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jueves, 15 de octubre de 2026

La probabilidad y su fundamento filosófico

[Genérica clásica]

 La probabilidad es un parámetro matemático que permite expresar qué tan posible es que ocurra un acontecimiento bajo determinadas condiciones. En estadística, también podemos relacionarla con la frecuencia relativa, que representa la proporción de entidades pertenecientes a una categoría respecto al total observado. Por su parte, el número de entidades corresponde a la frecuencia absoluta, pues indica cuántas veces aparece una característica dentro del sistema estudiado. Aunque la probabilidad y la frecuencia relativa experimental están estrechamente relacionadas, no son exactamente lo mismo: la primera puede calcularse mediante un modelo teórico, mientras que la segunda procede de observaciones reales.

Uno de los problemas más interesantes de la filosofía de la ciencia consiste en establecer qué significa realmente afirmar que un acontecimiento tiene una determinada probabilidad de ocurrencia. ¿Significa que desconocemos algunas de sus causas? ¿Que existen procesos naturales cuyos resultados no están determinados previamente? ¿O simplemente que necesitamos una herramienta matemática para describir fenómenos demasiado complejos? Estas preguntas han enfrentado durante siglos a matemáticos, físicos, biólogos y filósofos, porque involucran nuestra interpretación del azar, la causalidad, el determinismo y la propia naturaleza del conocimiento científico.

En genética experimental, estas discusiones adquieren una importancia particular. Cuando afirmamos que un descendiente tiene una probabilidad del 25 % de presentar determinado genotipo, no estamos anunciando que necesariamente aparecerá un individuo de ese tipo por cada cuatro nacimientos. Estamos describiendo una predicción estadística basada en las reglas de transmisión de los alelos y en determinadas condiciones del cruzamiento. Los resultados individuales pueden variar, pero las proporciones adquieren mayor estabilidad cuando aumentamos el número de observaciones (Abbott & Fairbanks, 2016).

¿Qué es el azar?

El azar describe situaciones en las que no podemos anticipar con certeza cuál de varios resultados posibles ocurrirá. Por ejemplo, cuando lanzamos una moneda equilibrada, sabemos que puede aparecer cara o sello, pero desconocemos el resultado particular antes del lanzamiento. Esta incertidumbre no significa necesariamente que el acontecimiento carezca de causas, sino que el resultado puede depender de condiciones que desconocemos, no controlamos o que el propio modelo considera probabilísticas.

En biología, encontramos situaciones semejantes durante la reproducción sexual. Los organismos diploides poseen pares de cromosomas homólogos, cuyos componentes se distribuyen durante la meiosis para producir gametos haploides. Esta distribución genera diferentes combinaciones de alelos, cuya aparición podemos estudiar mediante probabilidades.

Por ejemplo, un organismo heterocigoto para un gen autosómico puede producir dos clases de gametos con probabilidades teóricas iguales, siempre que exista segregación equilibrada. Sin embargo, no podemos determinar de antemano cuál de los dos alelos estará presente en un gameto particular. La incertidumbre individual convive con una regularidad que podemos describir matemáticamente.

El azar puede interpretarse de diferentes maneras. Algunas explicaciones lo relacionan con nuestra falta de información, mientras otras consideran que ciertos acontecimientos naturales poseen una indeterminación fundamental. Esta diferencia constituye una de las controversias más importantes de la filosofía de la ciencia, porque distingue entre incertidumbre del observador e indeterminación física.

Escala de tiempo

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Figura 1. [Determinismo y predictibilidad en sistemas simples]. El determinismo establece que las condiciones iniciales y las leyes físicas determinan la evolución de un sistema. En condiciones ideales, los sistemas simples permiten predecir trayectorias. Sin embargo, pequeñas perturbaciones pueden modificar los resultados. En biología, las numerosas interacciones celulares, moleculares y ambientales dificultan las predicciones, especialmente cuando existe caos determinista (Lorenz, 1963; May, 1976).

El azar clásico: incertidumbre dentro del determinismo

El llamado azar clásico se relaciona con los sistemas estudiados mediante las leyes de la mecánica clásica. Según una interpretación determinista de estas leyes, si conociéramos perfectamente las condiciones iniciales de un sistema y todas las fuerzas que actúan sobre él, podríamos calcular su evolución posterior.

Imaginemos nuevamente una moneda. Su movimiento depende de la fuerza aplicada, la velocidad inicial, la rotación, la resistencia del aire y las características de la superficie donde cae. En un modelo clásico ideal, estas condiciones determinan el resultado. Sin embargo, como normalmente desconocemos sus valores exactos, utilizamos probabilidades.

