El cartílago, en cambio, contiene condrocitos alojados en lagunas generalmente más amplias y fáciles de distinguir. Estas células aparecen rodeadas por una matriz rica en colágeno, proteoglicanos y agua, responsable de la flexibilidad y resistencia a la compresión. Una diferencia fundamental es que el cartílago adulto es, en términos generales, avascular: no posee vasos sanguíneos que atraviesen directamente su matriz. Los nutrientes y el oxígeno deben alcanzar los condrocitos mediante difusión desde tejidos vecinos, lo que contribuye a explicar su metabolismo lento y su limitada capacidad de reparación frente a lesiones.
El hueso vascularizado puede remodelarse continuamente gracias a la acción coordinada de osteoblastos, osteocitos y osteoclastos, mientras el cartílago posee una dinámica mucho más lenta. Estas diferencias reflejan funciones distintas: el hueso está adaptado al soporte rígido, protección y almacenamiento mineral, mientras el cartílago favorece elasticidad, amortiguación y superficies articulares resistentes. Aunque ambos tejidos alojan sus células en lagunas, la vascularización, el grado de mineralización y la organización de la matriz determinan propiedades mecánicas y fisiológicas muy diferentes.
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