Un ejemplo importante es Entamoeba histolytica, protista parásito causante de amebiasis. Vive principalmente en el intestino grueso, un ambiente pobre en oxígeno y rico en materia orgánica. A diferencia de las células animales, no depende de mitocondrias típicas para producir energía con oxígeno; su metabolismo está adaptado a condiciones anaerobias. Por eso, el oxígeno puede ser más una presión ambiental que un nutriente central. Esta ameba se transmite por ingestión de quistes presentes en agua o alimentos contaminados con materia fecal. En el intestino, puede causar diarrea, dolor abdominal, sangre en heces y, en casos graves, invadir tejidos o llegar al hígado.
Si se sospecha que el agua está contaminada, la prevención debe centrarse en cortar la transmisión fecal-oral. Lo más seguro es hervir el agua antes de beberla, especialmente en zonas rurales, viajes o emergencias. También se recomienda usar filtros confiables, lavar frutas y verduras con agua segura, evitar hielo de origen dudoso, lavarse las manos después de ir al baño y antes de comer, y mantener separados alimentos crudos y preparados. En estos parásitos, controlar el agua es tan importante como tratar al paciente, porque el ciclo continúa mientras los quistes regresen al ambiente.
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