Buscar este blog

Translate

sábado, 26 de septiembre de 2026

Figura. Lesiones de las extremidades inferiores

Las extremidades inferiores soportan gran parte del peso corporal y generan las fuerzas necesarias para caminar, correr, saltar y cambiar de dirección. Por ello, el fémur, la tibia, la fíbula, la patela, los tarsos, metatarsos y falanges están sometidos a cargas mecánicas intensas. Entre las lesiones comunes aparecen las fracturas de tibia y fíbula, frecuentemente asociadas con traumatismos directos, y las fracturas de metatarsos, que pueden producirse por impactos o sobrecarga repetitiva. También son habituales las lesiones del tobillo, especialmente los esguinces laterales, originados cuando el pie realiza una inversión excesiva y se dañan los ligamentos estabilizadores. Estas lesiones pueden generar dolor, inflamación, inestabilidad y dificultad para apoyar la extremidad.

En los futbolistas, la rodilla constituye una de las regiones más vulnerables debido a los cambios rápidos de dirección, desaceleraciones, saltos y contactos físicos. Destaca la rotura del ligamento cruzado anterior, que puede ocurrir incluso sin contacto directo cuando la rodilla gira mientras el pie permanece apoyado. También son frecuentes las lesiones de los meniscos, estructuras fibrocartilaginosas que distribuyen cargas entre fémur y tibia, y los daños del ligamento colateral medial tras impactos laterales. La tendinopatía patelar, relacionada con saltos y aceleraciones repetidas, afecta el tendón que conecta la patela con la tibia. Los futbolistas también presentan lesiones musculares de isquiotibiales, aductores y pantorrilla, especialmente durante carreras explosivas y cambios bruscos de velocidad.

El pie recibe además cargas repetidas durante carreras, frenadas y golpeo del balón. Pueden desarrollarse fracturas por estrés de los metatarsos, inflamación de la fascia plantar y lesiones del tendón de Aquiles. El uso repetitivo también favorece alteraciones como periostitis tibial, caracterizada por dolor a lo largo de la tibia, y sobrecarga de las superficies articulares. Una biomecánica deficiente, calzado inadecuado, recuperación insuficiente o entrenamiento excesivo aumentan el riesgo. La prevención depende del fortalecimiento de músculos estabilizadores, entrenamiento propioceptivo, adecuada recuperación y progresión controlada de las cargas mecánicas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario