Los peligros reales no están en la respiración vegetal, sino en el manejo del matero y del agua. Si una planta se riega en exceso, el sustrato puede quedar encharcado y favorecer crecimiento de hongos, malos olores, pudrición de raíces y aparición de pequeños insectos. En personas sensibles, el moho del suelo húmedo o el polvo acumulado sobre las hojas puede agravar alergias, rinitis o molestias respiratorias. También hay que tener cuidado con plantas tóxicas si hay niños pequeños o mascotas, porque algunas hojas, tallos o savias pueden causar irritación, vómito o intoxicación si se ingieren.
El riesgo más importante en zonas cálidas sí puede ser el agua estancada. Platos bajo las macetas, floreros, recipientes decorativos o charcos pequeños pueden convertirse en criaderos de mosquitos como Aedes aegypti, transmisor de dengue, zika y chikunguña. Por eso no conviene dejar agua acumulada varios días. Lo ideal es regar sin encharcar, vaciar los platos, lavar floreros, cambiar el agua con frecuencia, usar sustratos bien drenados y revisar rincones donde pueda acumularse agua. Así, dormir con plantas es seguro; lo peligroso no es la planta, sino el descuido, la humedad excesiva y los criaderos de mosquitos.
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