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jueves, 15 de octubre de 2026

Principios de estadística básica, la cantidad

[Genérica clásica]

La estadística es la rama de las matemáticas encargada de recolectar, organizar, analizar e interpretar datos para describir fenómenos y obtener conclusiones sobre ellos. En biología, permite estudiar las características de los organismos, comparar poblaciones e identificar patrones que resultan difíciles de reconocer mediante la observación individual. Por ejemplo, podemos contar cuántas plantas producen semillas amarillas, cuántas moscas presentan ojos blancos o qué proporción de una población posee determinada característica hereditaria. Al organizar estas observaciones mediante tablas, gráficas y parámetros estadísticos, podemos encontrar regularidades y construir explicaciones sobre los fenómenos naturales.

La importancia de las matemáticas en las ciencias fue reconocida desde los comienzos de la ciencia moderna. Galileo Galilei (1564-1642) defendía que la naturaleza podía comprenderse mediante un lenguaje matemático, mientras que William Thomson, conocido como lord Kelvin (1824-1907), destacó la importancia de las mediciones cuantitativas para comprender los fenómenos físicos. Estas ideas contribuyeron al desarrollo de la física y la química, aunque durante mucho tiempo numerosos fenómenos biológicos parecieron demasiado complejos para explicarse mediante ecuaciones sencillas. La enorme diversidad de los organismos, sus diferencias individuales y la influencia del ambiente dificultaban establecer relaciones matemáticas comparables a las utilizadas para describir el movimiento de los cuerpos.

Precisamente, uno de los acontecimientos que convirtió al mendelismo en una teoría especialmente importante fue la matematización de la herencia biológica. Aunque Gregor Mendel (1822-1884) ya había empleado conteos y proporciones para estudiar la hibridación vegetal, los investigadores de comienzos del siglo XX desarrollaron un lenguaje matemático que permitió interpretar sus resultados mediante parámetros elementales, como el número de individuos, las frecuencias absolutas, las frecuencias relativas y las probabilidades hereditarias. Gracias a estos instrumentos, las diferencias entre los descendientes dejaron de interpretarse únicamente mediante descripciones y comenzaron a estudiarse mediante modelos matemáticos capaces de predecir proporciones bajo determinadas condiciones experimentales (Olby, 1979; Abbott & Fairbanks, 2016).

La incorporación de estos procedimientos transformó la genética experimental. En lugar de limitarse a describir que algunas plantas eran altas y otras enanas, los investigadores podían determinar cuántas pertenecían a cada categoría, calcular sus proporciones y compararlas con los resultados esperados. Posteriormente, estas herramientas se ampliaron mediante la genética de poblaciones, que estudia la distribución y los cambios de las variantes hereditarias entre generaciones. En 1908, Godfrey Hardy y Wilhelm Weinberg establecieron independientemente las bases de un modelo que permite estudiar las frecuencias genéticas bajo condiciones ideales, conocido actualmente como equilibrio de Hardy-Weinberg (Edwards, 2008).

Sin embargo, para comprender estos modelos no necesitamos comenzar con matemáticas complicadas. Durante las primeras etapas de nuestro estudio utilizaremos procedimientos basados en el conteo de entidades, la clasificación de características biológicas, las fracciones y las operaciones del álgebra elemental. Estos conocimientos permitirán comprender cómo se construyen las predicciones genéticas y, posteriormente, cómo se comparan con los resultados obtenidos mediante la experimentación.

Número de entidades

El número de entidades es la cantidad de entes de un mismo tipo presentes en un sistema determinado. Esta definición procede del tratamiento cuantitativo utilizado en química, donde las entidades pueden ser átomos, moléculas, iones u otras partículas identificables. El mismo principio puede aplicarse a los sistemas biológicos, donde podemos contar células, semillas, organismos, gametos o individuos que comparten determinada característica.

El conteo puede realizarse directamente sobre entidades elementales, utilizando números enteros, o mediante agrupaciones cuando las cantidades son demasiado grandes para manejarlas cómodamente. Según el Sistema Internacional de Unidades, el número de entidades es una magnitud adimensional, cuya unidad es uno. Esto significa que el resultado del conteo no requiere una unidad física independiente, aunque debemos identificar claramente qué estamos contando.

Por ejemplo, podemos registrar 24 semillas, 150 células o 300 plantas. En estas expresiones, las palabras indican el tipo de entidad y no representan unidades físicas como el metro o el kilogramo. En cambio, el número de entidades se expresa mediante valores enteros no negativos, pues no podemos contar una fracción de un organismo completo cuando nuestra unidad de observación es precisamente el individuo.