Cuando estudiamos sistemas deterministas sencillos, cuyas condiciones iniciales conocemos suficientemente bien, la incertidumbre puede reducirse considerablemente. Por ejemplo, podemos calcular con gran precisión cuándo llegará un objeto a determinada posición si conocemos su movimiento y las fuerzas que intervienen.

En cambio, cuando desconocemos las variables necesarias, el resultado parece azaroso. Por esta razón, el azar clásico suele interpretarse como una consecuencia de nuestra información incompleta o de las dificultades prácticas para realizar predicciones exactas.

En genética, algunas incertidumbres también proceden de condiciones biológicas que desconocemos. La supervivencia de un gameto, la fecundación de un óvulo o el desarrollo de un embrión pueden depender de numerosas interacciones que no hemos medido. Aunque los modelos escolares asignan probabilidades a estos acontecimientos, no debemos confundir esa descripción matemática con una demostración de que todos sus mecanismos físicos sean fundamentalmente indeterminados.

Figura 2. [Determinismo complejo]. El determinismo complejo describe sistemas gobernados por leyes definidas, pero difíciles de predecir debido a múltiples variables interdependientes. En biología, las poblaciones y los ecosistemas presentan interacciones que pueden generar caos determinista. Pequeñas variaciones iniciales producen resultados diferentes, fenómeno conocido como efecto mariposa. Su estudio requiere modelos matemáticos y análisis estadísticos (Lorenz, 1963; May, 1976).

El azar cuántico: incertidumbre en las leyes fundamentales

La mecánica cuántica, desarrollada durante las primeras décadas del siglo XX, introdujo una interpretación diferente de la probabilidad. Esta teoría describe el comportamiento de sistemas físicos microscópicos, como electrones, átomos y partículas de luz, mediante leyes matemáticas que permiten calcular las probabilidades de diferentes resultados.

En la interpretación cuántica habitual, incluso cuando conocemos completamente el estado matemático de un sistema, algunos resultados individuales de una medición no pueden predecirse con certeza. Podemos calcular sus probabilidades, pero no necesariamente anticipar cuál aparecerá en una observación particular.

Esta diferencia llevó a importantes controversias. Albert Einstein cuestionó que las probabilidades constituyeran una descripción definitiva de la realidad, mientras que otros físicos defendieron el carácter fundamentalmente probabilístico de determinados resultados experimentales.

Posteriormente, las investigaciones sobre las desigualdades de Bell permitieron contrastar ciertas explicaciones de la mecánica cuántica con predicciones basadas en variables ocultas locales. Los experimentos han encontrado resultados incompatibles con esas explicaciones locales bajo las condiciones estudiadas, aunque continúan existiendo debates filosóficos sobre la interpretación de la teoría cuántica (Hensen et al., 2015).

Esto no significa que todos los acontecimientos biológicos deban explicarse directamente mediante el azar cuántico. Aunque los organismos están constituidos por átomos y moléculas, muchos de sus procesos pueden estudiarse adecuadamente mediante modelos clásicos, leyes químicas y probabilidades estadísticas, sin necesidad de describir individualmente cada interacción cuántica.

Figura 3. [Azar clásico y probabilidad]. El azar clásico describe acontecimientos inciertos mediante modelos probabilísticos. En genética mendeliana, permite calcular la segregación de alelos, las combinaciones de gametos y las proporciones hereditarias esperadas. Sin embargo, las predicciones no garantizan resultados individuales. Las muestras pequeñas, los sesgos estadísticos y las interpretaciones equivocadas pueden generar conclusiones erróneas sobre los fenómenos biológicos estudiados (Abbott & Fairbanks, 2016).

Figura 4. [Ley de los grandes números]. La ley de los grandes números establece que, al aumentar las observaciones, las frecuencias experimentales se aproximan a las probabilidades teóricas. En genética mendeliana, permite comprender las proporciones fenotípicas esperadas durante los cruzamientos hereditarios. Sin embargo, el azar, la selección natural y las diferencias de viabilidad genética pueden producir desviaciones entre los resultados observados y esperados (Abbott & Fairbanks, 2016).

Determinismo y caos: cuando conocer las reglas no basta

El determinismo establece que la evolución de un sistema está definida por sus condiciones iniciales y las leyes que gobiernan sus interacciones. Sin embargo, debemos distinguir entre que un fenómeno esté determinado y que podamos predecirlo.

En algunos sistemas simples, conocer las condiciones iniciales permite realizar predicciones muy precisas. Pero existen otros sistemas deterministas que presentan comportamientos extraordinariamente complicados, incluso cuando están gobernados por unas pocas ecuaciones.

