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viernes, 8 de mayo de 2026

Figura. El páncreas

El páncreas es una glándula mixta porque funciona simultáneamente como órgano exocrino y endocrino. Su porción exocrina ocupa la mayor parte del órgano y está formada por acinos pancreáticos, pequeños racimos de células secretoras conectados a una red de conductos. Estas células producen jugo pancreático, una mezcla alcalina rica en enzimas digestivas que desemboca en el duodeno a través del conducto pancreático. Allí actúan la amilasa pancreática, que degrada carbohidratos; la lipasa, que rompe triglicéridos; y varias proteasas, como tripsina, quimotripsina y carboxipeptidasas, encargadas de fragmentar proteínas.

La función exocrina del páncreas depende de una regulación precisa, porque muchas de sus enzimas son potencialmente peligrosas. Las proteasas pancreáticas se producen como zimógenos inactivos, por ejemplo tripsinógeno y quimotripsinógeno, para evitar que el órgano se digiera a sí mismo. Cuando llegan al intestino delgado, la enteropeptidasa activa el tripsinógeno y desencadena una cascada digestiva. Además, las células ductales secretan bicarbonato, que neutraliza el quimo ácido procedente del estómago. Así, el páncreas protege la mucosa duodenal y crea un ambiente adecuado para la digestión de nutrientes.

Su porción endocrina está formada por los islotes de Langerhans, grupos celulares dispersos entre los acinos. Allí, las células beta secretan insulina, hormona que favorece la entrada de glucosa a las células y reduce la glucemia. Las células alfa producen glucagón, que eleva la glucosa sanguínea al estimular la liberación de reservas hepáticas. También existen células delta, productoras de somatostatina, y células PP, relacionadas con la regulación digestiva. Por eso, el páncreas integra digestión y metabolismo: descompone alimentos en el intestino y regula la disponibilidad de glucosa en la sangre.

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