Por encima de la cuticulina se dispone una capa cerosa importante para la vida terrestre. Las ceras cuticulares son secretadas por células epidérmicas y glándulas asociadas, y alcanzan la superficie mediante canales microscópicos que atraviesan las capas externas. Su principal función es disminuir la pérdida de agua por evaporación, convirtiendo al exoesqueleto en una barrera eficaz contra la desecación. Esta propiedad fue decisiva para la colonización de ambientes terrestres por artrópodos. La epicutícula también limita el paso de sustancias externas y contribuye a proteger frente a agentes químicos y microorganismos, aunque no constituye por sí sola toda la defensa del organismo.
Debajo de la epicutícula se encuentra la procutícula, dividida en exocutícula y endocutícula. Ambas contienen quitina asociada con proteínas, pero presentan diferentes grados de organización y endurecimiento. La exocutícula suele estar más esclerotizada, mientras la endocutícula permanece relativamente flexible. Por debajo se localiza la epidermis viva, responsable de secretar las distintas capas cuticulares durante el crecimiento y después de cada muda. Algunas células epidérmicas se especializan como células tricógenas, que producen cerdas sensoriales, y otras forman glándulas dérmicas. Así, el exoesqueleto es una estructura estratificada donde cada capa cumple funciones de protección, impermeabilización, soporte mecánico y percepción sensorial.
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