El caos determinista aparece en determinados sistemas dinámicos, generalmente no lineales, donde pequeñas diferencias iniciales pueden producir trayectorias muy diferentes con el transcurso del tiempo. Esto significa que dos sistemas cuyas condiciones parecen prácticamente idénticas pueden terminar mostrando resultados considerablemente distintos.

El matemático y meteorólogo Edward Lorenz investigó este problema mediante modelos atmosféricos. En 1963 publicó un estudio que demostró cómo determinadas ecuaciones deterministas podían producir comportamientos no periódicos y extremadamente sensibles a pequeñas variaciones iniciales (Lorenz, 1963).

Una consecuencia fundamental de este descubrimiento es que disponer de las ecuaciones correctas no garantiza que podamos realizar predicciones indefinidamente precisas. Si nuestras mediciones iniciales contienen errores pequeños, estos pueden amplificarse hasta volver poco confiables las predicciones a largo plazo.

En ecología, el matemático Robert May demostró que incluso modelos muy sencillos de crecimiento poblacional pueden producir comportamientos estables, oscilatorios o caóticos, dependiendo de los valores de sus parámetros. Estos resultados cuestionaron la idea de que una ecuación simple necesariamente produce resultados fáciles de anticipar (May, 1976).

 

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Figura 5. [Azar clásico y azar cuántico]. El azar clásico surge del desconocimiento de las condiciones iniciales de un sistema determinista. El azar cuántico, según su interpretación habitual, presenta incertidumbre fundamental, incluso con información completa. En biología, los procesos moleculares dependen de leyes cuánticas, mientras que la genética mendeliana utiliza modelos probabilísticos clásicos para predecir proporciones hereditarias y combinaciones de alelos (Lambert et al., 2013).

 El efecto mariposa y los sistemas biológicos complejos

El llamado efecto mariposa es una metáfora utilizada para explicar la sensibilidad a las condiciones iniciales de determinados sistemas caóticos. Su significado no consiste en que cualquier acontecimiento insignificante provoque necesariamente una catástrofe, sino en que variaciones inicialmente muy pequeñas pueden llegar a producir diferencias importantes.

Imaginemos dos poblaciones de insectos que habitan ambientes aparentemente idénticos. En una de ellas, una pequeña variación de temperatura modifica ligeramente la germinación de determinadas plantas. Esta diferencia puede alterar la disponibilidad de alimento, modificar la supervivencia de los insectos e influir sobre la abundancia de sus depredadores.

A medida que estas interacciones se acumulan, las dos poblaciones podrían desarrollar trayectorias distintas, aunque sus condiciones iniciales fueran muy semejantes. Sin embargo, para demostrar que existe caos determinista no basta con encontrar diferencias importantes: debemos identificar propiedades matemáticas características de los sistemas caóticos.

Los ecosistemas naturales contienen numerosas relaciones entre organismos. Las interacciones depredador-presa, parásito-hospedador, la competencia intraespecífica, las relaciones simbióticas y los factores abióticos pueden modificar simultáneamente las condiciones de supervivencia y reproducción.

Estas relaciones no siempre son proporcionales. Un pequeño aumento de la abundancia de una especie puede producir consecuencias limitadas mientras existan recursos suficientes, pero desencadenar cambios importantes cuando se alcanza determinado límite ecológico.

Por esta razón, algunos modelos de dinámica poblacional presentan comportamientos no lineales y, bajo determinadas condiciones, caóticos. May (1976) mostró que incluso una ecuación sencilla puede generar resultados que parecen aleatorios sin introducir azar explícito en sus reglas matemáticas.

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Figura 6. [El efecto mariposa y el caos determinista]. El efecto mariposa describe cómo pequeñas diferencias iniciales pueden generar grandes cambios en sistemas deterministas caóticos. En biología, las poblaciones y los ecosistemas presentan interacciones que dificultan las predicciones. Las variaciones ambientales pueden amplificarse con el tiempo, aunque no toda fluctuación representa caos. Su estudio requiere modelos matemáticos y análisis estadísticos (Lorenz, 1963; May, 1976).

¿Por qué el azar y el caos han enfrentado a matemáticos y filósofos?

La dificultad fundamental consiste en que un proceso aleatorio y un sistema determinista caótico pueden producir secuencias de resultados aparentemente semejantes. En ambos casos, las observaciones pueden mostrar fluctuaciones irregulares, ausencia de patrones evidentes y dificultades para predecir acontecimientos individuales.

Sin embargo, sus fundamentos son diferentes. En un proceso verdaderamente aleatorio, el modelo asigna probabilidades a sus posibles resultados. En un sistema determinista caótico, la trayectoria está definida por sus condiciones iniciales, aunque nuestra capacidad para conocerlas y calcular sus consecuencias sea limitada.

