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jueves, 15 de octubre de 2026

Copetón bogotano (Zonotrichia capensis costaricensis)

El copetón bogotano, también llamado gorrión andino o pinche, corresponde a Zonotrichia capensis costaricensis, una subespecie del copetón común documentada en la sabana de Bogotá. No constituye una especie exclusiva de la capital ni debe confundirse con una variedad doméstica. Su canto matutino, su comportamiento inquieto y su capacidad para utilizar jardines lo convierten en un ave reconocible de la ciudad. Habita parques, potreros, huertas, humedales y bordes de vegetación, donde busca alimento y anida. Investigaciones realizadas en el Jardín Botánico y la Universidad Nacional confirman su identidad subespecífica (Cueva, 2018).

Taxonómicamente pertenece al reino Animalia, filo Chordata, clase Aves, orden Passeriformes, familia Passerellidae, género Zonotrichia y especie Zonotrichia capensis. El género comprende cinco especies de gorriones americanos, caracterizados por plumajes pardos, cabezas marcadas y picos adaptados al consumo de semillas. Cuatro especies se concentran principalmente en Norteamérica; el copetón ocupa extensas regiones neotropicales. Zonotrichia procede del griego y alude a bandas en el plumaje, mientras capensis significa «del Cabo», referencia errónea al Cabo de Buena Esperanza, en África. El epíteto costaricensis alude a Costa Rica, sin implicar que esta subespecie viva únicamente allí. Aunque se lo llame gorrión, no pertenece a la familia del gorrión doméstico, Passer domesticus (Rising y Jaramillo, 2020).

El adulto mide aproximadamente 13 a 15 centímetros y pesa 20 a 25 gramos. Presenta una cabeza gris atravesada por franjas negras, una pequeña cresta eréctil y un característico collar castaño rojizo detrás del cuello. Su garganta blanquecina contrasta con las mejillas oscuras; el dorso pardo muestra manchas longitudinales y las alas poseen bordes claros. El vientre resulta grisáceo, mientras la cola alargada contribuye a maniobrar entre arbustos. Su pico corto y cónico rompe semillas; las patas delgadas, con tres dedos anteriores y uno posterior, permiten sujetarse a ramas y caminar mediante saltos. Los juveniles exhiben mayor estriado ventral (Cueva, 2018).

Como ave diurna, se alimenta principalmente sobre el suelo, pero canta desde perchas elevadas, postes o ramas visibles. Los machos defienden territorios reproductivos mediante vocalizaciones y persecuciones breves; las parejas pueden conservar vínculos entre nidadas. Su canto combina silbidos y trinos que presentan variaciones regionales, conocidas como dialectos vocales. Estas diferencias permiten estudiar la comunicación aprendida entre poblaciones. El plumaje también cambia: investigaciones bogotanas describieron mudas prebásicas completas y una muda preformativa parcial, procesos útiles para estimar la edad individual mediante plumas, iris y osificación craneal (Cueva, 2018).

La especie posee una distribución continental extensa, desde sectores de Centroamérica y el Caribe hasta Tierra del Fuego, con poblaciones en los Andes y regiones abiertas sudamericanas. La subespecie costaricensis ocupa zonas montañosas del norte de Sudamérica y Centroamérica, incluida la cordillera colombiana. En Bogotá utiliza espacios cercanos a los Cerros Orientales, jardines urbanos, bordes de cultivos y reservas de humedal. Prefiere vegetación baja y heterogénea, donde alternen semillas disponibles, arbustos protectores y lugares apropiados para anidar. Su presencia en áreas urbanas demuestra adaptabilidad ecológica, pero no garantiza que soporte cualquier intensidad de urbanización (Observatorio Ambiental de Bogotá, 2024).

