Otras intervenciones se dirigen a los conductos biliares. Si una “piedrita” baja desde la vesícula y se atasca en el colédoco, puede producir ictericia, colangitis o pancreatitis. En esos casos se usa con frecuencia la CPRE, o colangiopancreatografía retrógrada endoscópica, que permite entrar por la boca hasta el duodeno, localizar la obstrucción, cortar el esfínter de Oddi si es necesario y extraer el cálculo con canastillas o balones. También pueden realizarse drenajes, colocación de prótesis o exploración quirúrgica del conducto biliar cuando la obstrucción es compleja.
Las “piedritas” aparecen cuando la bilis pierde su equilibrio químico normal. Muchas están formadas por colesterol, especialmente cuando la bilis contiene demasiado colesterol, pocas sales biliares o la vesícula no se vacía bien. Otras se forman por exceso de bilirrubina, pigmento derivado de la degradación de glóbulos rojos. Factores como obesidad, pérdida rápida de peso, embarazo, edad, antecedentes familiares, ciertas dietas y algunas enfermedades hepáticas o sanguíneas aumentan el riesgo. Si el cálculo permanece silencioso, puede no requerir tratamiento; pero si bloquea un conducto, puede causar dolor intenso, fiebre, vómito, infección o inflamación grave.
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