Cuando las cantidades alcanzan valores enormes, como sucede con los átomos y las moléculas, resulta conveniente utilizar agrupaciones especiales. En química se emplea el mol, unidad de la magnitud denominada cantidad de sustancia, que corresponde exactamente a 6,02214076 × 1023 entidades elementales. Es importante distinguir ambas magnitudes: el número de entidades es un conteo adimensional, mientras que la cantidad de sustancia se mide en moles (BIPM, 2019).

En genética escolar, normalmente trabajaremos con cantidades considerablemente menores, como decenas, centenas o algunos miles de organismos. Por esta razón, resulta más sencillo contar directamente las entidades e identificar sus características fenotípicas, como el color de las flores, la forma de las semillas o la altura de las plantas.

Para representar estos conteos utilizaremos la letra minúscula cursiva n, acompañada del nombre o símbolo de la entidad entre paréntesis. Esta será nuestra convención de notación para los ejercicios de genética. Debemos tener presente que, en la nomenclatura oficial del Sistema Internacional, el número de entidades suele representarse mediante N, mientras que n representa la cantidad de sustancia en moles. Nuestra notación mantiene el uso de n como parámetro de conteo exclusivamente dentro de los modelos escolares que estamos construyendo.

Por ejemplo, si un experimento produce 400 semillas de guisante, podemos escribir: n(semillas) = 400

La letra n representa el parámetro de cantidad, que leeremos como «número de» o «cantidad de». Entre paréntesis aparece el tipo de entidad contada, mientras que después del signo igual encontramos el valor numérico del conteo.

En química, para identificar los átomos de un elemento, podemos utilizar su símbolo químico. Así, dentro de nuestra notación de conteo, la expresión: n(C) = 400

Se lee «número de átomos de carbono igual a 400». Cuando estudiamos moléculas, utilizamos su fórmula química. Por ejemplo, para representar 400 moléculas de agua escribimos: n(H2O) = 400

En genética, trabajaremos inicialmente con objetos y características más fáciles de reconocer. Si contamos 400 flores púrpuras, podemos expresar el resultado mediante: n(f.púrpura) = 400

En este caso, «f.púrpura» identifica la categoría biológica correspondiente a las flores que presentan esa coloración. La abreviatura nos permite distinguirlas de otras categorías, como flores blancas o semillas amarillas.

También podemos utilizar expresiones como n(s.amarilla), para indicar el número de semillas amarillas, o n(p.alta), para representar el número de plantas altas. Es fundamental mantener una nomenclatura coherente durante todo el experimento, de modo que cada símbolo corresponda siempre a la misma categoría.

Finalmente, después del signo igual podemos escribir un valor de conteo, una fórmula matemática o una función, dependiendo de la información disponible. Esto nos permitirá utilizar el mismo parámetro tanto para registrar datos experimentales como para realizar cálculos y construir predicciones.

Distribución y conservación

En ciertos sistemas biológicos, una categoría de entidades, como las semillas, puede dividirse en diferentes subcategorías determinadas por características particulares, como el color, el tamaño o la textura. De esta manera, el número total de entidades puede distribuirse entre varios grupos, cada uno con su propio conteo particular.

Por ejemplo, una colección de 400 semillas puede contener 250 amarillas y 150 verdes. Aunque ahora tenemos dos subcategorías, el número total de semillas continúa siendo 400. Lo único que ha cambiado es nuestra manera de organizar el conjunto mediante una clasificación fenotípica.

Para efectuar correctamente esta distribución, las categorías deben ser mutuamente excluyentes, de modo que cada entidad pertenezca a una sola categoría dentro de la clasificación elegida. Además, las categorías deben incluir todos los resultados posibles. Si clasificamos las semillas exclusivamente según su color, no debemos incluir simultáneamente categorías mezcladas como «semillas amarillas» y «semillas grandes», porque una misma semilla podría pertenecer a ambas.

Cuando cumplimos estas condiciones, podemos establecer una primera relación de conservación: la suma de los números de entidades de todas las subcategorías debe ser igual al número total de entidades del sistema. Esta relación no representa una nueva ley física, sino una consecuencia matemática de contar todos los elementos una sola vez.

Sin embargo, no siempre sabemos cuántas categorías tendrá un sistema. Podemos trabajar con dos colores, tres texturas o numerosas combinaciones de características observables. Por esta razón, utilizaremos la notación de sumatoria, representada mediante la letra griega mayúscula sigma (Σ), que permite expresar la suma de varios conteos particulares.

La sumatoria puede escribirse de dos maneras: una forma completa, con límites explícitos, y una forma simplificada, con límites implícitos. Los límites indican dónde comienza y termina la suma. En la forma completa, el límite inferior aparece debajo de sigma, mientras que el superior se coloca encima.

