El término apatita fue introducido en 1786 por el mineralogista alemán Abraham Gottlob Werner. Su nombre procede del griego apatáō, relacionado con la idea de engañar o confundir, debido a que estos minerales pueden presentar colores, hábitos cristalinos y apariencias semejantes a los de otras especies minerales. Antes del desarrollo de técnicas modernas como la difracción de rayos X, esa variabilidad hacía relativamente frecuente su identificación incorrecta. A escala microscópica, los cristales pueden adoptar morfologías alargadas, prismáticas o laminares, dependiendo de las condiciones de cristalización, temperatura, composición química y ambiente de formación.
Desde el punto de vista biológico, la hidroxiapatita es especialmente importante porque constituye el principal componente mineral de huesos y dientes de los vertebrados. No obstante, la apatita biológica no corresponde a un cristal geológico perfectamente estequiométrico: contiene carbonato, magnesio, sodio y otros iones, además de presentar cristales extremadamente pequeños. Esta biomineralización combina apatita con una matriz orgánica, especialmente colágeno en el hueso, formando un material compuesto con elevada resistencia mecánica. Así, un grupo mineral originalmente definido por la geología se convirtió también en una pieza central para comprender la estructura, crecimiento y reparación del esqueleto vertebrado (Rey et al., 2009).
Posner, A. S. (1985). The structure of bone apatite surfaces. Journal of Biomedical Materials Research, 19(3), 241–250. https://doi.org/10.1002/jbm.820190307
Rey, C., Combes, C., Drouet, C., & Glimcher, M. J. (2009). Bone mineral: Update on chemical composition and structure. Osteoporosis International, 20(6), 1013–1021. https://doi.org/10.1007/s00198-009-0860-y
Wopenka, B., & Pasteris, J. D. (2005). A mineralogical perspective on the apatite in bone. Materials Science and Engineering: C, 25(2), 131–143. https://doi.org/10.1016/j.msec.2005.01.008
No hay comentarios:
Publicar un comentario