Durante miles de años, las sociedades humanas observaron que los hijos se parecen a sus padres, aunque desconocían los mecanismos que explicaban estas semejanzas. El color de los ojos, la estatura, la forma del cabello y algunas características del rostro podían repetirse de una generación a otra. Sin embargo, también aparecían diferencias entre hermanos. Estas observaciones despertaron preguntas sobre la herencia biológica mucho antes del descubrimiento de los genes, los cromosomas y el ADN.
Las explicaciones
sobre el origen de los rasgos variaron de acuerdo con las creencias
culturales. En ciertas sociedades, algunas enfermedades, diferencias corporales
o malformaciones congénitas se interpretaban como bendiciones, castigos
o señales sobrenaturales. Entre los antiguos griegos existía el concepto de
hýbris, relacionado con la desmesura o arrogancia frente a los dioses. Algunos
relatos mitológicos representaban castigos mediante transformaciones físicas,
pero tales narraciones no constituían pruebas sobre la transmisión
hereditaria.

Figura 1. [Lakshmi
Tatma: sacralización de una anomalía embrionaria]. Lakshmi
Tatma nació con extremidades adicionales debido a un gemelo parásito, resultado
de una alteración del desarrollo embrionario. Su apariencia fue interpretada
como una manifestación de la diosa hindú Lakshmi. Este caso ejemplifica la
sacralización de fenómenos biológicos, cuando una anomalía congénita recibe
significados religiosos. En 2007, una intervención quirúrgica permitió separar
las estructuras adicionales (Sharma et al., 2010).
En otras
circunstancias, las diferencias anatómicas recibían interpretaciones positivas.
Un ejemplo moderno es Lakshmi Tatma, una niña nacida en la India con un gemelo
parásito, condición en la cual un gemelo incompletamente desarrollado
permanece unido al otro. Su apariencia fue relacionada por algunas personas con
la diosa hindú Lakshmi, representada con varios brazos. Actualmente se
comprende que estos casos se originan durante el desarrollo embrionario
y no por causas sobrenaturales. Tampoco toda anomalía congénita es
hereditaria: algunas alteraciones surgen durante la formación del embrión
sin haber sido transmitidas por los progenitores.
Estas
interpretaciones muestran que las ideas culturales influyeron en las primeras
explicaciones sobre la reproducción humana. También recuerdan la
necesidad de distinguir los hechos biológicos de los juicios morales. Una
discapacidad o diferencia anatómica no establece el valor de una persona. La genética
moderna investiga las causas de la variación mediante observación,
comparación, experimentación y evidencia verificable.
Los pensadores de
la antigua Grecia intentaron explicar por qué los descendientes se parecían a
sus progenitores y cómo podía originarse un organismo completo a
partir de materiales reproductivos aparentemente simples. Hipócrates,
Empédocles y Aristóteles propusieron interpretaciones diferentes sobre la
formación del embrión y la participación de cada progenitor. Sus
propuestas constituyen antecedentes históricos de la biología, aunque muchas de
sus explicaciones fueron corregidas posteriormente (Cobb, 2012).
Una forma de
comprender aquellas discusiones consiste en distinguir las causas internas
de las causas externas. Las internas corresponden a propiedades de los
componentes del organismo; las externas incluyen las condiciones de su
entorno. Esta distinción es una herramienta para estudiar las controversias,
pero no significa que todos los filósofos griegos pertenecieran a dos escuelas
científicas claramente separadas.
Actualmente sabemos
que los genes contienen información hereditaria y que el ambiente
participa en la expresión de numerosos rasgos. Por ejemplo, la estatura
depende de diferentes variantes genéticas, pero también de la nutrición y las
condiciones de salud durante el crecimiento. El genotipo es el conjunto
de información genética que posee un organismo, mientras que el fenotipo
comprende sus características observables, resultado de procesos biológicos en
los que pueden intervenir tanto los genes como el ambiente.