[Conservación del número de entidades] forma explícita

Por ejemplo, podemos utilizar i = 1 para indicar que comenzamos con la primera categoría. El límite superior señalará la última categoría que debemos considerar. Cuando nos interesa sumar todas las categorías del sistema, podemos omitir los límites, siempre que el conjunto considerado esté claramente definido.

Así, la expresión:

[Conservación del número de entidades] forma implícita

Indica que debemos sumar los números de entidades correspondientes a todas las categorías identificadas mediante el subíndice i. Este subíndice permite distinguir cada conteo sin necesidad de escribir individualmente todas las cantidades.

Por ejemplo, si tenemos semillas amarillas, verdes y blancas, el número total será igual a la suma de los conteos correspondientes a los tres colores. Esta propiedad permitirá construir tablas estadísticas, comprobar nuestros resultados y reconocer errores cuando la suma de las categorías no coincida con el total registrado.

Teóricos frente a experimentales

Uno de los problemas didácticos más frecuentes en la enseñanza de las ciencias naturales es que los libros de texto no siempre distinguen claramente los diferentes significados que puede tener un mismo parámetro matemático. En nuestro caso, resulta fundamental diferenciar los valores teóricos de los valores experimentales. Aunque ambos describen una misma característica biológica, proceden de fuentes diferentes y cumplen funciones distintas dentro de una investigación.

Un parámetro experimental, como el número de entidades, representa la cantidad de veces que realmente observamos una determinada categoría. Este valor se obtiene mediante un conteo directo, es decir, a posteriori, después de realizar las observaciones. Por ejemplo, si contamos cuántas plantas presentan flores púrpuras, obtenemos un dato experimental. Una vez verificado, este valor constituye un resultado observado que no debemos modificar para ajustarlo a nuestras expectativas.

Por su parte, un parámetro teórico representa un valor calculado mediante un modelo matemático, una estimación o una función. Una función matemática es una relación que permite determinar el valor de una variable dependiente a partir de los valores conocidos de una o varias variables independientes.

En genética, estos modelos permiten estimar cuántos descendientes esperamos encontrar con determinada característica hereditaria antes de realizar el conteo experimental. Por ejemplo, algunos cruzamientos monohíbridos permiten predecir una proporción fenotípica de 3:1, siempre que se cumplan condiciones específicas, como la dominancia completa y la ausencia de diferencias importantes en la viabilidad de los genotipos (Abbott & Fairbanks, 2016).

La idea fundamental consiste en comparar los valores esperados con los resultados observados. Si el modelo es adecuado, las diferencias deberían encontrarse dentro de las fluctuaciones compatibles con el experimento. Sin embargo, ambos valores rara vez coinciden exactamente, especialmente cuando estudiamos cantidades pequeñas de organismos.

Estas diferencias pueden aparecer debido al azar reproductivo, al tamaño de la muestra, a las condiciones ambientales o a variables adicionales que afectan la supervivencia y reproducción de los individuos. Por esta razón, la estadística permite investigar si las discrepancias son compatibles con las variaciones esperadas o si sugieren que debemos revisar nuestro modelo.

Para distinguir ambos parámetros mediante una notación algebraica, utilizaremos el subíndice e como indicador de los resultados experimentales. Así, la expresión: n(i)e,  representa el número de entidades de la categoría i que hemos contado experimentalmente. En cambio, cuando escribimos: n(i), sin ninguna marca adicional, entenderemos que corresponde al número teórico o esperado de entidades de esa misma categoría. Esta distinción constituye una convención de nuestro curso, diseñada para facilitar la comparación entre diferentes resultados.

Imaginemos que un modelo hereditario predice que, entre 400 plantas, deberían aparecer 300 con flores púrpuras y 100 con flores blancas. Estos serían nuestros conteos teóricos. Sin embargo, después de realizar el experimento encontramos 294 plantas con flores púrpuras y 106 con flores blancas. Los últimos valores corresponden a los conteos experimentales.

Aunque las cantidades no coinciden exactamente, las diferencias son relativamente pequeñas. Esto no significa automáticamente que el modelo sea correcto o incorrecto. Para evaluar su compatibilidad necesitaremos utilizar procedimientos estadísticos que consideren la cantidad de individuos estudiados y la magnitud de las diferencias observadas.

También debemos recordar que el valor experimental no representa necesariamente una verdad absoluta e inmodificable. Puede corregirse cuando descubrimos errores de identificación, registro o conteo, siempre que exista una justificación verificable. Lo que no debemos hacer es alterar los resultados simplemente para aproximarlos a una predicción teórica.

