En los reptiles, el pulmón faveolar suele estar más desarrollado. La imagen muestra un pulmón simple, con pocas divisiones, y un pulmón más tabicado, lleno de faveolos que recuerdan una estructura de colmena. Cada tabique multiplica el área disponible para la difusión de gases sin aumentar demasiado el tamaño externo del órgano. A diferencia de los anfibios, muchos reptiles dependen más del pulmón que de la piel, porque su cuerpo está cubierto por escamas impermeables que reducen la pérdida de agua, pero también limitan el intercambio gaseoso cutáneo.
La tráquea conduce el aire hacia el pulmón, pero el intercambio real ocurre en las paredes húmedas y vascularizadas de los faveolos. Allí los capilares se acercan mucho al aire interno, reduciendo la distancia que deben recorrer las moléculas. Este diseño representa una etapa intermedia entre pulmones muy simples y pulmones altamente subdivididos, como los alvéolos de mamíferos o los parabronquios de aves. En síntesis, el pulmón faveolar mejora la ventilación terrestre al combinar humedad, tabicación interna, vascularización y mayor superficie respiratoria dentro de un órgano protegido del ambiente seco.
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