La epigenética
estudia mecanismos que regulan la actividad de los genes sin cambiar
necesariamente la secuencia del ADN. Por ello, no debe confundirse con
cualquier influencia del ambiente ni considerarse lo contrario de la genética
(Deichmann, 2016). Estas explicaciones actuales permiten comprender preguntas
que los griegos se plantearon sin disponer todavía de microscopios, cromosomas
ni técnicas de experimentación genética.
El preformacionismo
El preformacionismo
fue una teoría según la cual el nuevo organismo ya existía como una
estructura diminuta dentro de un elemento reproductivo. Según esta
interpretación, el desarrollo consistía principalmente en aumentar de
tamaño, en vez de formar progresivamente los órganos. Puede imaginarse
como una colección de muñecas rusas: dentro de una figura se encuentra otra más
pequeña.
Aunque hubo ideas
antiguas sobre formas preexistentes, el preformacionismo clásico se
difundió especialmente durante los siglos XVII y XVIII. Algunos defensores,
llamados espermistas, ubicaban al futuro individuo dentro del espermatozoide;
otros, denominados ovistas, lo situaban dentro del óvulo. Ambas
explicaciones buscaban responder cómo se producía el desarrollo antes de
que la fecundación estuviera bien comprendida.
En una famosa
ilustración atribuida a Nicolaas Hartsoeker aparece un homúnculo, es
decir, una figura humana diminuta dentro de un espermatozoide. La imagen
representaba una hipótesis, no una estructura que hubiera sido observada
realmente. Es incorrecto atribuir directamente esta versión del preformacionismo
a Aristóteles: él sostuvo principalmente que las partes embrionarias se
formaban de manera progresiva y desarrolló una explicación distinta del papel
de cada progenitor (Goy, 2018).
La aparente
sencillez de la teoría ocultaba problemas importantes. Si todo el organismo
ya existía formado dentro de una sola célula reproductiva, resultaba difícil
explicar las semejanzas con ambos progenitores. Asimismo, no se
comprendía cómo podían surgir nuevas combinaciones de características en las
generaciones siguientes. La teoría fue perdiendo aceptación cuando las
observaciones del desarrollo embrionario revelaron procesos mucho más
complejos.
Problemas del preformacionismo
Una dificultad
fundamental era explicar por qué los hijos comparten características con la
madre y con el padre. Si un organismo completo se encontraba
exclusivamente dentro del espermatozoide, ¿cómo podía un niño parecerse
tanto a su madre? Los defensores del preformacionismo no contaban con
una explicación satisfactoria de esta combinación de rasgos.
También existían
observaciones sobre características familiares que desaparecían aparentemente
durante una generación y reaparecían en otra. Aristóteles mencionó un relato
relativo a la semejanza con antepasados africanos que se manifestaba entre
descendientes posteriores. Este relato se utilizaba para discutir la
transmisión de los parecidos familiares, pero no constituye un experimento
controlado ni demuestra por sí mismo un mecanismo biológico (Sowa, 2016).
En la genética
actual, ciertos rasgos pueden reaparecer debido a variantes recesivas
que una persona posee sin manifestarlas de la misma manera que sus
descendientes. No obstante, características complejas como el color de la piel
dependen de numerosos genes y no deben reducirse a una sola pareja de
alelos. La herencia humana incluye patrones dominantes, recesivos,
ligados al sexo y poligénicos, además de interacciones ambientales.
Otra dificultad
tenía que ver con el crecimiento del embrión. Si todos los órganos
estuvieran presentes desde el inicio, ¿por qué se observan cambios sucesivos en
su forma y organización? Hoy conocemos la división celular, la diferenciación
y la formación de tejidos. Estas observaciones apoyan que durante el desarrollo
las células adquieren especializaciones y los órganos se
organizan mediante procesos progresivos, no simplemente por el aumento de una
miniatura inicial.
Influencia del externalismo al preformacionismo
Aristóteles
explicaba la reproducción mediante una diferencia entre las
contribuciones de ambos progenitores. Consideraba que el padre
proporcionaba un principio organizador y que la madre aportaba la materia
necesaria para el desarrollo del nuevo ser. Comparaba esa relación con
el trabajo de un artesano que confiere una forma determinada a un material.
