El funcionamiento
del microscopio compuesto depende de varios componentes. El objetivo
produce una primera imagen ampliada, mientras que el ocular permite
observarla con mayor aumento. El tubo óptico mantiene la alineación de
las lentes y el tornillo de enfoque permite ajustar la nitidez. La platina
sostiene el portaobjetos que contiene la muestra, mientras que el espejo
dirige la iluminación hacia ella. El aumento total se calcula
multiplicando el aumento del ocular por el del objetivo: un ocular de 10×
combinado con un objetivo de 40× proporciona 400×. Sin embargo,
aumentar una imagen no necesariamente mejora su resolución, que depende
de las propiedades del sistema óptico (Abbe, 1873).
Estos instrumentos
revolucionaron la observación de tejidos y microorganismos. Los
investigadores podían examinar células epidérmicas de cebolla,
identificando sus paredes celulares y, mediante preparaciones adecuadas,
sus núcleos. También estudiaron diatomeas, reconocibles por sus frústulas
de sílice, y protozoos ciliados, como Paramecium, cuyo
movimiento depende de los cilios. La observación de eritrocitos
permitió estudiar su forma y dimensiones, cercanas a 7-8 µm en humanos.
Estas mejoras facilitaron las investigaciones sobre mitosis, cromatina
y organización celular, fundamentales para el desarrollo posterior de la
citogenética (Sato, 2017).
Referencias
científicas
Abbe, E. (1873). Beiträge
zur Theorie des Mikroskops und der mikroskopischen Wahrnehmung. Archiv
für mikroskopische Anatomie, 9, 413–468. https://doi.org/10.1007/BF02956173
Sato, O. (2017).
The history of optical microscope. Mechanical Engineering Reviews, 4(1),
16-00242. https://doi.org/10.1299/mer.16-00242

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