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jueves, 7 de mayo de 2026

Figura. El sistema digestivo de las aves

El sistema digestivo de las aves está adaptado a procesar alimento sin dientes, reduciendo peso corporal y permitiendo una digestión eficiente. El alimento entra por el pico y pasa a la orofaringe, donde se mezcla con saliva, aunque la masticación verdadera está ausente. Luego desciende por el esófago, un conducto muscular que conduce el alimento hacia el buche. El buche es una dilatación esofágica especializada en almacenar temporalmente el alimento, humedecerlo y regular su paso hacia las regiones digestivas posteriores. En muchas aves granívoras, permite comer rápido y digerir después en un lugar seguro.

Después del buche, el alimento llega al proventrículo, también llamado estómago químico o glandular. Allí se secretan ácido clorhídrico y enzimas digestivas, iniciando la degradación química de proteínas y otros nutrientes. Luego pasa a la molleja, un estómago muscular muy potente que reemplaza funcionalmente a los dientes. La molleja tritura el alimento mediante contracciones fuertes y, en muchas especies, con ayuda de pequeñas piedras ingeridas llamadas gastrolitos. Esta separación entre digestión química y trituración mecánica es una característica fundamental del aparato digestivo aviar.

Finalmente, el contenido pasa al intestino delgado, donde ocurre la mayor parte de la digestión enzimática y la absorción de nutrientes, con ayuda del páncreas y el hígado, que producen secreciones digestivas importantes. Más adelante se encuentran los ciegos intestinales, que en algunas aves participan en la fermentación de ciertos materiales vegetales. El material no absorbido continúa hacia el intestino grueso y termina en la cloaca, una cámara común donde confluyen los sistemas digestivo, urinario y reproductor. Así, el sistema digestivo aviar combina ligereza, almacenamiento, trituración y absorción eficiente.

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