Esta cancelación tiene consecuencias observables en las sustancias. El CO₂ solo presenta principalmente fuerzas de dispersión de London, relativamente débiles para una molécula pequeña; por eso, a condiciones ambientales, es un gas. El disulfuro de carbono, CS₂, posee una situación geométrica semejante: sus enlaces C═S son polares en cierta medida, pero su disposición lineal permite la cancelación del dipolo molecular. También puede considerarse el etino, C₂H₂: los extremos Hδ⁺ y la región carbonada relativamente δ⁻ están distribuidos de forma lineal y simétrica, de modo que los efectos de un lado se compensan con los del otro. La simetría espacial impide establecer un polo positivo y otro negativo permanentes.
El segundo esquema expresa la misma lógica con los signos electrostáticos invertidos: si las regiones equivalentes quedan a ambos lados y los vectores son espacialmente opuestos, también se anulan. No importa que el centro sea δ⁺ y los extremos δ⁻, o al contrario; lo decisivo es la combinación entre signo, magnitud y orientación espacial. Cuando la geometría deja los dipolos enfrentados, la molécula es apolar. Cuando los vectores forman un ángulo, como en el agua, H₂O, sus componentes hacia el oxígeno se refuerzan. Entonces aparece un dipolo neto, aumentan las atracciones intermoleculares y cambian propiedades como la solubilidad, la ebullición y el estado físico.
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