Figura 3. Comparación entre frecuencias teóricas y experimentales en un cruzamiento de plantas con flores púrpuras y blancas.

Gráficas de barras de conteo directo

Las gráficas de barras de conteo directo son representaciones estadísticas que permiten comparar visualmente el número de entidades pertenecientes a diferentes categorías. Se construyen sobre un plano cartesiano, donde cada eje cumple una función específica y facilita la interpretación de los resultados experimentales.

Figura 1. [Gráficas de barras categóricas] Las gráficas de barras permiten comparar frecuencias absolutas de distintas categorías biológicas, como colores florales o fenotipos. El eje horizontal representa las categorías y el vertical, los conteos. Las barras deben estar separadas y comenzar desde cero. En genética experimental, facilitan comparar resultados teóricos y observados, aunque determinar diferencias significativas requiere pruebas estadísticas (Cleveland & McGill, 1984).

El eje horizontal (X) presenta las variables categóricas, es decir, características que permiten distinguir grupos de organismos. Estas pueden corresponder al color de las semillas, la forma de las hojas, la longitud del tallo o diferentes fenotipos. Como las categorías representan grupos diferenciados, sus barras se dibujan separadas, sin establecer una continuidad entre ellas.

El eje vertical (Y) representa una escala numérica de conteo, generalmente expresada mediante números enteros no negativos. Aunque el número de entidades corresponde a una variable discreta, la altura de las barras puede ajustarse proporcionalmente a los valores registrados. De esta manera, una barra más alta representa un conteo mayor, mientras que una barra más baja indica una cantidad menor de entidades.

Para construir una gráfica correctamente, primero debemos organizar los datos en una tabla de frecuencias absolutas. Después identificamos las categorías y establecemos una escala vertical apropiada. Es importante que esta escala sea uniforme y, normalmente, comience en cero, pues de lo contrario podríamos exagerar visualmente las diferencias entre categorías.

Por ejemplo, si contamos 200 semillas amarillas, 120 verdes y 80 blancas, la gráfica tendrá tres barras. La primera alcanzará el valor de 200, la segunda llegará a 120 y la tercera a 80. Esta representación permite identificar rápidamente cuál es la categoría más frecuente y cuál aparece en menor cantidad.

También podemos utilizar las gráficas de barras agrupadas para comparar los valores teóricos con los conteos experimentales. En este caso, colocaremos dos barras próximas para cada categoría, utilizando colores diferentes y una leyenda que permita distinguir los resultados.

Este procedimiento facilita la identificación visual de las diferencias entre las predicciones matemáticas y las observaciones experimentales. Sin embargo, las gráficas resultan especialmente útiles cuando estas diferencias son suficientemente grandes para reconocerse a simple vista.

Figura 2. [Gráficas de barras para comparar parámetros]. Las gráficas de barras agrupadas permiten comparar frecuencias teóricas y experimentales de diferentes fenotipos. Facilitan reconocer diferencias grandes y evidentes, pero resultan insuficientes cuando las desviaciones son pequeñas. En esos casos, la prueba de chi-cuadrado permite evaluar si las diferencias entre valores observados y esperados son compatibles con el azar estadístico del modelo (McHugh, 2013).

Cuando las frecuencias teóricas y experimentales son muy semejantes, las barras pueden parecer prácticamente iguales. En estas situaciones, una inspección visual no permite establecer si las diferencias son estadísticamente importantes. Para resolver este problema, posteriormente utilizaremos pruebas estadísticas, como la prueba de bondad de ajuste de chi-cuadrado, que permite comparar frecuencias observadas con frecuencias esperadas bajo determinadas condiciones.

En genética experimental, las gráficas de barras constituyen una herramienta fundamental para representar las proporciones fenotípicas, identificar variaciones entre generaciones y comunicar los resultados de los cruzamientos. Su principal ventaja consiste en transformar una colección de números en una representación visual que facilita reconocer las relaciones entre los diferentes grupos de organismos.

Referencias bibliográficas

Abbott, S., & Fairbanks, D. J. (2016). Experiments on plant hybrids by Gregor Mendel. Genetics, 204(2), 407–422. https://doi.org/10.1534/genetics.116.195198

Bureau International des Poids et Mesures. (2019). The International System of Units (SI) (9.ª ed.). https://www.bipm.org/en/publications/si-brochure

Edwards, A. W. F. (2008). G. H. Hardy (1908) and Hardy–Weinberg equilibrium. Genetics, 179(3), 1143–1150. https://doi.org/10.1534/genetics.104.92940

Olby, R. C. (1979). Mendel no Mendelian? History of Science, 17(1), 53–72. https://doi.org/10.1177/007327537901700103

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