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viernes, 24 de abril de 2026

Figura. La astronomía sumeria

La astronomía sumeria surgió en el contexto de la que suele considerarse la primera civilización urbana de gran escala en la historia, desarrollada en Mesopotamia meridional entre ciudades como Ur, Uruk, Lagash y Nippur. Aunque sus comienzos fueron muy antiguos, su avance fue notablemente rápido porque la vida en ciudades, la administración de templos, la agricultura de regadío y el comercio exigían formas cada vez más precisas de contabilidad, calendario y observación del cielo. Los sumerios no practicaban la astronomía como una ciencia separada en el sentido moderno, sino como un saber ligado a la religión, la administración y la organización del tiempo. Observar la Luna, el Sol y ciertos astros permitía regular fiestas, trabajos agrícolas y decisiones rituales, de modo que el cielo se convirtió en una referencia permanente para la vida social.

Ese desarrollo fue posible porque los sumerios ya contaban con una tradición de escritura cuneiforme, funcionarios especializados y verdaderos contadores titulados o escribas-administradores capaces de registrar cantidades, ciclos y movimientos periódicos. Su matemática, basada en el célebre sistema sexagesimal, fue una forma de matemática avanzada para su época, y permitió manejar fracciones, equivalencias y divisiones del tiempo y del círculo que todavía hoy sobreviven en nuestras horas, minutos y grados. En ese entorno, la observación astronómica no era una curiosidad aislada, sino parte de una cultura técnica. Los templos y palacios necesitaban calendarios confiables, y eso llevó a una regulación cada vez más cuidadosa de los meses lunares, de los ciclos estacionales y de la relación entre actividades humanas y fenómenos celestes.

Sin embargo, conviene recordar que en Sumer la astronomía estaba profundamente unida a la astrología, al simbolismo religioso y a la autoridad política. Los cielos no solo servían para medir el tiempo, sino también para interpretar el orden del mundo. Aun así, ese saber constituyó un punto de partida decisivo: allí comenzaron tradiciones de registro sistemático, cálculo y regularización del calendario que después serían ampliadas por acadios, babilonios y asirios. Por eso, la astronomía sumeria fue temprana, práctica y sorprendentemente sofisticada para una civilización tan antigua.

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