Desde la epistemología, disciplina que estudia cómo obtenemos y justificamos el conocimiento, surge una pregunta: ¿cómo podemos demostrar que un resultado es realmente azaroso y no simplemente una consecuencia de variables que desconocemos?

Este problema adquiere una dificultad adicional porque los instrumentos científicos poseen límites de precisión. Podemos medir la temperatura, la velocidad, la posición o la concentración de una sustancia, pero ninguna medición experimental contiene información ilimitada.

En ciertos sistemas caóticos, las pequeñas incertidumbres de medición pueden amplificarse, haciendo imposible mantener predicciones precisas durante períodos prolongados. Por eso, aunque conozcamos las leyes generales, podríamos no disponer de suficiente información para anticipar los resultados individuales.

En biología, además, una desviación respecto de una probabilidad teórica puede tener explicaciones diferentes. Podría originarse en el azar del muestreo, en una diferencia de viabilidad, en un mecanismo de selección natural o en interacciones ecológicas no consideradas.

Es importante señalar que estas causas no son equivalentes. La selección natural es un mecanismo evolutivo que produce diferencias en el éxito reproductivo; el caos determinista es una propiedad matemática de determinados sistemas dinámicos; y el azar estadístico describe la incertidumbre de los resultados. Los tres conceptos pueden relacionarse, pero no deben confundirse.

Las investigaciones modernas utilizan modelos matemáticos, simulaciones y métodos estadísticos para diferenciar hipótesis. Sin embargo, ninguna irregularidad observada demuestra automáticamente la presencia de caos. Para establecerlo es necesario investigar las propiedades dinámicas del sistema y descartar explicaciones alternativas.

La ley de los grandes números: cuando el azar se vuelve predecible

Una de las propiedades más importantes de la probabilidad es la ley de los grandes números, según la cual, bajo determinadas condiciones, las frecuencias relativas obtenidas mediante numerosas observaciones tienden a aproximarse a sus probabilidades teóricas.

Supongamos que lanzamos una moneda equilibrada diez veces. Podemos obtener siete caras y tres sellos, aunque la probabilidad teórica de cada resultado sea del 50 %. Esta diferencia no contradice el modelo, porque las muestras pequeñas pueden presentar variaciones considerables.

Si aumentamos el número de lanzamientos a mil o diez mil, esperamos que la frecuencia relativa de caras se aproxime al 50 %. No significa que necesariamente obtendremos cantidades exactamente iguales, sino que las desviaciones proporcionales grandes se vuelven cada vez menos probables.

Es importante aclarar que la ley de los grandes números no garantiza que las diferencias absolutas desaparezcan, ni que los resultados anteriores obliguen a los siguientes a compensarlas. Cada nuevo lanzamiento continúa siendo independiente cuando se mantienen las condiciones del experimento.

En genética mendeliana, podemos aplicar este principio al estudio de los cruzamientos hereditarios. Por ejemplo, cuando cruzamos organismos heterocigotos para un carácter con dominancia completa, esperamos determinadas proporciones entre los fenotipos de los descendientes.

Si el experimento produce solamente cuatro descendientes, no necesariamente encontraremos la distribución exacta de tres individuos con el fenotipo dominante y uno con el recesivo. En cambio, cuando obtenemos cientos o miles de descendientes, las frecuencias relativas suelen acercarse más a las proporciones esperadas, siempre que el modelo hereditario sea adecuado.

En este sentido, la predicción estadística no elimina la incertidumbre individual, pero permite reconocer regularidades colectivas. Esta propiedad constituye uno de los fundamentos de la genética experimental, donde las leyes hereditarias se comprueban mediante numerosas observaciones (Abbott & Fairbanks, 2016).

La selección natural como causa de desviaciones no aleatorias

Uno de los ejemplos más importantes de desviaciones sistemáticas en genética corresponde a la selección natural. Los experimentos clásicos se desarrollaron frecuentemente con organismos cultivados o mantenidos bajo condiciones controladas, como plantas de guisante y moscas de laboratorio.

En estos ambientes es posible reducir determinadas influencias externas, controlar los cruzamientos y comparar las proporciones fenotípicas con las predicciones hereditarias. Sin embargo, incluso bajo condiciones de laboratorio pueden existir diferencias entre los genotipos respecto a su supervivencia, fertilidad y desarrollo.

En las poblaciones naturales, estas dificultades aumentan porque los organismos interactúan continuamente con su ambiente. No basta con que un individuo reciba determinada combinación genética: también debe sobrevivir, desarrollarse y, eventualmente, reproducirse.

