Estas
representaciones permiten obtener conclusiones groseras, entendiendo por
grosero aquello que es grande, evidente o fácilmente reconocible. Por
ejemplo, si esperamos 300 plantas con flores púrpuras, pero solamente
encontramos 100, la diferencia resulta evidente. Sin embargo, cuando las frecuencias
experimentales se aproximan considerablemente a las predicciones
teóricas, nuestra percepción puede resultar insuficiente. Una diferencia
pequeña puede parecer importante sin serlo, mientras que otra aparentemente
insignificante puede revelar una desviación sistemática. La interpretación
visual depende de la escala gráfica, el tamaño de muestra y la
magnitud de las diferencias (Cleveland
& McGill, 1985).
Cuando los resultados producen esa incertidumbre de «parece que sí, pero también podría ser que no», necesitamos aplicar pruebas estadísticas más rigurosas. Una herramienta importante es la prueba de chi-cuadrado de bondad de ajuste, que compara las frecuencias observadas y esperadas para determinar si sus diferencias son compatibles con las fluctuaciones aleatorias previstas por el modelo. En genética mendeliana, permite evaluar determinadas proporciones hereditarias, siempre que se cumplan sus condiciones de aplicación. La prueba no demuestra definitivamente que un modelo sea verdadero o falso, sino que proporciona evidencia para evaluar su compatibilidad con los datos experimentales (McHugh, 2013).
Cleveland, W. S.,
& McGill, R. (1984). Graphical perception: Theory, experimentation, and
application to the development of graphical methods. Journal of the American
Statistical Association, 79(387), 531–554. https://doi.org/10.1080/01621459.1984.10478080
Cleveland, W. S.,
& McGill, R. (1985). Graphical perception and graphical methods for
analyzing scientific data. Science, 229(4716), 828–833. https://doi.org/10.1126/science.229.4716.828
McHugh, M. L.
(2013). The chi-square test of independence. Biochemia Medica, 23(2),
143–149. https://doi.org/10.11613/BM.2013.018

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