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viernes, 8 de mayo de 2026

Figura. Anatomía del intestino delgado

La imagen muestra la anatomía del intestino delgado, una región del tubo digestivo especializada en completar la digestión química y realizar la mayor parte de la absorción de nutrientes. Su pared conserva las capas generales del tracto gastrointestinal: mucosa, submucosa, músculo circular, músculo longitudinal y serosa. La musculatura lisa produce movimientos de mezcla y peristaltismo, mientras que la mucosa intestinal forma grandes pliegues circulares o plicae circulares, que aumentan la superficie interna y hacen más lento el avance del contenido, favoreciendo el contacto entre el alimento digerido y el epitelio absorbente.

Sobre la superficie de la mucosa se proyectan las vellosidades intestinales, estructuras digitiformes que sobresalen hacia el lumen intestinal. Estas vellosidades aumentan enormemente el área disponible para absorber monosacáridos, aminoácidos, ácidos grasos, vitaminas, agua y sales minerales. Entre las vellosidades se hunden las glándulas intestinales o criptas, encargadas de renovar el epitelio y producir secreciones. En el revestimiento aparecen células epiteliales absorbentes, especializadas en transportar nutrientes, y células caliciformes, que secretan moco para lubricar y proteger la superficie intestinal.

Cada vellosidad contiene en su interior una red de capilares sanguíneos y un vaso linfático central llamado lacteal o vaso quilífero. Los nutrientes hidrosolubles, como glucosa y aminoácidos, pasan principalmente hacia la sangre; en cambio, muchos lípidos ingresan al sistema linfático mediante los lacteales. También se observan placas de Peyer, acumulaciones de tejido linfoide importantes para la defensa inmunológica del intestino. Así, el intestino delgado no es un simple tubo absorbente, sino una superficie altamente plegada, vascularizada, secretora e inmunológicamente vigilada.

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