En la punta del tallo aparece el brote terminal, también llamado yema apical, responsable del crecimiento longitudinal de la rama. En las uniones entre hoja y tallo se encuentran los brotes axilares, ubicados en la axila, es decir, el ángulo formado entre el pecíolo y el tallo. Estos brotes pueden permanecer inactivos o desarrollarse para formar nuevas ramas, flores o estructuras reproductivas. El pecíolo sostiene la hoja y la conecta con el sistema vascular del tallo, permitiendo el paso de agua, sales minerales y azúcares.
También se observan lenticelas, pequeñas aberturas de la corteza que permiten el intercambio gaseoso en tallos leñosos, donde los estomas ya no cumplen esa función principal. En algunas zonas aparecen cicatrices, como las dejadas por las escamas de un brote terminal anterior o por estructuras asociadas a hojas, como las estípulas. Estas marcas permiten reconstruir el crecimiento pasado de la rama. Así, el tallo no es solo un soporte: es un órgano complejo que integra crecimiento, circulación vegetal, respiración, ramificación y memoria estructural del desarrollo de la planta.
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