En 1926 publicó una serie de trabajos que fundaron la mecánica ondulatoria y formularon la ecuación que lleva su apellido. Esta permitió calcular los niveles energéticos del átomo de hidrógeno mediante funciones de onda, reemplazando las órbitas definidas por estados cuantizados. Por esa contribución compartió el Premio Nobel de Física de 1933 con Paul Dirac. Schrödinger no se limitó a resolver ecuaciones: cuestionó qué representaban sus soluciones y criticó la interpretación probabilística que Max Born terminó consolidando. Su experimento mental del gato, propuesto en 1935, mostraba la incomodidad de extender una superposición cuántica al mundo cotidiano sin resolver la medición.
La trayectoria de Schrödinger también estuvo marcada por los conflictos políticos europeos. En 1933 abandonó Alemania, donde había ocupado una cátedra en Berlín, por su oposición al nazismo. Después enseñó en Oxford, Graz y Gante, y desde 1940 dirigió actividades del Instituto de Estudios Avanzados de Dublín. Allí produjo investigaciones relevantes y escribió ¿Qué es la vida?, obra que influyó en el diálogo entre física y biología molecular. Regresó a Viena en 1956 y murió el 4 de enero de 1961. Su legado reúne rigor matemático, imaginación conceptual y una desconfianza frente a las respuestas cómodas de la teoría cuántica.
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