Su sensibilidad al agua tibia no debe entenderse principalmente como un “golpe de calor” semejante al de un mamífero terrestre. El problema central es que, cuando la temperatura del agua aumenta, disminuye la cantidad de oxígeno disuelto disponible. En otras palabras, el aire no permanece igual de bien disuelto en agua caliente: el oxígeno tiende a escapar hacia la atmósfera y queda menos disponible para que las branquias lo extraigan. Al mismo tiempo, el pez puede aumentar su metabolismo y demandar más oxígeno, lo que agrava el problema. La EPA resume este principio indicando que las altas temperaturas reducen la solubilidad del oxígeno en el agua.
Por eso, en zonas muy cálidas, las peceras y estanques con koi necesitan buena aireación, filtración y movimiento superficial. Las bombas de burbujas no “fabrican” oxígeno, pero aumentan el contacto entre agua y aire, rompen la superficie, favorecen el intercambio gaseoso y ayudan a reponer oxígeno disuelto. También reducen zonas estancadas, donde la respiración de peces, bacterias y materia orgánica puede consumir rápidamente el oxígeno disponible. En acuicultura, la temperatura del agua y el oxígeno disuelto son factores decisivos para la respiración y supervivencia de los peces.
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