La médula amarilla contiene una elevada proporción de adipocitos, células especializadas en almacenar lípidos. Por ello funciona principalmente como una reserva energética, aunque conserva componentes vasculares y celulares propios del tejido medular. Su color real suele ser amarillento o anaranjado, debido al contenido lipídico, de modo que la representación visual puede variar según el tipo de ilustración o tinción. Durante la infancia predomina la médula roja, pero con el crecimiento una parte considerable se transforma progresivamente en médula amarilla, especialmente en las cavidades medulares de los huesos largos.
Ambos tipos de médula son dinámicos y pueden modificar su proporción según las necesidades fisiológicas del organismo. En situaciones de gran demanda de producción sanguínea, determinadas regiones de médula amarilla pueden aumentar nuevamente su actividad hematopoyética. La médula roja, por su parte, mantiene una relación estrecha con el sistema inmunitario y el sistema circulatorio, al ser el sitio donde se producen muchas de sus células. Así, el interior del hueso no constituye un espacio vacío, sino un ambiente metabólicamente activo en el que interactúan tejido adiposo, vasos sanguíneos, células madre y células sanguíneas en desarrollo, integrando funciones esqueléticas, energéticas y hematológicas.
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