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jueves, 29 de octubre de 2026

Figura. El microscopio Zeiss

El microscopio Zeiss representó uno de los avances tecnológicos más importantes para la biología celular del siglo XIX. En 1846, Carl Zeiss (1816-1888) fundó un taller de óptica de precisión en Jena, Alemania. En 1857 comenzó a comercializar microscopios compuestos, equipados con lentes objetivas y oculares capaces de ampliar la imagen de estructuras diminutas. Su colaboración con el físico Ernst Abbe (1840-1905), iniciada en 1866, permitió diseñar lentes mediante cálculos matemáticos desde 1872. Abbe explicó cómo la difracción de la luz limita la capacidad de distinguir detalles microscópicos. En condiciones ideales, la resolución óptica convencional alcanza aproximadamente 0.2 µm, suficiente para observar numerosas estructuras celulares, aunque insuficiente para distinguir átomos o muchos virus (Abbe, 1873; Sato, 2017).

El funcionamiento del microscopio compuesto depende de varios componentes. El objetivo produce una primera imagen ampliada, mientras que el ocular permite observarla con mayor aumento. El tubo óptico mantiene la alineación de las lentes y el tornillo de enfoque permite ajustar la nitidez. La platina sostiene el portaobjetos que contiene la muestra, mientras que el espejo dirige la iluminación hacia ella. El aumento total se calcula multiplicando el aumento del ocular por el del objetivo: un ocular de 10× combinado con un objetivo de 40× proporciona 400×. Sin embargo, aumentar una imagen no necesariamente mejora su resolución, que depende de las propiedades del sistema óptico (Abbe, 1873).

Estos instrumentos revolucionaron la observación de tejidos y microorganismos. Los investigadores podían examinar células epidérmicas de cebolla, identificando sus paredes celulares y, mediante preparaciones adecuadas, sus núcleos. También estudiaron diatomeas, reconocibles por sus frústulas de sílice, y protozoos ciliados, como Paramecium, cuyo movimiento depende de los cilios. La observación de eritrocitos permitió estudiar su forma y dimensiones, cercanas a 7-8 µm en humanos. Estas mejoras facilitaron las investigaciones sobre mitosis, cromatina y organización celular, fundamentales para el desarrollo posterior de la citogenética (Sato, 2017).

Referencias científicas

Abbe, E. (1873). Beiträge zur Theorie des Mikroskops und der mikroskopischen Wahrnehmung. Archiv für mikroskopische Anatomie, 9, 413–468. https://doi.org/10.1007/BF02956173

Sato, O. (2017). The history of optical microscope. Mechanical Engineering Reviews, 4(1), 16-00242. https://doi.org/10.1299/mer.16-00242

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