moléculas diatómicas.
Así, el hidrógeno gaseoso debía entenderse como H₂ y el oxígeno
gaseoso como O₂. Esta hipótesis salvaba la teoría
atómica, pero también permitía explicar los resultados de
Gay-Lussac, siempre que se aceptara una idea atrevida para la época: que la
fórmula correcta del agua era H₂O.
Cannizzaro retomó las ideas
anteriores y las reorganizó de una forma mucho más clara. Si el hidrógeno
era reconocido como el elemento más ligero, entonces debía poseer la masa
atómica más pequeña. Siguiendo la propuesta de Avogadro,
si se quería asignar al hidrógeno atómico una masa
relativa de 1, entonces su forma elemental gaseosa, al ser diatómica,
debía tener una masa molecular de 2.
El mismo razonamiento podía aplicarse al oxígeno.
Para que un solo átomo de oxígeno tuviera una masa
atómica de 16, su forma elemental gaseosa debía tener una masa
molecular de 32. De esta manera, al combinar dos átomos de hidrógeno
con uno de oxígeno, la molécula
de agua tendría una masa total de 18, coherente con la fórmula H₂O.
Posteriormente, Cannizzaro ajustó el volumen
necesario en condiciones normales de presión y temperatura
para que el hidrógeno y el oxígeno
presentaran esas masas moleculares. El resultado fue especialmente importante:
ambos gases ocupaban el mismo volumen, aproximadamente 22.41
L. Así, el volumen molar se convirtió en
el puente entre la hipótesis de Avogadro, las masas
moleculares y los pesos atómicos.
Desde nuestra notación moderna, el método puede reformularse
de manera más compacta mediante la relación entre densidad
estándar, volumen molar y masa
molar. Si conocemos la densidad de
un gas en gramos por litro y sabemos que en condiciones normales un mol ocupa 22.41
L/mol, entonces podemos estimar su masa
molar multiplicando ambos valores. Así, una densidad
de 1.429 g/L para el oxígeno conduce a una masa
cercana a 32 g/mol para el oxígeno gaseoso. Luego, si se
reconoce que la molécula es diatómica, se obtiene la masa
atómica relativa del oxígeno:
aproximadamente 16.
Miremos
un ejemplo.
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Ejemplo 1. El nitrógeno tiene
una densidad de 1.250 g/L en condiciones normales.
Calcule su masa molar como molécula diatómica y como átomo libre.
Etapa analítica.
Usaremos
la [Fórmula.
Técnica de Cannizzaro], teniendo en cuenta que para la masa molar atómica
dividiremos la masa molar de la molécula entre 2.
Etapa numérica por factor marcado.

Etapa numérica por álgebra simbólica.

Demostración aritmética


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Este procedimiento
puede aplicarse a otros gases elementales y compuestos.
Por ejemplo, el hidrógeno tiene una densidad
estándar cercana a 0.0899 g/L; el helio, 0.179
g/L; el nitrógeno, 1.250 g/L; el oxígeno,
1.429 g/L; el cloro, 3.213 g/L; y el dióxido
de carbono, alrededor de 1.977 g/L. Estas densidades permiten
comparar masas molares y establecer
relaciones estequiométricas entre sustancias gaseosas. En ese sentido,
Cannizzaro abrió una vía poderosa: convertir mediciones físicas de densidad,
presión, temperatura y
volumen en información química sobre masa
molar, fórmula molecular y composición
elemental.
La contribución de Cannizzaro
casi pasó desapercibida porque dependía de una idea que todavía era discutida:
la existencia real de átomos y moléculas.
Sin embargo, en el Congreso de Karlsruhe de 1860,
su reinterpretación de Avogadro ofreció una solución clara a la confusión de
los pesos atómicos. Aunque muchos químicos seguían
siendo cautelosos frente a la hipótesis atómica, terminaron usando sus
resultados porque resolvían problemas concretos. La química
avanzó, como muchas veces ocurre, no porque todos creyeran lo mismo, sino
porque una herramienta empezó a funcionar mejor que las alternativas
disponibles.
La utilidad de los pesos atómicos
fue enorme para organizar los elementos. Antes de una tabla periódica
coherente, los químicos reconocían pequeñas familias con comportamientos
semejantes: litio, sodio
y potasio como metales blandos y reactivos; flúor,
cloro y bromo como halógenos;
o cobre, plata y oro
como metales nobles. Pero faltaba un criterio numérico general. Los valores
derivados a partir del método de Cannizzaro proporcionaron ese segundo eje de
organización: ya no solo importaban las propiedades químicas,
sino también el orden creciente de masa atómica.

Figura
2. [Alexander von Humboldt] fue un
naturalista prusiano clave para la ciencia
moderna. Exploró América, midió temperatura, presión
atmosférica, altitud, clima,
geología y composición del
aire. Integró física, química, biología y geografía en una
visión unificada de la naturaleza. Su obra Cosmos
influyó en científicos como Darwin y Mendeléyev.
Con esos datos, varios científicos intentaron organizar los
elementos, pero la propuesta más exitosa fue la de Dmitri
Mendeléyev. Su tabla periódica no solo
ordenaba elementos conocidos, sino que dejaba espacios para elementos aún no
descubiertos y permitía predecir sus propiedades. El caso del germanio,
que correspondió al “eka-silicio” predicho por Mendeléyev, mostró el poder
predictivo de la ley periódica. Más adelante,
con el descubrimiento de la estructura nuclear, el criterio principal pasó de peso
atómico a número atómico. Aun así, el
papel de Cannizzaro fue decisivo: al cuantificar los gases,
ayudó a construir el camino hacia la tabla periódica,
la estequiometría moderna y la futura investigación
sobre la estructura del átomo.
Referencias
Avogadro, A. (1811). Essai d’une manière de déterminer les
masses relatives des molécules élémentaires des corps. Journal de Physique, de
Chimie et d’Histoire Naturelle, 73, 58–76.
Brock, W. H. (1985). From protyle to proton: William Prout and the nature of matter,
1785–1985. Adam Hilger.
Cannizzaro, S. (1858). Sunto di un corso di filosofia chimica.
Stabilimento Tipografico F. Lao.
García García, J. L. (2025). Dimensional Analysis in Chemistry
Textbooks 1900–2020 and an Algebraic Alternative. Educación Química, 36(1), 82–108. https://doi.org/10.22201/fq.18708404e.2025.1.88260
Gay-Lussac, J. L. (1809).
Mémoire sur la combinaison des substances gazeuses, les unes avec les autres. Mémoires
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Cannizzaro. Ohio State University Press.
Scerri, E. R. (2006). The periodic table: Its story and its significance.
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Scerri, E. R. (2012). A tale of seven elements. Oxford University Press.
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