Dentro de la raíz, las hifas de las micorrizas arbusculares forman estructuras ramificadas llamadas arbúsculos, que funcionan como zonas de intercambio entre hongo y planta. Allí, la planta entrega azúcares y lípidos producidos por fotosíntesis, mientras el hongo aporta principalmente fosfato, agua y otros minerales que capta gracias a su red filamentosa. La imagen lo muestra claramente: sin micorrizas hay menor transferencia de nutrientes y agua; con micorrizas, la red de hifas aumenta la superficie de absorción y explora poros del suelo que las raíces no alcanzan. Así, el hongo actúa como una extensión microscópica del sistema radical.
La simbiosis puede volverse todavía más compleja cuando intervienen bacterias asociadas o endobacterias que viven junto al hongo o incluso dentro de sus estructuras. En ese caso aparece una simbiosis triple: la planta aporta carbono fotosintético, el hongo mejora la absorción de agua y minerales, y las bacterias pueden contribuir con nitrógeno, estimular el crecimiento o proteger contra patógenos. Los tres participantes se benefician: la planta crece mejor, el hongo recibe alimento energético y las bacterias obtienen refugio y acceso a compuestos orgánicos. Por eso las micorrizas no son simples “hongos en raíces”, sino redes ecológicas de cooperación profunda entre plantas, hongos y microorganismos.
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