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jueves, 15 de octubre de 2026

Zorro perruno (Cerdocyon thous)

El llamado zorro bogotano es, en realidad, el zorro perruno o cangrejero, Cerdocyon thous, un mamífero silvestre que habita los Cerros Orientales y otros espacios naturales de la capital colombiana. Aunque su apariencia recuerda a la de un perro pequeño, pertenece a una especie nativa, independiente de los animales domésticos. Su presencia demuestra que, incluso dentro de una metrópoli densamente poblada, sobreviven redes ecológicas formadas por depredadores, presas y plantas. Su presencia no implica que haya sido liberado recientemente. Los registros de cámaras trampa en el humedal Torca–Guaymaral confirman su utilización de corredores verdes urbanos (Alcaldía Mayor de Bogotá, 2026a).

Su clasificación taxonómica comprende el reino Animalia, filo Chordata, clase Mammalia, orden Carnivora, familia Canidae, género Cerdocyon y especie Cerdocyon thous. El nombre Cerdocyon combina las raíces griegas correspondientes a zorro y perro, mientras thous alude al chacal; la combinación refleja semejanzas externas, no una identidad entre estos animales (Hover, 2003). Su parentesco biológico explica similitudes visibles con otros cánidos. Es el único representante viviente reconocido de su género. Frente a los zorros típicos del género Vulpes, los lobos y perros de Canis, posee una historia evolutiva sudamericana propia. No pertenece a las aves: como todos los mamíferos, tiene pelo y alimenta sus crías con leche.

Su anatomía combina un cuerpo alargado, extremidades relativamente cortas y una cola tupida que ayuda al equilibrio. La longitud de cabeza y tronco suele variar entre 54 y 77,5 centímetros; la cola mide entre 22 y 41 centímetros y la masa corporal oscila aproximadamente entre 4,5 y 8,5 kilogramos. Presenta pelaje grisáceo, mezclado con pelos negros, amarillentos y rojizos; el vientre es más claro y las patas suelen oscurecerse hacia sus extremos. Su coloración facilita el camuflaje entre hierbas y arbustos. El hocico estrecho, las orejas atentas y los ojos orientados hacia delante favorecen la búsqueda de alimento (Administración de Parques Nacionales, s. f.).

Como integrante de los cánidos, posee mandíbulas fuertes, dientes caninos para sujetar presas y molares capaces de triturar distintos alimentos. Sus cuatro extremidades terminan en dedos con uñas no retráctiles y almohadillas que facilitan el desplazamiento sobre suelo húmedo, hojarasca o senderos pedregosos. La dentición especializada conserva piezas cortantes características del orden Carnivora. Tiene olfato desarrollado para reconocer rastros, localizar recursos y percibir señales de otros individuos. La audición sensible complementa la visión durante desplazamientos con poca luz. Su fisiología endotérmica mantiene una temperatura corporal relativamente constante, ventaja importante ante las noches frías de la sabana bogotana.

El comportamiento es predominantemente crepuscular y nocturno, aunque puede observarse durante el día. Habitualmente forma parejas estables, utiliza refugios protegidos entre la vegetación y señala áreas mediante olores y vocalizaciones. Puede recorrer pastizales, matorrales, bosques secundarios y bordes de humedales, siempre que encuentre alimento y cobertura. No necesita vivir exclusivamente en bosques intactos: su plasticidad ecológica le permite aprovechar paisajes modificados, sin que eso signifique tolerancia ilimitada a la perturbación humana. Estos movimientos responden a cambios estacionales de recursos disponibles. La actividad nocturna dificulta su observación directa y favorece desplazamientos discretos (Hover, 2003).