Esta propuesta no era idéntica al preformacionismo de los homúnculos,
desarrollado muchos siglos después (Goy, 2018).
Su interpretación
también concedía importancia a determinadas condiciones del organismo
materno, aunque estaba condicionada por los conocimientos limitados de la
época. Hoy sabemos que el óvulo no es simplemente un recipiente o una
reserva de materiales: contiene ADN, estructuras celulares y componentes
indispensables para las primeras etapas del desarrollo. El espermatozoide
también aporta material genético y otros componentes que participan en
la fecundación.
La antigua
discusión sobre naturaleza y ambiente puede conectarse, con cautela, con las
actuales investigaciones sobre herencia y desarrollo. Por
ejemplo, las variantes genéticas pueden influir en la predisposición a ciertas
enfermedades, mientras que la nutrición, la actividad física y otros factores
modifican algunos riesgos. No significa que todos los rasgos puedan
separarse en una parte puramente genética y otra puramente ambiental.

Figura 2. [Diversidad
humana y prejuicios en la antigua Grecia]. Los griegos reconocían la
diversidad física humana, pero sus interpretaciones estaban influidas por el
etnocentrismo y los prejuicios culturales. Aunque desconocían el concepto
moderno de raza biológica, establecían diferencias entre pueblos, géneros y
condiciones sociales. Actualmente, la genética de poblaciones demuestra que la
variación genética humana no establece razas biológicas claramente delimitadas
ni jerarquías naturales entre personas.
Los griegos
empleaban el término Aithiops para referirse a determinadas poblaciones
africanas de piel oscura. En su mitología aparecen personajes como Memnón y
Andrómeda vinculados con Etiopía, nombre cuyo significado geográfico antiguo no
coincide exactamente con el del Estado actual. Los relatos míticos muestran la
mezcla de observaciones humanas e interpretaciones culturales. En biología, las
diferencias entre poblaciones se estudian mediante genética de poblaciones,
sin establecer jerarquías de valor entre seres humanos.
Las dos semillas
Otros autores
griegos consideraron que tanto la madre como el padre contribuían a la
formación del descendiente. Empédocles de Agrigento, del siglo V antes de
nuestra era, aparece entre los filósofos asociados a ideas sobre una
participación reproductiva de ambos progenitores. Algunas tradiciones
médicas hipocráticas y, posteriormente, Galeno también propusieron distintas
versiones de la teoría de las dos semillas.
Esta explicación
permitía comprender de manera intuitiva por qué un niño podía presentar rasgos
familiares de ambos lados. Sin embargo, las semillas eran conceptos filosóficos
y médicos, no células observadas con instrumentos científicos. No deben
identificarse sin más con el óvulo y el espermatozoide modernos.
Sus defensores carecían de conocimientos sobre cromosomas, ADN, meiosis
y fecundación (Cobb, 2012).
En la reproducción
sexual humana, el óvulo y el espermatozoide aportan normalmente
23 cromosomas cada uno. Durante la fecundación, sus materiales
genéticos se reúnen para formar el cigoto, que por lo general contiene
46 cromosomas. Esta primera célula da origen a numerosas células
mediante divisiones sucesivas. Posteriormente, esas células se
especializan para formar tejidos y órganos.
Los mecanismos de
transmisión de la información hereditaria explican por qué los
descendientes reciben combinaciones diferentes de variantes genéticas. La meiosis
y la fecundación producen diversidad genética entre hermanos,
incluso cuando tienen los mismos progenitores. Este conocimiento no
estaba disponible en la Grecia antigua y solo fue posible gracias a
investigaciones realizadas a lo largo de muchos siglos.
Resumen de la herencia en la Grecia antigua
En la Grecia
antigua se debatieron tres problemas relacionados: el origen de las semejanzas
familiares, las contribuciones de los progenitores y el modo en que se
formaban los embriones. Algunos autores atribuían al padre el papel organizador
principal, mientras otros admitían una contribución reproductiva de
ambos progenitores. Las distintas propuestas intentaban responder
preguntas biológicas sin disponer todavía de una teoría celular o genética.
