El equipo SCUBA, en cambio, no bloquea la presión externa: permite que el buzo respire dentro de ella. El agua comprime el tórax como si colocara un peso creciente sobre el pecho, por lo que sería imposible inhalar aire mantenido simplemente a la presión de la superficie. El tanque almacena gas a presiones muy altas, normalmente del orden de cientos de atmósferas, pero el regulador no envía esa presión directamente a los pulmones. La reduce y entrega el gas aproximadamente a la misma presión que rodea al buzo. Así, el equipo no “infla los pulmones a la fuerza”, sino que equilibra la presión interna y externa para que los músculos respiratorios puedan expandir el tórax. (Wikipedia)
La presión aumenta aproximadamente una atmósfera por cada 10 m de profundidad, además de la atmósfera existente en la superficie. A 30 m, los pulmones reciben gas cercano a 4 atm; a 100 m, unas 11 atm; y a 300 m, alrededor de 31 atm. Esas presiones son físicamente alcanzables con equipos especializados, mezclas respiratorias y procedimientos técnicos, pero no corresponden al buceo recreativo ordinario. La escena submarina de Mission: Impossible – The Final Reckoning representa una inmersión extrema, aunque la película no establece con claridad una profundidad coherente. Si el submarino estuviera realmente a varios cientos o miles de metros bajo el Ártico, el descenso con equipo respiratorio convencional sería esencialmente ficticio; para esas profundidades se requeriría un traje atmosférico o un vehículo sumergible. (NOAA Ocean Exploration)
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