Su reproducción es sexual y vivípara, con fecundación interna y una gestación cercana a 52–59 días. Las camadas suelen reunir tres a seis cachorros, nacidos con ojos cerrados y completamente dependientes del cuidado adulto. La hembra amamanta tres meses; las crías incorporan alimentos sólidos antes. Ambos progenitores participan en la vigilancia, el suministro de comida y la protección del refugio. El éxito reproductivo depende también de recursos alimentarios suficientes. La madurez sexual puede alcanzarse alrededor de los nueve meses. Aunque se han observado dos camadas anuales en cautiverio, esa frecuencia no debe suponerse para todas las poblaciones silvestres (Hover, 2003).

La alimentación omnívora y oportunista incluye roedores, insectos, anfibios, reptiles, huevos, frutos y carroña. El nombre «cangrejero» procede de poblaciones que consumen crustáceos cuando abundan, especialmente durante temporadas lluviosas; no significa que los cangrejos sean imprescindibles en Bogotá. Al depredar pequeños animales contribuye al control poblacional, mientras que, al ingerir frutos y expulsar semillas viables, puede favorecer la dispersión de semillas y la regeneración vegetal. Esta flexibilidad permite explotar recursos diferentes durante épocas difíciles. Participa así simultáneamente como consumidor, depredador, carroñero y transportador de propágulos (Grupo de Especialistas en Cánidos, s. f.).

Su distribución geográfica es amplia: comprende Colombia, Venezuela, las Guayanas, Brasil, Bolivia, Paraguay, Uruguay y el norte argentino. Habita sabanas, bosques, pastizales, matorrales y humedales. En Bogotá está documentado en los Cerros Orientales, zonas próximas a Usaquén y la reserva Torca–Guaymaral. La especie no es endémica de la sabana bogotana. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza lo clasifica mundialmente como de preocupación menor, con poblaciones consideradas generalmente estables. Sin embargo, esta categoría global no garantiza la seguridad de sus grupos locales, especialmente cuando sus hábitats permanecen aislados por vías y construcciones (Lucherini, 2015).

Entre sus principales amenazas socioambientales destacan la fragmentación del hábitat, los atropellamientos, la persecución humana y el contacto con perros domésticos, que pueden atacarlo o transmitir enfermedades. La acumulación de basura y la costumbre de alimentarlo alteran sus movimientos y aumentan la exposición al peligro. Protegerlo exige conservar corredores biológicos funcionales y continuos, restaurar vegetación nativa, regular las mascotas y evitar acercamientos o capturas. También son fundamentales el monitoreo científico, la educación ambiental y la planificación urbana. Conservar al zorro significa proteger las relaciones naturales que todavía conectan la ciudad con sus montañas y humedales (Alcaldía Mayor de Bogotá, 2026b).

 

Administración de Parques Nacionales. (s. f.). Cerdocyon thous. Sistema de Información de Biodiversidad de Argentina. https://sib.gob.ar/especies/cerdocyon-thous

Alcaldía Mayor de Bogotá. (2026a, 4 de abril). Secretaría de Ambiente de Bogotá reportó presencia del zorro perrero en la Reserva Distrital de Humedal Torca-Guaymaral. Portal Bogotá. https://bogota.gov.co/mi-ciudad/ambiente/camara-trampa-secretaria-de-ambiente-capta-zorro-perruno-de-bogota

Alcaldía Mayor de Bogotá. (2026b, 15 de julio). Esto es lo que debes hacer si te encuentras un zorro perruno en Bogotá. Portal Bogotá. https://bogota.gov.co/mi-ciudad/ambiente/esto-es-lo-que-debes-hacer-si-te-encuentras-un-zorro-perruno-en-bogota

Grupo de Especialistas en Cánidos. (s. f.). Crab-eating fox. IUCN SSC Canid Specialist Group. https://canids.org/canids/crab-eating-fox/

Hover, A. (2003). Cerdocyon thous. Animal Diversity Web, University of Michigan. https://animaldiversity.org/accounts/Cerdocyon_thous/

Lucherini, M. (2015). Cerdocyon thous. The IUCN Red List of Threatened Species 2015, e.T4248A81266293. https://doi.org/10.2305/IUCN.UK.2015-4.RLTS.T4248A81266293.en

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