La epigénesis
se relaciona con la formación progresiva de estructuras durante el desarrollo.
El preformacionismo clásico, en cambio, postuló que el organismo
ya estaba representado en miniatura. Estos términos no deben utilizarse para
convertir las diferentes opiniones de la Grecia clásica en dos bandos idénticos
a los que aparecieron en la ciencia moderna. Su significado histórico fue
cambiando de acuerdo con las observaciones y discusiones de cada época (Goy,
2018).

Figura 3. [Aristóteles]
(384–322 a. C.) nació en Estagira, Grecia. Estudió en la Academia de Platón y
fue tutor de Alejandro Magno. Posteriormente fundó el Liceo en Atenas.
Investigó filosofía, lógica, anatomía comparada, reproducción y clasificación
de los seres vivos. Sus observaciones de la naturaleza contribuyeron al
desarrollo de la biología antigua. Murió en Calcis, dejando una profunda
influencia en el pensamiento científico occidental.
Los filósofos
griegos sí realizaron observaciones importantes. Aristóteles describió
organismos, comparó estructuras y examinó el desarrollo de animales. Sin
embargo, sus métodos carecían de herramientas como el microscopio, las
técnicas celulares y los ensayos genéticos. Por esta razón, algunas hipótesis
sobrevivieron durante siglos sin pruebas capaces de confirmarlas o rechazarlas
con claridad.
Durante el mundo
romano y la Edad Media circularon diversas explicaciones procedentes de autores
griegos, latinos, judíos e islámicos. No existió una aceptación única e
invariable de una sola teoría. Posteriormente, el desarrollo de
instrumentos de observación y de experimentos permitió investigar la reproducción
de forma diferente. El descubrimiento de las células reproductivas y de
su participación en la fecundación transformó profundamente el estudio
de la herencia (Cobb, 2012).
La ley mosaica y la herencia premendeliana
Uno de los
testimonios históricos más interesantes sobre la repetición familiar de una
enfermedad aparece en los textos jurídicos judíos. Se relaciona con una
condición que hoy reconocemos como compatible con ciertos trastornos
hereditarios de la coagulación, entre ellos la hemofilia. Esta
enfermedad puede dificultar la detención de las hemorragias debido a la
ausencia o actividad insuficiente de proteínas fundamentales para la formación
de coágulos.
Cuando se produce
una lesión, las plaquetas participan en la formación de un tapón inicial
y se activa una secuencia de reacciones conocida como cascada de coagulación.
En la hemofilia A existe una alteración del factor VIII; en la hemofilia
B, del factor IX. Algunas personas presentan sangrados importantes
después de lesiones o procedimientos médicos, mientras que los casos más graves
pueden experimentar hemorragias espontáneas en músculos y articulaciones (CDC,
2024).
La ley religiosa
judía establece que los niños varones sean circuncidados tradicionalmente al
octavo día de su nacimiento. La circuncisión consiste en retirar una
parte o la totalidad del prepucio, el tejido que recubre el extremo del
pene. Para un niño con un trastorno grave de la coagulación, este
procedimiento puede representar un riesgo considerable si no se adoptan
precauciones médicas.

Figura 4. [Circuncisión].
La circuncisión consiste en retirar el prepucio que recubre el glande. Durante
el procedimiento, los vasos sanguíneos lesionados producen sangrado,
normalmente detenido mediante la coagulación. Los pacientes con hemofilia
presentan deficiencias de factores de coagulación, aumentando el riesgo de
hemorragias graves. Los antiguos rabinos reconocieron antecedentes familiares y
establecieron excepciones para prevenir muertes por desangramiento (Krill et
al., 2011).
Las fuentes
rabínicas describieron circunstancias en las que dos hermanos habían fallecido
por hemorragias asociadas a la circuncisión. Ante un antecedente de esta
gravedad, se permitió que un tercer hijo no fuera sometido al procedimiento.
