La mayoría de los turbellarios son depredadores o carroñeros, capaces de alimentarse de casi cualquier tipo de materia animal disponible en su entorno. Sin embargo, este grupo presenta una notable diversidad trófica: algunas especies son herbívoras, ya sea filtrando o raspando microalgas, y otras cambian su modo de alimentación a lo largo del ciclo de vida, pasando de una dieta herbívora en etapas juveniles a una carnívora en la adultez. Sus presas habituales incluyen protozoos, pequeños crustáceos, gusanos, larvas de moluscos y otros invertebrados de tamaño reducido. Existen también especies especializadas que se alimentan directamente de tejidos vivos de esponjas o tunicados. En la mayoría de los casos, los turbellarios localizan a sus presas mediante la detección de gradientes químicos, un mecanismo de quimiorrecepción muy eficiente en ambientes acuáticos.
Más de un centenar de especies de turbellarios han sido
reconocidas como simbiontes de otros invertebrados. En algunos casos se
trata de relaciones comensales, en las que el turbellario obtiene
refugio o alimento sin causar un daño evidente al hospedero. En otros, la
relación es claramente perjudicial, ya que el turbellario se alimenta de
tejidos o fluidos del anfitrión. La mayoría de los turbellarios simbióticos
pertenecen al orden Rhabdocoela, un grupo caracterizado por su pequeño
tamaño y por presentar adaptaciones particulares al modo de vida asociado a
otros organismos.
Estructura general del tracto gastrointestinal
Por lo general, el tracto gastrointestinal de los
turbellarios está compuesto por una boca, una faringe y un intestino,
también denominado enterón. Al igual que en los cnidarios, este sistema
digestivo es incompleto, ya que carece de un ano verdadero. Esta
característica impone una limitación importante: los turbellarios solo pueden
consumir alimentos que puedan ser digeridos por completo, evitando así
la acumulación de residuos no digeribles que no podrían ser eliminados
fácilmente del cuerpo.
Enlace
a la [Figura:
Anatomía de los tubelarios]
La posición de la boca es variable entre los
distintos grupos y puede ubicarse desde la región medioventral hasta una
posición más anterior. La faringe se origina a partir del ectodermo
embrionario y suele estar asociada a diversas glándulas faríngeas
que desembocan en el lumen faríngeo. Estas glándulas secretan mucosa, la
cual facilita el transporte mecánico del alimento, y en algunas especies
producen además enzimas proteolíticas que inician la digestión
química interna incluso antes de que el alimento llegue al intestino.
Tipos de faringe
Los mecanismos de alimentación de los turbellarios varían
notablemente entre linajes y dependen tanto del tamaño del animal como de la
complejidad de su aparato bucal. En este grupo se reconocen tres tipos
principales de faringe: simple, bulbosa y plicada.
Enlace
a la [Figura:
Faringes de los tubelarios]
La faringe simple consiste en un canal corto y generalmente ciliado que conecta directamente la boca con el intestino. En muchos casos, esta faringe conduce a un intestino con forma de saco simple y alargado, con divertículos cortos. Algunas especies parasíticas incluso carecen por completo de una cavidad intestinal definida. Los turbellarios con faringe simple suelen ser pequeños y presentan la boca en la región medioventral, lo que puede dar lugar a confusiones anatómicas en observadores inexpertos. Estos animales se alimentan principalmente de materia orgánica fina, capaz de disolverse y digerirse completamente, lo cual es crucial dada la ausencia de un ano y el tamaño relativamente reducido de la abertura faríngea.
La faringe bulbosa es más grande y musculosa, y puede proyectarse hacia el exterior del cuerpo mediante potentes músculos. Este tipo de faringe permite envolver parcial o totalmente a la presa y suele estar conectada a un intestino en forma de saco ciego alargado, facilitando la ingestión de presas relativamente grandes en comparación con el tamaño del animal.
La faringe plicada es una estructura eversible,
asociada a un pliegue muscular ubicado en la cavidad faríngea. Al igual
que la bulbosa, puede proyectarse fuera del cuerpo para capturar a la presa,
pero suele alcanzar una extensión aún mayor. Los turbellarios con faringe
plicada son generalmente grandes y depredadores activos, y presentan un
intestino más desarrollado, con un mayor número de divertículos digestivos,
lo que incrementa la eficiencia en la digestión y absorción de nutrientes.
Intestino
Las ramificaciones intestinales o divertículos
cumplen una doble función fundamental. Por un lado, incrementan
significativamente la relación superficie–volumen, mejorando la
absorción de nutrientes. Por otro, actúan como un sistema interno de distribución
de sustancias, compensando la ausencia de un sistema circulatorio
verdadero. Dado que los turbelarios carecen de celoma, el transporte
de nutrientes depende en gran medida de la difusión a través de los tejidos, lo
que limitaría severamente su tamaño corporal si no existieran estas
ramificaciones intestinales.
La pared intestinal está formada por una capa de
células simples, muchas de ellas fagocitarias, que además secretan enzimas
digestivas. En algunos grupos, el epitelio intestinal presenta cilios,
lo que contribuye al movimiento del contenido digestivo. A diferencia de lo que
ocurre en vertebrados, no existe una separación clara entre estómago e
intestino: el mismo tejido cumple funciones de secreción enzimática, absorción
y digestión, por lo que se lo denomina simplemente intestino.
Enlace
a la [Figura:
Anatomía de los tubelarios 2]
En la mayoría de los turbelarios, la digestión
comienza de forma extracelular, gracias a la acción de enzimas
proteolíticas y peptidasas liberadas por la faringe o por glándulas del
intestino. El material parcialmente digerido es distribuido a través de los
divertículos y posteriormente fagocitado por las células intestinales.
Una vez dentro de estas células, los nutrientes son degradados mediante digestión
intracelular hasta nivel molecular. No obstante, en algunas especies una
parte importante de la digestión puede completarse extracelularmente.
La eliminación de desechos no digeribles se realiza,
en la mayoría de las especies, a través de la boca, ya que no existe un
ano permanente. Este proceso es poco frecuente debido al tipo de alimento que
consumen. Existen, sin embargo, excepciones notables: la especie de gran tamaño
Haplopharynx rostratus presenta un pequeño poro especializado, algunos
policládidos poseen varios poros terminales en las ramas intestinales y, en
ciertos proseriados, puede formarse de manera temporal un ano verdadero,
lo que evidencia la plasticidad evolutiva del sistema digestivo en este grupo
de gusanos planos.
Referencias
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