Imaginemos una población de insectos con individuos verdes y marrones. Si ambos colores aparecen inicialmente según las proporciones esperadas, pero los insectos marrones son más visibles para los depredadores sobre hojas verdes, podrían experimentar una mortalidad mayor.

Cuando los investigadores cuenten los insectos supervivientes, encontrarán una distribución diferente de la observada al nacimiento. Esta diferencia podría explicarse mediante selección natural, siempre que existan pruebas de que la coloración influye sobre la supervivencia y de que intervienen diferencias hereditarias relevantes.

La selección negativa puede reducir la frecuencia de determinadas variantes hereditarias, mientras que la selección positiva puede favorecer otras. Sin embargo, estos efectos dependen del ambiente y no implican que una característica sea universalmente beneficiosa o perjudicial.

Una demostración importante de la selección natural procede de los estudios de Peter y Rosemary Grant sobre los pinzones de las islas Galápagos. Sus observaciones durante varias décadas mostraron cómo las variaciones ambientales modificaban las condiciones de alimentación y favorecían diferentes tamaños y formas del pico.

Los investigadores encontraron que la evolución podía presentar cierta capacidad de predicción a corto plazo, pero que los cambios ambientales dificultaban anticipar sus trayectorias durante períodos prolongados (Grant & Grant, 2002).

Estos resultados muestran que la selección natural es un fenómeno científicamente medible y que las poblaciones pueden presentar cambios hereditarios asociados con diferencias ambientales concretas.

 Figura 7. [Selección natural e interacciones ecológicas]. La selección natural favorece características hereditarias que aumentan la supervivencia y el éxito reproductivo. Intervienen relaciones de depredación, competencia, parasitismo, mutualismo y factores abióticos. Estas interacciones modifican las frecuencias genéticas entre generaciones. Aunque sus efectos pueden medirse experimentalmente, la complejidad de los ecosistemas dificulta predecir la evolución biológica a largo plazo (Grant & Grant, 2002).

Lineamientos prácticos para nuestro curso de genética clásica

En nuestro estudio de la genética clásica básica utilizaremos la probabilidad como una herramienta matemática para construir predicciones y comprender las proporciones hereditarias. No será necesario resolver todas las controversias filosóficas sobre la naturaleza del azar, pero sí reconocer los supuestos que utilizamos y sus limitaciones.

Inicialmente trabajaremos con modelos mendelianos sencillos, suponiendo que los alelos se segregan regularmente, que los gametos considerados presentan las probabilidades previstas y que no existen diferencias importantes de supervivencia entre las categorías estudiadas. Para determinados cruzamientos dihíbridos también supondremos distribución independiente, siempre que corresponda al modelo analizado.

Bajo estas condiciones podremos calcular las probabilidades teóricas de diferentes genotipos y fenotipos mediante fracciones, proporciones y operaciones aritméticas. Posteriormente, estas probabilidades permitirán estimar el número esperado de descendientes pertenecientes a cada categoría.

Los datos obtenidos mediante observaciones reales recibirán el nombre de frecuencias experimentales. Debemos conservar estos valores y evitar modificarlos para obligarlos a coincidir con las predicciones matemáticas. Si encontramos diferencias, nuestro trabajo consistirá en describirlas y determinar si son compatibles con las variaciones esperadas.

Cuando las diferencias sean grandes, podremos reconocerlas mediante tablas de frecuencias y gráficas de barras. Sin embargo, cuando sean pequeñas y difíciles de interpretar visualmente, será necesario utilizar procedimientos de estadística inferencial, como la prueba de chi-cuadrado de bondad de ajuste, siempre que se cumplan sus condiciones de aplicación.

No debemos afirmar que una diferencia pequeña demuestra que el modelo es correcto, ni que una diferencia grande demuestra automáticamente la existencia de selección natural. Las hipótesis científicas requieren evaluarse considerando la cantidad de datos, las condiciones experimentales y los mecanismos biológicos posibles.

Finalmente, distinguiremos entre tres niveles de interpretación. El primero corresponde a las probabilidades teóricas, construidas mediante el modelo hereditario. El segundo corresponde a las frecuencias experimentales, obtenidas mediante conteos reales. El tercero corresponde a las explicaciones biológicas, mediante las cuales investigamos por qué ambos resultados coinciden o se diferencian.

Esta distinción es indispensable para comprender el alcance de los experimentos de Mendel y de la genética posterior: un modelo matemático describe determinadas regularidades de la naturaleza, pero su capacidad predictiva depende de las condiciones bajo las cuales fue construido y comprobado.

Referencias bibliográficas

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