El segundo caso muestra una geometría angular, como la del agua, H₂O. Cada enlace O—H posee un sentido electrostático desde los hidrógenos δ⁺ hacia el oxígeno δ⁻. Localmente, cargas de signo opuesto producen un campo eléctrico que se refuerza entre ambos extremos; sin embargo, para decidir la polaridad total también debemos considerar la espacialidad. Los dos vectores O—H no están sobre una misma recta ni en oposición de 180°. Forman un ángulo cercano a 104,5°. Sus componentes laterales se compensan, pero las componentes dirigidas hacia el oxígeno se suman. La resultante refuerza una región negativa alrededor del oxígeno y una región positiva hacia los hidrógenos.
Esta suma explica efectos observables en las sustancias. El agua, al poseer un dipolo intenso, establece puentes de hidrógeno entre moléculas; por eso es líquida en condiciones ambientales y disuelve muchas sustancias iónicas y polares, como el cloruro de sodio, el azúcar o el etanol. El amoníaco, NH₃, presenta una geometría piramidal y también posee dipolo neto; por ello se disuelve muy bien en agua y se licúa con mayor facilidad que moléculas apolares similares. En contraste, CO₂ es lineal: sus dipolos se cancelan, predominan las fuerzas de London y permanece gaseoso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario