Los equinodermos despliegan una amplísima variedad de estrategias alimenticias y, por eso, su digestión no puede entenderse como un “modelo único”, sino como un conjunto de soluciones anatómicas y fisiológicas que se repiten, se modifican o se simplifican según el grupo. En lugar de reducir esta diversidad a una lista breve, conviene dejar claras las ideas-ancla que organizan el tema: modo de captura (filtración, depredación, detritivoría), tipo de procesamiento (masticación, digestión externa, digestión interna), trayectoria del tubo digestivo (completo o incompleto) y estructuras especializadas (pínulas, estómago eversible, linterna de Aristóteles, tentáculos orales, árbol respiratorio). Con estas anclas es más fácil leer cada clase como una variación coherente del mismo problema biológico: cómo atrapar, transformar y absorber nutrientes en un cuerpo radial con sistema ambulacral.
Crinoideos
Los lirios de mar y los plumones marinos se
alimentan principalmente por filtración, y su anatomía se organiza
alrededor de un “dispositivo” de captura formado por brazos y pínulas.
Estas estructuras se disponen perpendicularmente al flujo de agua, lo
que incrementa la probabilidad de contacto con partículas en suspensión.
Enlace
a la [Figura.
Sistema digestivo de un lirio de mar]
El alimento queda retenido gracias a la combinación de podios
(pies ambulacrales) y moco, y luego es conducido hacia la boca mediante
el transporte ciliar: los cilios del epitelio actúan como “bandas
transportadoras” microscópicas que mueven el material atrapado a lo largo de
surcos ambulacrales. La boca se continúa con un esófago muy corto, lo
cual subraya que el procesamiento inicial no depende de un largo conducto
anterior, sino del traslado eficiente de partículas ya capturadas. El intestino
forma bucles alrededor del cáliz, es decir, realiza un recorrido
enrollado que aumenta el trayecto interno disponible para digestión y absorción
sin requerir un cuerpo alargado. El tubo digestivo culmina en el ano,
situado cerca de uno de los brazos; este detalle topográfico es relevante
porque vincula la eliminación con la región del cáliz y su orientación en el
cuerpo. En muchas especies, el intestino porta divertículos digestivos,
y no se trata de simples “bolsas”: son extensiones que amplían el área
secretora y absorbente, y en varios casos presentan ramificaciones
secundarias, reforzando la idea clave de aumentar superficie interna
para maximizar el aprovechamiento del alimento filtrado.
Asteroideos
La mayoría de las estrellas de mar son depredadores
oportunistas o carroñeros, y aquí la ancla central no es la
filtración, sino la capacidad de procesar presas relativamente grandes mediante
una combinación de captura mecánica y digestión externa. Muchas
especies actúan como generalistas, consumiendo diversos invertebrados
más lentos o animales muertos; esto les permite desempeñar roles ecológicos
como depredadores de nivel medio o superior en ambientes intermareales.
En contraste, existen especies con especialización estricta, cuyo
comportamiento alimentario y capacidad de manipulación se ajustan a un tipo
particular de presa. Salvo algunas formas filtradoras, el mecanismo
característico consiste en proyectar el estómago sobre el alimento: la
estrella eversa una porción del estómago y libera enzimas digestivas
directamente sobre el tejido de la presa. Esta digestión ocurre fuera del
cuerpo, pero no es “externa” en el sentido de abandonar el control: el estómago
evertido funciona como una superficie digestiva activa que secreta, licúa
y luego reabsorbe el material. El moco cumple una doble función:
favorece la adhesión al sustrato o a la presa y facilita que el material ya
degradado sea succionado hacia el interior.
En las especies filtradoras, la captura depende del contacto
entre partículas y podios; al estar recubiertos de mucosidad, los podios
retienen material particulado y los cilios lo desplazan hacia la boca. Algunas
estrellas levantan los brazos para interceptar partículas en la corriente, lo
que convierte a los brazos en superficies colectoras activas. Anatómicamente,
el sistema digestivo se extiende desde la boca (en el centro de la
superficie oral) hasta el ano (en la superficie aboral). La boca está
rodeada por una membrana peristomal de textura coriácea, cuya
importancia funcional no es decorativa: su flexibilidad permite la
eversión gástrica y, además, integra un esfínter muscular que sella la
abertura cuando es necesario, controlando tanto la entrada como la retención
del contenido. Entre la boca y el estómago existe un esófago corto, que
actúa principalmente como conducto de transición.
Enlace
a la [Figura:
Sistema digestivo de una estrella de mar]
La región anterior del estómago, conectada con el esófago,
corresponde al estómago cardíaco, que es la porción eversible.
Para que la eversión no sea irreversible ni caótica, existen músculos
retractores dispuestos radialmente: estos músculos tiran del estómago para
retornarlo al interior una vez la presa ha sido licuada y el alimento
semidigerido ha sido incorporado. Detrás del cardíaco se ubica el estómago
pilórico, que no se proyecta como el anterior, pero funciona como centro de
distribución interna. Desde él parten dos conductos pilóricos hacia cada
brazo (en conjunto, un par por brazo), y esos conductos conducen a las glándulas
digestivas o ciegos pilóricos situados dentro de los brazos. Aquí la
ancla es clara: los brazos no son solo locomotores; son también “almacenes y
laboratorios” digestivos donde se produce gran parte de la actividad enzimática
y la absorción. Desde el estómago pilórico, un intestino corto conduce
al ano y, en algunos casos, se asocia con sacos rectales o glándulas
rectales. Estas estructuras complementan el procesamiento final,
especialmente cuando quedan fracciones aprovechables que no fueron absorbidas
en las regiones anteriores.
En términos funcionales, el estómago cardíaco y los ciegos
pilóricos son las regiones principales de producción de enzimas,
particularmente proteasas, lo cual se alinea con dietas ricas en
proteínas animales. La digestión molecular ocurre dentro del cuerpo
(tras la ingestión del material licuado), pero sigue siendo extracelular,
es decir, en el lumen y sobre superficies internas, no dentro de células como
mecanismo dominante. Los productos semidigeridos viajan por los conductos
pilóricos hacia los ciegos, donde se absorben y con frecuencia se almacenan,
haciendo evidente que la digestión en estrellas combina tres pasos encadenados:
licuefacción externa controlada, ingestión de masa predigerida y procesamiento
interno con absorción concentrada en glándulas digestivas. El intestino, a
diferencia de muchos animales, no parece ser el principal sitio de absorción;
aun así, las glándulas rectales pueden participar en digestión y absorción de
componentes que no fueron procesados antes, reforzando la idea de “etapas”
digestivas con funciones repartidas.
Ofiuroideos
Las ofiuras muestran una diversidad alimentaria
notable: pueden combinar depredación, carroñeo, filtración de
sedimentos y captura de material flotante, y varias especies
alternan métodos según el ambiente y la disponibilidad de recursos. Algunas
usan tentáculos para capturar presas relativamente grandes, ya sea
extendiéndolos desde una guarida (captura pasiva) o recorriendo activamente el
fondo. En otras, la captura de microalimento se parece a la observada en
estrellas: el moco de los podios retiene partículas en sedimentos o
corriente, y los cilios epiteliales las conducen a la boca. La
diferencia decisiva aparece en la arquitectura del tubo digestivo: en ofiuras
el tracto es incompleto, porque durante la evolución se perdieron intestino
y ano. Esto implica que el procesamiento debe concentrarse en lo que queda:
el sistema digestivo está confinado al disco central, donde la boca
conduce a un esófago corto y luego a un estómago grande y plegado.
El plegamiento no es un detalle menor: aumenta la superficie interna disponible
para digestión y absorción, compensando la ausencia de un tramo intestinal
posterior. Este estómago ocupa gran parte del volumen del disco y reduce el
celoma a una cámara pequeña, mostrando cómo la alimentación puede reorganizar
el espacio interno del cuerpo. En este grupo, el estómago es presumiblemente el
sitio principal tanto de digestión como de absorción, pues no
existe un intestino que continúe el proceso.
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a la [Figura:
Sistema digestivo de una ofiura]
Equinoideos
En los equinodermos regulares, la estrategia
alimentaria incluye formas herbívoras, filtradoras, detritívoras
y también depredación sobre ciertos invertebrados como gusanos. En los erizos
de mar, la ancla anatómica y funcional es la linterna de Aristóteles,
un aparato muscular y esquelético situado dentro de la boca, equipado con cinco
dientes calcáreos. No es un “simple masticador”: es una máquina protráctil
y retráctil que integra un armazón pentagonal con una musculatura compleja,
permitiendo movimientos precisos y potentes. Los dientes, formados por carbonato
de calcio, crecen de manera continua para compensar el desgaste; esta
característica convierte a la linterna en una estructura de uso permanente
en contacto con sustratos abrasivos como roca. La linterna rodea la cavidad
bucal y la faringe, y por su parte superior la faringe se abre al esófago. Con
ella, los erizos pueden despedazar alimento en fragmentos pequeños, raer
algas fuertemente adheridas (raspar rocas para desprenderlas) y, en algunas
especies, incluso excavar refugios en sustratos duros o trepar
superficies del fondo marino.
La comparación histórica de Aristóteles no aporta solo color
cultural: ayuda a fijar una imagen mental de la estructura. En Historia
Animalium, describió la boca en la parte inferior y el ano en la superior,
y señaló la presencia de cinco dientes y una masa carnosa central comparable a
una lengua, resaltando que el aparato, aunque externamente no lo parezca, forma
un sistema continuo de un lado a otro del cuerpo. Esa observación encaja con el
hecho anatómico de que el sistema digestivo, pese a la simetría radial,
mantiene un trayecto interno organizado y funcional.
Enlace
a la [Figura:
Sistema digestivo del erizo de mar]
En la mayoría de los erizos con linterna bien desarrollada,
los dientes se usan para triturar material vegetal o rasparlo del
sustrato; en especies depredadoras, el mecanismo puede adaptarse a desgarrar
tejidos animales, especialmente de gusanos. Algunos erizos carecen de linterna
y limitan su dieta a material particulado del lecho, capturado y transportado
por podios y cilios, lo que los aproxima funcionalmente a estrategias de
filtración. Los dólares de mar poseen linternas sin dientes y emplean su
masa muscular para generar corrientes de agua con partículas del sedimento; en
este caso, los podios cumplen un papel de filtro, concentrando y seleccionando
material antes de la ingestión.
El sistema digestivo de los equinoideos puede describirse
como un tubo relativamente simple desde la boca hasta el ano, con
variaciones en longitud y curvatura. La boca suele estar en el centro oral,
aunque en algunas especies puede desplazarse. El esófago asciende aboralmente a
través del centro de la linterna y se une a un intestino alargado. En
muchos erizos aparece un conducto estrecho llamado sifón, que discurre
paralelo al tracto digestivo y se abre al intestino por ambos extremos: su
función como “filtro de agua” contribuye a concentrar nutrientes y
acelerar su paso hacia superficies absorbentes. En numerosas especies emerge un
ciego cecal en la unión esófago-intestino, que incrementa superficie y
contribuye a la secreción. Las enzimas digestivas se producen en glándulas del
epitelio cecal y del intestino, sosteniendo una digestión molecular
predominantemente extracelular, es decir, realizada por enzimas
liberadas al lumen y actuando sobre el alimento dentro del tubo.
Holoturoideos
La mayoría de los pepinos de mar se alimenta
filtrando material flotante o consumiendo material particulado del lecho. El
elemento ancla es la presencia de tentáculos orales recubiertos de
mucosa, que funcionan como superficies adhesivas para atrapar partículas. Una
vez retenidas, los cilios del epitelio facilitan el transporte hacia la
boca, siguiendo el mismo principio de “captura con moco + transporte ciliar”
observado en otros equinodermos, pero aquí concentrado en tentáculos
especializados. La boca se sitúa en posición anterior y se rodea de estos
tentáculos. El esófago o faringe atraviesa un anillo de placas calcáreas
que sostiene el tracto gastrointestinal anterior y actúa como soporte
estructural. El esófago se une a un intestino largo; en el punto de unión puede
observarse un ensanchamiento que, por su función, puede considerarse un
estómago. El intestino se prolonga hacia atrás formando dos grandes bucles
(hacia adelante y nuevamente hacia atrás), lo que incrementa el trayecto
disponible para digestión y absorción antes de terminar en un recto que
desemboca en el ano. El área rectal se fija a la pared corporal mediante
músculos suspensores, estabilizando el tramo final del tubo y su relación con
estructuras vecinas.
Enlace
a la [Figura:
Sistemas digestivo y respiratorio de un pepino de mar]
En holoturias, el sistema digestivo se relaciona
estrechamente con un conjunto de órganos internos denominado árbol
respiratorio, estructura ramificada hacia el interior del cuerpo por la
cual se bombea agua fresca de manera constante. Aunque su función principal es
respiratoria, su presencia es esencial para comprender el “mapa interno” del
animal y la proximidad física entre digestión, circulación de fluidos internos
y ventilación. La digestión y la absorción ocurren fundamentalmente en el
intestino, donde el alimento particulado es procesado a lo largo de un trayecto
extendido que favorece el aprovechamiento de recursos pobres o dispersos. Como
estrategia defensiva, cuando son atacados por depredadores, muchos pepinos de
mar expulsan por el ano los tubos de Cuvier, estructuras cargadas de
moco y sustancias desagradables, y algunas especies pueden eviscerar parte
de sus órganos, una respuesta extrema que desvía la agresión y aumenta la
probabilidad de supervivencia.
Referencias
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