El esquema resulta útil para comprender la extraordinaria plasticidad de la fenestración craneal. Desde un patrón temporal cerrado pueden originarse configuraciones sinápsidas o diápsidas, pero esas aberturas no permanecen inmutables. Pueden ampliarse, reducirse, fusionarse con la órbita, cerrarse o alcanzar el borde posterior formando escotaduras temporales. Las serpientes y muchas aves muestran amplias reorganizaciones de las barras temporales, mientras los mamíferos transformaron la antigua fenestra sinápsida en una extensa región temporal muscular. Por ello, contar fenestras aisladamente no basta para reconstruir parentescos; deben analizarse sus bordes óseos, homologías, desarrollo y contexto filogenético (Werneburg, 2019). Frontiers
Esta plasticidad continuó incluso en grupos muy derivados. Entre los dinosaurios anquilosaurios, por ejemplo, se produjo el cierre secundario de fenestras ancestrales mediante expansión de huesos como parietal y postorbital, acompañada en ciertos linajes por osteodermos fusionados y elementos dérmicos neomórficos. En Gargoyleosaurus ya estaban cerradas la fenestra antorbital y la temporal superior; en anquilosáuridos posteriores, la ornamentación craneal llegó a ocultar suturas y producir una bóveda externamente casi continua. Así, un cráneo aparentemente “anápsido” puede surgir nuevamente dentro de un linaje inequívocamente diápsido, demostrando que la fenestración es evolutivamente reversible y altamente modificable, no una etiqueta taxonómica absoluta (Carpenter et al., 1998; Penkalski, 2025). nature.com
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