Durante la noche, ese carbono no entra de inmediato al ciclo de Calvin, porque no hay luz suficiente para producir de manera activa el ATP y el poder reductor necesarios para fabricar azúcares. En cambio, el malato se almacena dentro de grandes vacuolas celulares, generalmente en forma de ácido málico. Así, la planta guarda carbono químicamente, como si llenara un depósito nocturno. Esta separación temporal es la clave del metabolismo CAM: la entrada de CO₂ ocurre de noche, mientras que su uso fotosintético principal ocurre de día. Gracias a esto, la planta puede mantener cerrados sus estomas durante las horas más secas y calientes.
Cuando llega el día, los estomas se cierran para reducir la transpiración. Entonces el malato almacenado sale de la vacuola y se degrada, liberando CO₂ dentro de la propia célula. Ese dióxido de carbono interno entra al ciclo de Calvin, donde la Rubisco lo fija para producir azúcares. Por eso, las plantas CAM no tienen una fotosíntesis completamente distinta: siguen usando el ciclo de Calvin, pero capturan y almacenan el carbono en otro momento. Esta adaptación es común en cactus, agaves y plantas suculentas de ambientes secos.
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