Su reproducción es sexual y ovípara. La hembra construye un nido en forma de copa, utilizando pastos, fibras y otros materiales vegetales, generalmente en el suelo protegido o sobre arbustos bajos. En poblaciones colombianas estudiadas, la puesta habitual comprende dos huevos, incubados por la hembra durante once o doce días. Los polluelos altriciales nacen dependientes, reciben alimento de los adultos y suelen abandonar el nido diez a doce días después de eclosionar. En climas tropicales puede haber oportunidades reproductivas durante distintas épocas, según las condiciones locales. Los machos sostienen territorios que pueden utilizarse en nidadas sucesivas (Miller y Miller, 1968).

El copetón presenta una dieta principalmente granívora, basada en semillas de hierbas y granos caídos; también consume insectos, arañas y otros artrópodos, especialmente cuando están disponibles. Por ello participa en la red trófica como consumidor de plantas y depredador de pequeños invertebrados. Sus huevos y polluelos pueden alimentar a depredadores naturales, mientras los adultos interactúan con otras aves en zonas de forrajeo. Estas relaciones ayudan a regular poblaciones, aunque consumir semillas no equivale necesariamente a dispersarlas. Su presencia revela la importancia de conservar pastizales con semillas, matorrales y suelos vivos, incluso dentro de parques urbanos (Rising y Jaramillo, 2020).

Una interacción especialmente importante es el parasitismo de cría del chamón, Molothrus bonariensis, que deposita huevos en nidos ajenos. Un estudio bogotano examinó 28 nidos y encontró 48 % parasitados; la destrucción de huevos y el abandono de nidos redujeron su éxito reproductivo. Sin embargo, estos resultados locales no demuestran, por sí solos, una extinción próxima de toda la población (Sierra Ricaurte, 2026). Otras amenazas potenciales incluyen pérdida de vegetación, expansión urbana, pesticidas, gatos sin control, atropellamientos y colisiones contra estructuras. La magnitud específica de cada factor exige seguimiento y datos comparables a largo plazo.

La especie está clasificada globalmente como de preocupación menor, pero esta evaluación no reemplaza el monitoreo local. En Bogotá existen interpretaciones diferentes sobre sus tendencias demográficas: algunos estudios señalan disminuciones, mientras ciertos conteos prolongados sugieren estabilidad. Resulta necesario examinar métodos, zonas y periodos antes de establecer conclusiones definitivas. Su conservación requiere proteger corredores ecológicos, mantener arbustos y pastizales, reducir productos tóxicos y promover la tenencia responsable de gatos. También conviene evitar la destrucción accidental de nidos durante podas y fortalecer la educación ambiental. Cuidar al copetón significa conservar una biodiversidad urbana cotidiana, cuya aparente abundancia nunca debería justificar la indiferencia (Sierra Ricaurte, 2026).

 

Aves de Perú. (s. f.). Gorrión de collar rufo (Zonotrichia capensis). https://avesdeperu.org/passerellidae/gorrion-de-collar-rufo-zonotrichia-capensis/

Cueva, D. (2018). Molt strategy and aging of Rufous-collared Sparrow (Zonotrichia capensis) in Bogotá, Colombia. Caldasia, 40(1), 18–26. https://doi.org/10.15446/caldasia.v40n1.63337

Miller, A. H., & Miller, V. D. (1968). The behavioral ecology and breeding biology of the Andean Sparrow, Zonotrichia capensis. Caldasia, 10(47), 83–154. https://revistas.unal.edu.co/index.php/cal/article/view/33724

Observatorio Ambiental de Bogotá. (2024). ¿Qué tipo de aves hay en Bogotá? Secretaría Distrital de Ambiente. https://oab.ambientebogota.gov.co/aves-en-bogota/

Rising, J. D., & Jaramillo, A. (2020). Rufous-collared Sparrow (Zonotrichia capensis), version 1.0. En Birds of the World. Cornell Lab of Ornithology. https://doi.org/10.2173/bow.rucspa1.01

Sierra Ricaurte, A. F. (2026). Efecto del parasitismo de cría de Molothrus bonariensis sobre el éxito reproductivo de Zonotrichia capensis en Bogotá, Colombia. Caldasia, 48, e117202. https://doi.org/10.15446/caldasia.v48.117202

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