También se reconoció la importancia de antecedentes observados entre hijos de
distintas hermanas. Estas disposiciones pretendían proteger la vida de los
niños, aunque sus autores desconocían los mecanismos cromosómicos de
transmisión (Rosner, 1984).
Muchos siglos
después, Maimónides, médico y filósofo judío nacido en Córdoba en 1138, examinó
y organizó numerosas disposiciones jurídicas sobre salud y práctica religiosa.
Sus comentarios conservaron la importancia de considerar los antecedentes
familiares de sangrado al valorar los riesgos de la circuncisión. No
obstante, sería incorrecto atribuirle el descubrimiento de la hemofilia
o afirmar que todas las mujeres de una familia transmiten inevitablemente el
trastorno a todos sus hijos.

Figura 5. [Maimónides]
Maimónides (1138-1204) nació en Córdoba y ejerció la medicina en Egipto.
Estudió anatomía, enfermedades y prevención sanitaria. Sus escritos recogieron
observaciones sobre hemorragias hereditarias asociadas con la circuncisión.
Aunque desconocía los genes y cromosomas, contribuyó al reconocimiento de
patrones familiares de enfermedades posiblemente relacionadas con la hemofilia,
anticipando observaciones fundamentales para la genética médica (Rosner, 1984).
Actualmente sabemos
que las formas habituales de hemofilia A y B siguen una herencia
recesiva ligada al cromosoma X. Las personas con un patrón cromosómico XY
generalmente poseen una sola copia de este cromosoma. Si esa copia contiene una
variante que afecta gravemente a un factor de coagulación, pueden
desarrollar la enfermedad. Las personas con patrón XX poseen habitualmente dos cromosomas
X y pueden portar una variante sin presentar el mismo grado de síntomas, aunque
algunas también experimentan hemorragias (CDC, 2024).
Si la madre es portadora
heterocigota y el padre no tiene hemofilia, cada hijo varón presenta
una probabilidad del 50 % de heredar la variante causante de la enfermedad.
Cada hija tiene un 50 % de probabilidad de heredarla. Estas probabilidades
corresponden a cada embarazo independientemente del resultado de los anteriores.
También pueden aparecer casos originados por variantes genéticas nuevas, sin
antecedentes familiares conocidos.
La hemofilia
puede identificarse mediante análisis de factores de coagulación y pruebas
genéticas. Los tratamientos actuales permiten reemplazar o favorecer la
función de los factores afectados y prevenir complicaciones. Las antiguas
normas sobre circuncisión constituyen un antecedente de la observación
de patrones familiares de enfermedad: sus autores reconocieron un riesgo
repetido entre parientes, aunque todavía no podían explicar qué era un gen ni
cómo se transmitía un cromosoma (Rosner, 1984).
Referencias bibliográficas
Centers for Disease
Control and Prevention. (2024). How hemophilia is inherited.
https://www.cdc.gov/hemophilia/testing/how-hemophilia-is-inherited.html
Cobb, M. (2012). An
amazing 10 years: The discovery of egg and sperm in the 17th century.
Reproduction in Domestic Animals, 47(Suppl. 4), 2–6.
https://doi.org/10.1111/j.1439-0531.2012.02105.x
Deichmann, U.
(2016). Epigenetics: The origins and evolution of a fashionable topic.
Developmental Biology, 416(1), 249–254.
https://doi.org/10.1016/j.ydbio.2016.06.005
Goy, I. (2018). Was
Aristotle the “father” of the epigenesis doctrine? History and Philosophy of
the Life Sciences, 40, Article 28. https://doi.org/10.1007/s40656-018-0193-2
Rosner, F. (1984).
Ancient descriptions of hemophilia and preconception gender selection. JAMA,
252(7), 900. https://doi.org/10.1001/jama.1984.03350070018013
Sowa, J. (2016).
The mysterious “movements” in De generatione animalium IV 3, or the female in
Aristotle’s theory of inheritance. Roczniki Humanistyczne, 64(3).
https://doi.org/10.18290/rh.2016.64.3-3
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