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miércoles, 19 de agosto de 2026

Figura. Corte transversal de una raíz

La imagen representa un corte transversal de una raíz, posiblemente de una planta leñosa o semileñosa, donde se observa que una raíz no es una estructura simple, sino un órgano vegetal complejo. A diferencia de un rizoide, que puede estar formado por pocos tipos celulares y cumple sobre todo función de fijación, una raíz verdadera reúne varios tejidos especializados. En el contorno externo se encuentra la epidermis o cubierta protectora; hacia el interior aparece la corteza, formada por células que pueden almacenar sustancias y permitir el paso de agua hacia el centro.

La región central contiene los tejidos vasculares, responsables del transporte interno. Los grandes espacios circulares corresponden principalmente a vasos de xilema, encargados de conducir agua y sales minerales desde el suelo hacia tallos y hojas. Cerca de ellos se ubica el floema, que transporta azúcares y otras sustancias orgánicas producidas por la fotosíntesis. Esta disposición demuestra que la raíz no solo ancla la planta, sino que también participa en la circulación vegetal, conectando el suelo con las partes aéreas.

Por eso, una raíz debe entenderse como un órgano, no como un tejido único. Un órgano está formado por varios tejidos que trabajan juntos: protección, absorción, transporte, almacenamiento y sostén. Además, muchas células del xilema poseen paredes endurecidas con lignina, lo que refuerza mecánicamente la raíz y ayuda a resistir presión, torsión y peso del tallo. Así, la raíz funciona como sistema de anclaje, sistema de absorción y parte del esqueleto vegetal, manteniendo la planta fija, nutrida y conectada con su ambiente subterráneo.

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